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Father John Misty Father John Misty

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Aniversario Club Fauna 2018

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Sábado por la noche y por fin se llevaría a cabo uno de los eventos más destacados de la temporada, el Aniversario Club Fauna 2018, que tenía como objetivo celebrar nueve años de este reconocido ciclo de conciertos con un mini festival que prometía estar marcado por varios hitos. Entre los más puntuales, sería el regreso de Animal Collective, una de las agrupaciones más vitoreadas del circuito indie, quienes llegarían en un formato light con sólo dos de sus integrantes para interpretar de manera íntegra las canciones de “Sung Tongs”, el quinto álbum de los norteamericanos, que cumplirá 15 años prontamente. El otro momento destacado sería el esperadísimo debut de Father John Misty en nuestro país, descrito por la crítica como uno de los músicos más importantes de esta generación, quien, con la promoción de “God’s Favorite Costumer” (2018), traía a Chile uno de los mejores shows en vivo que se pueden presenciar en el mundo actualmente. Asimismo, la presencia de Niños Del Cerro, los argentinos Perras On The Beach, además de Cut Copy como cierre de la jornada, prometía una velada que llevaría a los asistentes por diversos estilos y sonidos. Y vaya que cumplió, porque el cartel completo del evento no hizo más que estar a la altura de las circunstancias, entregándonos una gran variedad de momentos para la posteridad, anotándose también con dos de los mejores shows del año para nuestro país.

La jornada partió con estricta puntualidad con el quinteto nacional Niños del Cerro, quienes un día antes habían lanzado su excelente segundo disco, “Lance”, de donde se extrajo la totalidad del set de casi 40 minutos de duración, con el que poco a poco la agrupación ganó confianza, en especial en la segunda mitad del espectáculo con la aparición de voces invitadas, como Chini Ayarza (de Chini & The Technicians) en “El Sueño Pesa”, o Martina Lluvias en “Las Distancias”. La banda iba poco a poco, como también es el trayecto del disco nuevo, en el mismo orden de ese tracklist, explotando en belleza en la figura de guitarra de “Flores, Labios, Dedos”, o en energía en los saltos que provoca la cadencia del estribillo de “Contigo”.

La timidez que se advertía en Simón Campusano y el resto de la banda se disipó con los primeros golpeteos estridentes de Pepe Mazurett en la canción final del set, esa que nombra al segundo disco, ese que siempre cuesta cuando una banda genera impacto con el primer trabajo (y en este caso “Nonato Coo” sí que lo tuvo). “Lance” es la muestra de valentía más grande de Niños del Cerro, cayendo en tropos que se escapan de lo aconsejable con el fin de experimentar, y esta experiencia se llevó al extremo en una versión de casi 15 minutos de la canción, con aires de shoegaze y de ese descontrol controlado que se ve en “Via Chicago” de Wilco, o que se vería más tarde cuando Father John Misty hizo “Holy Shit”. Cuarenta minutos que fueron creciendo, casi como podemos ver el crecimiento de una banda que escapó de una escena para formar parte de la película completa.

El turno a continuación sería de los trasandinos Perras On The Beach, quienes venían presentado su álbum “Flow De Cuyo”, lanzado este año, con un show correcto, pero que a ratos pareció no conectar mucho con el público. La agrupación entregó un repaso por los dos discos que componen su catálogo: “Chupapija” (2016) y el álbum mencionado anteriormente, intercalándose entre cada composición para forjar un repertorio ameno dentro del contexto en que se realizaba. Punto aparte el comentario de uno de los integrantes, quien dijo “agradezco a todos por estar aquí, gracias por no ir a ver a Usted Señálemelo”, en clara referencia a sus compatriotas, quienes también tocaban en otro escenario de la ciudad junto a los nacionales Ases Falsos y los argentinos Él Mató A Un Policía Motorizado. Con “Sangucci”, y una mezcla que se asemejó a un Mac DeMarco tocando rap (sí, en serio), se dio por terminada la presentación del conjunto, quienes prometieron volver prontamente con una fecha en solitario y no tan breve como su participación en Teatro Teletón.

