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Armored Saint Armored Saint

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Armored Saint: Símbolo de fraternidad

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Hay veces en que las bandas necesitan detenerse y reinventarse para volver en gloria y majestad, especialmente cuando su orgánica se basa en una amistad de larga data, como en el caso Armored Saint, una agrupación que ha sobrevivido estoicamente a la muerte de uno de sus integrantes, a los hiatos y a los cambios en la industria. De hecho, se conocen tan bien, que lo proyectan en su música y en su directo, fiato entrañable que los asistentes al Club Subterráneo agradecieron entregándose en cuerpo y alma a una experiencia que anhelaban vivir hace mucho tiempo, y que por fin se desarrolló ante sus ojos con una intensidad desbordante, que nunca bajó los decibeles. Se sabía de antemano que la última jornada de su paso por Sudamérica iba a ser de alto impacto.

Los encargados de abrir los fuegos fueron los locales Robot The Mimbre, quienes hicieron gala de sus estruendosos riffs llenos de crudeza y marcados por un potente contenido social en canciones como “Cierra Tus Ojos” o “Sobreviviente”, que apelaban a la robotización del hombre esclavizado a la monotonía de la vida diaria. Dicho mensaje se confabuló de excelente manera con las guitarras cortopunzantes de “Estado de Necesidad”, “Soy Una Máquina”, “Vas A Ceder” o “Un Mal Negocio”, que a su vez encontraban una narrativa en lo visual, gracias a que cada uno de sus integrantes vestía una polera negra con un código de barras para representar al hombre-masa. La propuesta conformada por Ignacio Suárez, Pablo Aranda, Néstor Osorio, Mario Maldonado y Luis Urrutia es sumamente interesante, y se desarrolló de gran manera en media hora de puro arrojo, un espacio más que merecido para una banda con buena forma y mejor fondo.

Puntual a la hora, el telón se abrió para recibir Armored Saint, quienes dejaron en claro desde el primer momento que son una máquina excelentemente aceitada, con un arranque de infarto protagonizado por “Win Hands Down”, “March Of The Saint” y “Dropping Like Flies”, haciendo estallar de euforia a los asistentes. La base rítmica a cargo del baterista Gonzo Sandoval y el bajista Joey Vera se desarrolló en total simbiosis, con el primero llevando la máquina en “Paydirt”, “Nervous Man” y “Last Train Home”, mientras el segundo se mostraba como una fuerza imparable sobre el escenario en “Chemical Euphoria”, haciéndose cargo de los coros en la monstruosa versión del himno “Symbol Of Salvation” y tejiendo increíbles líneas de bajo en “Book Of Blood”.

Por su parte, el tándem conformado por Phil Sandoval y Jeff Duncan desbordó riffs a más no poder con la fuerza arrolladora de un ejército listo para atacar en la tremenda “Mess”, la emocionante “Aftermath” –dedicada a todos los fanáticos old-school–, la intensa “Left Hook From Right Field” y la vitoreada “Reign Of Fire”, alternándose los solos y las partes rítmicas con mucha ductilidad.

El carisma inexorable de John Bush como maestro de ceremonias se sintió en todo momento, desde las bromas pidiendo cervezas chilenas en vez de las mexicanas que le habían pasado, hasta los momentos en que se echó el publico al bolsillo haciéndolo cantar, controlando el escenario o jactándose de una suprema calidad vocal en las clásicas “Spinless” –con dedicación especial a su equipo técnico–, “Can U Deliver” y “Mad House”, que los presentes sintieron con gran emoción por tratarse de verdaderos himnos del heavy metal que por fin sonaban en este lado del continente.

La cultura del metal tiene que ver intrínsecamente con el concepto de la amistad, con los amigos que se encuentran en los conciertos, los que se abrazan y levantan su puño al son de su canción favorita, con una sonrisa amplia que sólo los riffs afilados pueden provocar. Eso se intensifica cuando el mismo artista logra una conexión estremecedora con su público y ese vínculo quedó más que sellado en la primera visita de los californianos a nuestro país. No por nada Joey Vera capturó la ovación del público con su cámara en un par de oportunidades para retratar la pasión que este conteniente siente por el metal. En una hora y media de show, Armored Saint viajó por lo más granado de su discografía para ofrecerle al público chileno lo más icónico de su catálogo en un encuentro fraterno, demostrando la vigencia de una banda cuya unión y entrega son sus símbolos de salvación.

