Andrés Calamaro: Interpretando la paciencia

lunes, 3 de julio de 2017 | 3:13 pm | No hay comentarios
Andrés Calamaro: Interpretando la paciencia

Hay una obsesión en el Calamaro de 2017, contra los teléfonos, contra ese brillo distractor en el público, contra los intermediarios en lo que es un concierto. Es vehemente, e incluso antes de su show de retorno a Chile, para la primera de tres fechas de un tour que partió en Movistar Arena, se repitió varias veces un mensaje que invitaba a “vivir la experiencia” a través de los ojos y no de pantallas. Si se suma esta obsesión con lo aterrizado y artesanal del sonido que exhibe en la gira “Licencia Para Cantar”, el Andrés Calamaro de hoy es un romántico de tiempos más simples, más cercano a un público que en algún momento pudo agotarlo.

Paciencia es un concepto que se repitió a lo largo de los más de 105 minutos que duró el espectáculo donde Calamaro presenta su música en formato acústico, con un trío formado por Germán Wiedemer (piano), Antonio “Toño” Miguel (contrabajo), y Martín Bruhn (percusiones). Paciencia porque el show partió 15 minutos tarde, porque las versiones eran delicadas, sin explosiones o momentos de clímax marcado. Paciencia porque Calamaro, tras un comienzo de neta música, habló mucho, con mucha tranquilidad y comodidad, como nunca. Sí, paciencia de todas partes, pero que redundó en un show alejado de la egolatría o de la incomprensión, o de la falta de pulcritud en ocasiones anteriores.

Calamaro partió, casi como un prólogo y un manifiesto, con “El Cantante”, ese tema de Héctor Lavoe que lo motivó a hacer un disco también llamado así y que reivindica al intérprete, además del compositor, porque, así como Bob Dylan, Calamaro ha abrazado los textos de otros para hacerlos suyos, y así surgieron discos tangueros o de boleros, tal como “Algo Contigo”, que es un tema que versionaría posteriormente en el show, al igual que “El Día que me Quieras” de Carlos Gardel. Son temas de otros, pero que en la interpretación del Salmón quedan claros como capítulos de su propia historia.

El trío que acompañó a Calamaro es casi docto, y su capacidad de generar inflexiones permite que un formato así de desnudo evite cualquier atisbo de aburrimiento o de monotonía. De esta forma, también le sacan todo el provecho a temas como “Bohemio” (mejor que en su mediocre versión de estudio), y “Ansia en Plaza Francia”, o son capaces de comenzar el segundo tercio del show (tras un discurso largo de Calamaro explicando la autoría de cada canción que sonó) con una gran versión de “Garúa”, original de Aníbal Troilo, pero masificada por Roberto Goyeneche, en especial la versión con el bandoneón de Astor Piazzola.

A Calamaro el tango se le da bien, y lo hace lucir porque lo siente, no como lamento, sino como un género de complejidades, tal como es, encerrando la contención de sentimientos y, asimismo, requiere de un halo de paciencia para evitar la energía sin significado. Por eso puede sonar así de personal su versión de “La Copa Rota”, canción conocida por José Feliciano, pero que en el formato de trío alcanza un desgarro particular, con sangre, pero sin gritos; con el dolor, pero sin la violencia.

Otro símbolo de la diferencia de este Calamaro con el de visitas anteriores, quizás ayudado por el seguimiento al pie de la letra de sus obsesiones con las pantallas, es que en vez de rehuir a los clásicos, en esta ocasión tenían su propio espacio en el show, con “Tuyo Siempre” sonando con una cadencia tropical sensual pero sobria, o “Para No Olvidar” de Los Rodríguez, llevando a la gente a vitorear como si se estuviera en el tablón del estadio, quizás el mismo referido en “Estadio Azteca”, que precedió al karaoke colectivo que fueron “Flaca” y “Crímenes Perfectos”, canciones que cerraron el set.

Con camiseta de Chile en mano, Calamaro volvía al escenario para hacer una aplaudida versión de “Mi Enfermedad” y, tras “Media Verónica”, remató corazones y gargantas con “Paloma”, esa canción que parecía que Andrés no cantaría más y que esta vez entregó entre inflexiones y sonrisas, a veces sacándose los lentes para ver más claramente los ojos de fanáticas y fanáticos agradecidos de un show impecable del Salmón, como pocas veces, quien luego usó la bandera chilena para creerse un torero ante un toro imaginario, replicando su controvertida afición a la tauromaquia, pero tras un espectáculo donde el ego de otras veces se disipó, la gente podía tener paciencia con ese último gesto de un autor que ve en la interpretación otra forma de creación, esta vez con la paciencia de quien busca lo mejor de todos los tiempos y lo hace suyo, siempre.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. El Cantante (original de Héctor Lavoe)
  2. La Libertad
  3. Bohemio
  4. Algo Contigo (original de Chico Novarro)
  5. 7 Segundos (original de Los Rodríguez)
  6. El Día Que Me Quieras (original de Carlos Gardel)
  7. Ansia En Plaza Francia
  8. ¿Quién Asó La Manteca?
  9. Garúa (original de Aníbal Troilo)
  10. Rock y Juventud
  11. La Copa Rota (original de Benito De Jesús)
  12. Himno De Mi Corazón (original de Los Abuelos de la Nada)
  13. Los Aviones
  14. Tuyo Siempre
  15. Para No Olvidar (original de Los Rodríguez)
  16. Estadio Azteca
  17. Flaca
  18. Crímenes Perfectos
  19. Mi Enfermedad (original de Los Rodríguez)
  20. Media Verónica
  21. Paloma

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