Es un poco complejo poder describir la esencia principal de lo que es Animal Collective, mucho más aún cuando nos referimos a la exorbitante performance que realizaron de “Sung Tongs” (2004), disco pronto a cumplir 15 años. Sin duda, el hecho de presenciar a las cabezas de la agrupación, Avey Tare y Panda Bear, creando atmósferas y llenando espacios tan impecablemente, debiese ser algo digno de envidiar para cualquier artista que busque medianamente poder comunicar un mensaje o evocar sentimientos a raíz de su música, ya que ambos crearon una puesta en escena completa a través del minimalismo, apoyándose de loops y una gran variedad de capas que le aporta ese componente delicado y tan bien manufacturado a la música de los oriundos de Baltimore. La presentación se concentró en reproducir de manera íntegra el disco mencionado anteriormente, por lo que no hubo espacios para interrupciones o revisiones de otro material del conjunto, marcando puntos altos como “The Softest Voice” y “Kids On Holiday”, momentos donde se pudo apreciar verdaderamente la calidad del show, sonando a la perfección con su versión de estudio.

Y así también se fueron viviendo grandes momentos llenos de misticismo, como “Visiting Friends”, canción compuesta de sonidos que fueron emanando como mantras desde el escenario, buscando así purificar las almas de quienes presenciaban atónitamente el show, ya que el silencio fue un cómplice constante en el público que disfrutaba de la presentación. Y aquí el contexto jugó una mala pasada, ya que hubo algunas pifias y gritos de “¡aburrido!” que se escucharon en ciertos momentos, los que fueron callados rápidamente por quienes sí entendían lo que estaba pasando en el escenario. Por ese lado, quizás un show de estas características hubiese conectado mucho mejor en un contexto derechamente en solitario para Tare y Bear, pero a estas alturas poco importa empañar tan impecable y cálida presentación con las acciones de quienes no intentan comprender o analizar lo que escuchan. Composiciones como “We Tigers” y “Mouth Wooed Her” canalizaron aún mejor las intenciones de un disco que funciona en muchos niveles, pero que llena de inspiración cuando se conecta con el tremendo cariño y dedicación puestos en su ejecución. Así, sin más, el cierre llegó con “Whaddit I Done”, poniéndole un punto final a este trance místico por el cual atravesaron los asistentes.

Si el show anterior era la materialización de un esperado retorno, el headliner de facto de la jornada era uno de los debuts más esperados en nuestro país en este segundo semestre. Father John Misty vino en su mejor momento, y cuando un artista está en esa sintonía, es difícil que el espectáculo no funcione. Aunque con “Pure Comedy” (2017) cosechó elogios por la construcción sonora y temática del disco, es con “God’s Favorite Customer” (2018) que el artista alguna vez conocido como Josh Tillman logra mostrar todo el abanico de voces que es capaz de interpretar, verbo clave en el entendimiento de su propuesta, que tiene mucho de teatral.

Como el actor que agarra un guion y se apodera del personaje, Tillman va adoptando las historias que cuenta, las sensaciones y las ideas, y entre movimientos histriónicos que pueden recordarnos a un Jarvis Cocker o a un Nick Cave (quienes también cultivan la fórmula de contar historias en vez de simplemente cantar) se va configurando una jornada que, como diapositivas, van siendo presentadas poco a poco, primero con Josh más contenido en la guitarra, y también en los tonos, con las iniciales “Nancy From Now On”, “Chateau Lobby #4 (in C for Two Virgins)” y “Only Son Of the Ladiesman”, material más antiguo, y que iba siendo una introducción donde pasamos desde “Nancy” donde se explica la capacidad de adoptar personalidades, hasta un origen probable de este “hijo del mujeriego” que es un personaje dolido, pero también lleno de posibilidades de diversión, a lo que apela FJM en un show que, repleto, dejaba en claro era el más esperado de la noche.