Setlist

  1. Win Hands Down
  2. March Of The Saint
  3. Dropping Like Flies
  4. Paydirt
  5. Nervous Man
  6. Last Train Home
  7. Chemical Euphoria
  8. Symbol Of Salvation
  9. Book Of Blood
  10. Mess
  11. Aftermath
  12. Left Hook From Right Field
  13. Reign Of Fire
  14. Spineless
  15. Can U Deliver
  16. Mad House

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Dee Snider: La vida real puede ser una fiesta

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Dee Snider

Pasarlo bien está penado en un mundo donde el capitalismo transforma cada interacción en una competencia, donde sólo se puede perder o ganar, porque, o se logra aprovechar las condiciones presentadas, o se aprovechan de ti a través de las mismas. El ocio es malo, el negocio es bueno. Por eso siempre faltarán páginas para recoger críticas malas hacia la música y sus posibilidades de liberar mentes. Aunque es ridícula la discusión sobre el estado actual del rock, es este interés el que permite poner más atención sobre aquellos exponentes que muestran lo más ortodoxo de qué es ser rockero o qué es escuchar un show de rock. Dee Snider es de aquellos que incluso inventó ciertas movidas en un escenario, y es esa capacidad de transformar fiesta en innovación y ocio en negocio y brillantez, la que llegó al escenario de Club Blondie en la noche del domingo 24 de marzo.

Las noticias más tempraneras no eran las mejores: alrededor de las 19:00 hrs., un par de horas antes de que se debiera iniciar el show, se indicaba que Snider tuvo un retraso en su vuelo y que todo debía retrasarse por consiguiente. Tampoco eran las 3 o 4 horas de un Axl Rose en su peor momento, pero eran minutos de incertidumbre, con gente preguntando en el interior del recinto si había más novedades de último momento. Aunque sólo un par de centenares de personas se instalaba en la pista del recinto subterráneo, la suerte empezaba a voltearse con la irrupción estridente, a ratos un poco des prolija, pero muy providencial del quinteto chileno Exxocet, una de las pocas bandas en el país que intenta traer de vuelta lo glam al rock, y en el caso de la agrupación, al metal también, en partes iguales.

Exxocet tiene solidez, actitud, cuento, personajes, sonido y canciones, lo que se pudo ver en los casi 50 minutos que pudieron tomar el escenario de la Blondie. Pero la pregunta queda abierta luego de que canciones como “Alive” o “Screams From The South” dejaran en claro que no sólo se trata de pastiche y de copia, sino también de una voluntad de mezclar estilos, convergiendo en una imagen extrañamente dejada de lado. Con esta capacidad, ¿existen espacios reales donde Exxocet pueda mostrarse y generar un séquito? Viendo el panorama musical nacional, entre el indie, el pop y sonidos rock muy conservadores, es difícil, pero al menos las ganas y el talento está, aunque a veces por el entusiasmo la pulcritud se extraviara en ratos muy específicos. Una muy buena presentación que se ganó al público como preámbulo preciso para lo que vendría desde las 22:00 hrs.

Dee Snider venía desde escenarios para 4 o 5 mil personas en Brasil, así que lo ocurrido en Club Blondie sin duda que era un lujo para sus fanáticos, en un espacio más íntimo, aunque desde el comienzo daba la impresión de que el escenario le quedaba chico por los amplios movimientos y energía imparable del intérprete, que a sus 64 años sigue siendo una fuerza de la naturaleza. Ataviado de una polera sin mangas con un estampado de Britney Spears rapándose, Snider se acompañó de una competente banda que ni siquiera fue presentada, pero que cumplía con todos los clichés de una presentación metal en vivo, siendo una comparsa adecuada para un frontman tan histórico como protagónico. Aunque en la primera canción, “Lies Are A Business”, el micrófono parecía sonar muy bajo, ya desde “Tomorrow’s No Concern” la voz de Dee era todo lo que tenía que ser. La batería pecó de ser un poco tosca, pero viendo este momento creativo de Snider, con “For The Love Of Metal” (2018), eso no era algo molesto o poco correspondiente.

