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As I Lay Dying: Segundas oportunidades

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Ocho años tuvieron que pasar para que As I Lay Dying retornara a nuestro país. Veteranos exponentes del metalcore más puro y brutal, los californianos vinieron en el marco de la gira que promociona su más reciente álbum, “Shaped By Fire”, el cual saldrá al mercado en los próximos días y que estuvo marcado por una pausa en la carrera de la banda que estuvo a punto de desintegrarse cuando su vocalista y frontman, Tim Lambesis, fuera sentenciado a pasar seis años en la cárcel por contratar a un sicario para que asesinara a su ex esposa. Lambesis pasó dos años tras las rejas y fue liberado en 2016 por buena conducta. Pidió perdón a sus compañeros, quienes aceptaron sus disculpas y decidieron reunirse con el vocalista y seguir el camino como banda, lanzar un nuevo disco y embarcarse en una gira mundial.

En los tiempos que corren, es sencillo imaginarse que la carrera del quinteto estaba definitivamente acabada después de la revelación de los actos criminales cometidos por Lambesis, más aún cuando eran conocidos por declararse abiertamente cristianos y propagadores de los valores de la fe en sus letras, pero el conjunto puede considerarse una de las pocas y milagrosas excepciones, donde el dejar los temas conflictivos a un lado y seguir adelante sin mirar atrás les resultó sin problemas. Anoche As I Lay Dying tocó frente a un Club Blondie repleto de fanáticos, quienes se dieron un festín de metal pesado, llevándose la ovación y cariño de todos los presentes, en una jornada donde prevaleció la música y nada más.

La fiesta comenzó a las 20:00 horas con la actuación de los chilenos de Target, banda santiaguina que a principios de este año lanzó su segundo larga duración, “Deep Water Flames”, el que ha cosechado muy buenas críticas alrededor del mundo y los ha elevado como uno de los números más relevantes de la escena nacional. En una amalgama de influencias que evocan a nombres como Death, Meshuggah y TesseracT, el cuarteto presentó canciones como “Inverted Gloaming” y “Random Waves”, dejando una muy buena impresión en el respetable, que los despidió entre aplausos. “Esto recién comienza”, dijo Andrés Piña al presentar a la banda sobre el escenario, y todo indica que el futuro es más que auspicioso para la carrera de Target.

 

Tocaba el turno del plato principal y, ante una pista repleta de fans ansiosos por comenzar el mosh, As I Lay Dying se dejó caer sobre el escenario con “Meaning In Tragedy” y “An Ocean Between Us”, sembrando el caos en la discoteca. La energía estaba a tope y la banda no hacía más que lanzar mazazo tras mazazo. Las próximas en el set fueron “Within Destruction” y “Redefinded”, esta última perteneciente al nuevo disco de la banda, la que fue coreada y mosheada como si se tratara de otro corte clásico en el catálogo de los californianos.

El retorno del quinteto se estaba desarrollando de manera óptima y cada canción cumplía su cometido: hacer que los puños y las voces se alzaran, y que al centro de la pista los puñetazos no cesaran. De hecho, un par de incidentes se provocaron debido a uno que otro desubicado que se ponía a dar puñetazos a quien se le cruzara por el frente, resultando en una pelea donde más de alguno salió con un moretón. Afortunadamente, estos pequeños focos de trifulca se extinguieron con rapidez y no fueron más que puntos negros en una noche brillante.

Sin preocuparse mucho en mostrar diferentes matices, la banda se enfocó en presentar canciones con coros pegajosos y secciones instrumentales vertiginosas, donde los rugidos de Lambesis dirigían el caos. Pasaron “Shaped By Fire”, “Parallels” y “A Greater Foundation”, siendo esta última el único momento en el concierto donde el vocalista trajo a colación sus problemas con la ley, sin mencionarlos directamente, pero agradeciendo la segunda posibilidad y asegurando que se encontraba en un período de reconstrucción, As I Lay Dying cumplía con creces frente a sus fans.

94 Hours” nos llevó al encore que cerró la noche con “Nothing Left” y “Confined”, dando por finalizada la maratón de saltos y empujones, aunque la fanaticada quería más y no dejó de clamar por el sencillo “Forever”, hasta que el último miembro del grupo abandonó el escenario. Lamentablemente la música terminó ahí, y luego de una hora y cuarto clavada en el reloj, As I Lay Dying decía adiós a nuestro país por tercera vez y, por lo visto esta noche de jueves, lo más probable es que regresen pronto a esta parte del mundo. Ojalá que sepan aprovechar esta segunda oportunidad y las próximas grandes noticias del grupo sean debido a su música y no a asuntos externos, que lo único que hacen es ensuciar su trabajo.

Setlist

  1. Meaning In Tragedy
  2. An Ocean Between Us
  3. Within Destruction
  4. Redefined
  5. Through Struggle
  6. The Sound Of Truth
  7. Forsaken
  8. Shaped By Fire
  9. Condemned
  10. The Darkest Nights
  11. A Greater Foundation
  12. Parallels
  13. My Own Grave
  14. 94 Hours
  15. Nothing Left
  16. Confined

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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