Siete canciones dejó pasar Father John Misty para desatarse de la guitarra y poder pasear libremente por el escenario, en una versión profunda y llena de interpelaciones de “Hangout At The Gallows”, ese tema que pregunta directamente “¿Cuál es tu idea política? ¿Cuál es tu religión?”, casi como una precaución antes de conocer a alguien más allá. Claro, mucho tiene que ver el sonido que alcanzó en sus últimos discos, que en vivo se acrecienta y, aunque en la gira sudamericana no lo acompañó una orquesta completa, la banda que tiene FJM es competente y numerosa como para ser apabullante en los momentos que es requerido. Donde más se siente esto es en canciones más antiguas. “I’m Writing A Novel” o “Hollywood Forever Cemetery Sings” ya tienen elementos atractivos, pero en 2018 es en el escenario donde alcanzan la vida plena, irónicamente, en aquello más fingido como es una interpretación musicoteatral de un artista que se toma muy en serio y muy para el chiste, a la vez.

Casi como si tuviera un arco argumental parecido a una película, la parte final del show tiene mucho de clímax, antes de dejar un desenlace que es prácticamente un epílogo. “Pure Comedy” no sólo fue la canción más coreada, sino también esa que, en medio de la gira de promoción de un disco más serio, por fin alcanza su cometido completo, adoptando el personaje del “God’s Favorite Customer” que ve cómo su vida se va al carajo sin mayor drama (“Holy Shit”) y lo que le queda es el amor (“I Love You, Honeybear”) con el que debe intentarlo para ser alguien mejor (“The Ideal Husband”). Un arco que realmente cae como piezas en un rompecabezas, de a una y sin desperdicios. De hecho, las 18 canciones que cantó Mr. Tillman tenían objetivos y energías claras, y todo venía revestido de esa energía que tienen sólo esos que se sienten en su mejor momento, y lo están, como ocurre con Father John Misty, quien tuvo un debut magistral en un escenario pequeño como el del Teatro Teletón. Un privilegio considerando las multitudes que se agolpan a verlo en otras latitudes.

También una multitud es la que llegó al acto que supuestamente era parte del cartel del Aniversario Club Fauna, pero que luego sería promocionado como el post-show. Sin embargo, eso dio igual cuando Cut Copy se subió al escenario a las 01:10 horas y comenzó “Need You Now”. Aunque el último trabajo de los australianos (“Haiku From Zero” de 2017) no fue recibido con grandes aspavientos, sí se reconocía que la vibra que los llevó a la fama hace prácticamente una década con “In Ghost Colours” (2009), su segundo LP, seguía ahí, viva. Y también muy vivo se vio a un público que, tras 15 canciones, quería mucho más.

Es que el manejo de los elementos orgánicos y electrónicos es uno sólo, porque finalmente agarran los sintetizadores y las percusiones en pistas no para abaratar costos, sino para realmente conseguir que las canciones ganen, ya sean más antiguas como “Hearts On Fire”, o más nuevas como “Standing In The Middle Of The Field”. La integración entre unas y otras es clave para lograr no sólo que la gente baile, sino también que la experiencia sea un viaje completo, algo difícil y valorable considerando que era la quinta vez del cuarteto en Chile (aunque hayan pasado casi cinco años desde su última visita).

Club Fauna, en general, es una instancia más de baile que de música estática, pero su aniversario sirvió para ilustrar todo aquello que tiene una productora con carácter como es Fauna. Lo único realmente criticable del evento no tiene que ver con algo logístico o técnico, ni siquiera con algo que haya ocurrido en esta noche de sábado, sino con aquello que no está. Considerando los contextos, las discusiones culturales a nivel mundial y la propia sensibilidad que Fauna muestra teniendo prácticamente paridad de género en su próxima edición de Fauna Primavera, llama la atención la ausencia de mujeres en el escenario, incluso en el post-show, algo que también casi ocurre con el Fauna Otoño. Un punto a considerar que no empaña una jornada de muy buena música, en un espacio poco usado para conciertos como el Teatro Teletón. Entre debuts, retornos, apuestas y gente devota, la música importó más que cualquier otro detalle, y eso es mucho decir en estos tiempos de canjes, embajadores y promociones.

Por Manuel Cabrales y Manuel Toledo-Campos

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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