Pese a que ese disco era la excusa de esta nueva visita del norteamericano, lo cierto es que el delirio fue monopolizado por cada track de Twisted Sister que aparecía en escena. El primero fue “You Can’t Stop Rock ’n’ Roll”, y desde ahí en adelante que sólo iba a aumentar la participación de la gente. Con “Burn In Hell” se vio el lado más infernal de Dee, luego de su canción solista “American Made”, casi indicando de dónde viene y hacia dónde va, con claridad, prestancia y diversión, la misma que inundó “We’re Not Gonna Take It”, el clásico de clásicos de Twisted Sister que sonó brutal en el escenario de la Blondie, incluyendo las gargantas de las entre 500 y 600 personas que asistieron, todas inmersas en la experiencia, una que se extendió luego de que, al terminar la canción, Snider reconociera que en español también se canta “Huevos con Aceite” y pidiera a la gente corear así un poco, incluso sumándose. Es ese el triunfo de Dee Snider, más que el tipo de rock que haga dentro de su versátil figura o de la calidad de las canciones: la fiesta puede ser real y puede ser valiosa para el alma y las acciones.

Por eso entiende que sólo toque temas del último disco, para no aprovecharse del pánico. “Nunca dejaré de tocar las canciones de Twisted Sister, porque son parte de mi historia”, dijo Dee en algún momento, y eso es muy cierto. El homenaje a múltiples figuras del rock muertas en “The Price” entregó mucha emoción y vítores a nombres como Freddie Mercury o A.J. Pero, el clásico baterista de TS fallecido en 2015. Luego de eso, un poco de fortaleza y de hidalguía en medio de una letra de autoafirmación como es la de “Become The Storm” para luego acelerar en el cierre del show.

Under The Blade” y una versión extendida de “I Wanna Rock” eran perfectas para toda la gente metida a fondo en sus propias historias y sus propias fiestas. Aunque a veces la Blondie tenga decoración un tanto festiva para ciertas bandas de metal, en un show como el de Dee Snider resultaba un espacio adecuado para sentir que se estaba en medio de una fiesta, de esas que duran poco pero que se sienten harto. Para el final, Dee dejó la canción que lo motiva en este momento creativo, y también que explica ciertas decisiones sonoras y la actitud. “For The Love Of Metal” no sólo es una frase, sino que una declaración de principios que, por muy superficial que se pueda ver, tiene ramificaciones para las y los sujetos involucrados.

Para la anécdota quedará que en el setlist estaba anotada “Highway To Hell” de AC/DC y que no fue tocada. Incluso la presentación de los integrantes de la banda no se realizó, quizás porque al final, más allá de qué nombre se le ponía al jolgorio, lo importante eran las canciones, esas que por 70 minutos transformaron la incertidumbre en cimientos concretos para seguir adelante, sin preguntarse tonteras, sino más bien con el afán de disfrutar y respetar el poder de la fiesta y de pasarlo bien, algo cada vez más necesario dado el contexto actual de la música y las artes.

Setlist

  1. Lies Are A Business
  2. Tomorrow’s No Concern
  3. You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll (original de Twisted Sister)
  4. American Made
  5. Burn In Hell (original de Twisted Sister)
  6. I Am The Hurricane (And Roll Over You)
  7. We’re Not Gonna Take It (original de Twisted Sister)
  8. Ready To Fall (original de Widowmaker)
  9. The Price (original de Twisted Sister)
  10. Become The Storm
  11. Under The Blade (original de Twisted Sister)
  12. I Wanna Rock (original de Twisted Sister)
  13. For The Love Of Metal

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