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Anathema: Intocables y universales

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En el rock existe un impulso que, en el caso de la música progresiva, se convierte en vicio y en riesgo. Existen demasiados artistas y, en la necesidad de diferenciarse, muchos toman el camino de su talento, exacerbándolo, llegando al tope, con virtuosismo más estético que significativo, para que nadie dude del mismo. Pero otros entienden que la trascendencia y la conexión con la gente no se puede basar en figuras y arpegios, sino que en canciones, y en especial en aquellas que no se toman demasiadas dificultades en llegar a destino. Es esto lo que los ingleses Anathema han podido perfeccionar de forma real y tangible. Aunque en su inicio pareciera que tomaron un estilo de mucha gente, como es el metal con raíces sinfónicas y progresivas, con el correr del tiempo los de Liverpool han podido encontrar la belleza de incluir sensibilidades pop y melodías que conviertan a su sonido en algo único y que genere impacto en un público que, en Chile, es fuerte y tremendo, habiendo agotado todas las localidades para el show de regreso de la banda a Santiago semanas antes de que este ocurriera.

Coliseo llegó para quedarse, y las casi tres mil personas que lo repletaron en sus tres niveles notaron la excelencia del sexteto, que con una cuidada estética pudo hacer rugir a un público sin temor a dejarse llevar. La banda correspondió a esa energía con un setlist que no sólo presentó “The Optimist” (2016), el disco que están girando en la actualidad, sino que una fina selección de los tracks más queridos por los fanáticos, en lo que se podría considerar un triunfo de este grupo de seguidores que se comunicaron con Anathema no sólo para darle su afecto, sino que además hacer peticiones atendidas por Vincent Cavanagh y los suyos.

El show partió poco después de las 21:00 hrs., y desde el inicio quedó en claro que esto sería una fiesta, con Lee Douglas tomándose la atención fácilmente gracias a su privilegiada voz, y ambas caras de “Untouchable” que se complementan tan bien que dan un toque épico de entrada. Además, las gargantas de todos los asistentes poco a poco iban calentándose para derivar en verdaderos karaokes en “Thin Air” o “Dreaming Light”. Pero antes de esas canciones vino un trío de “The Optimist”, dejando en claro los rumbos por los que anda la banda desde “Distant Satellites” (2014), que de plano integran la electrónica y lo ecléctico en un sonido con identidad sin concesiones. La gente reaccionaba de forma tímida en estas canciones al inicio, pero en los momentos de explosión todo parecía tan familiar como en el resto del show, porque la celebración a manos de Anathema no podría sino ser algo que se extendiera por cada compás y cada línea.

El momento de “Judgement” (1999) fue un gran continuum con “Deep”, “Pitiless” y “Forgotten Hopes” generando un gran viaje a casi veinte años atrás, y es así como se mueve esta montaña rusa de emociones que en 2017 es Anathema, sin un sonido definible, porque la capacidad de transitar por las necesidades de las composiciones y la reinvención ha sido más fuerte. Lo anterior hace mucho más interesante a una banda que además tiene la habilidad de comunicarse con su audiencia como pocos lo hacen: no dependiendo del frontman o frontwoman, sino en su totalidad, desde cada uno de sus puestos; incluso el baterista podía sonreírle a la gente con una polera de Everton de Viña del Mar. Decisiones sencillas, pero que tienen un impacto en parte del público y que también le da toques únicos al show.

Más allá de los paseos por la gran discografía de los ingleses, lo que convocó al público fue verse reflejado a lo largo de su vida. A algunos les toma “Closer”, a otros “Can’t Let Go”, a otros “A Natural Disaster”, y así es que el show puede complacer muchos gustos, y ahí también es la posibilidad futura de Anathema: llegar a un público aún más masivo, porque es posible, y porque la multiplicidad de estilos que manejan puede lograr ese nivel de exposición.

La noche del 9 de agosto en un Coliseo repleto fue mágica, y es otra muestra de la conexión de una banda con su público –en este caso con un cariño mutuo evidente– con postales para el recuerdo y con canciones para regalar, en dos horas y cuarenta minutos que superaron cualquier expectativa. Anathema y Chile tienen una relación que pinta para eterna, y en ella las canciones son intocables y universales.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Untouchable 1
  2. Untouchable 2
  3. Leaving It Behind
  4. Endless Ways
  5. The Optimistic
  6. Thin Air
  7. Dreaming Light
  8. Can’t Let Go
  9. Lightning Song
  10. Deep
  11. Pitiless
  12. Forgotten Hopes
  13. Storm Before The Calm
  14. Beginning And The End
  15. Universal
  16. Closer
  17. Springfield
  18. A Natural Disaster
  19. Distant Satellites
  20. Flying
  21. Lost Control
  22. Destiny
  23. Fragile Dreams

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Lalof

    10-Ago-2017 en 3:32 pm

    Conozco a Anathema hace poco y me cautivó bastante, aposté por este recital y no me equivoqué…..la entrega de la banda y el público fue genial, un virtuosismo increíble en vivo.

    A pesar de lo escueto del review, creo que no se puede dejar pasar el comentario “Coliseo llegó para quedarse”…..sinceramente, no es la gran maravilla, hubo problemas de amplificación, pero no creo que sea por el recinto en si, que si tiene problemas de vista para el tercer piso, de hecho, dejaron bajar gente a cancha.

    Saludos

    • Daniel Veloso

      13-Ago-2017 en 2:15 pm

      Concuerdo contigo en lo del Teatro Coliseo, ya que sentí que no tiene la mejor acústica (estuve en el tercer piso). De hecho, al leer eso de que “Coliseo llegó para quedarse” me dio a entender como que la persona que hizo el post fuese el dueño del teatro o algo así.

  2. Daniel Veloso

    13-Ago-2017 en 2:12 pm

    Por alguna razón comencé a escuchar Anathema recién este año, y al mes de haberme iniciado en sus canciones (con Weather Cycles como el disco que me cautivó) me entero de que vienen a Chile. Eso me llevó a un profundo dilema, ya que la banda me gustaba y tenía la oportunidad de verlos en vivo y a un precio totalmente accesible, pero por otra parte apenas conocía sus canciones y aún no me consideraba fanático, razón por lo cual retrasé la compra de la entrada. Mientras, seguía escuchando los demás discos, y Anathema me encantaba más y más, hasta el punto que ya estaba casi decidido a ir y aprovechar la oportunidad (ya que nadie tiene la seguridad de que puedan volver pronto). El problema fue que se agotaron las entradas. Eso me puso triste, a pesar de que había una fuerte campaña del fanpage de Anathema Chile, ya que tenía pocas esperanzas de que se pudiesen hacer modificaciones al itinerario de la banda, con el tiempo tan encima. Cuando me entero de que se cambia el recinto y que se habilitan más entradas no lo dudo y compro mi entrada.

    ¿Y me arrepiento de aquello? No pude haber tomado mejor decisión que haber comprado esa entrada. Anathema es espectacular, si ya es increíble escuchar sus discos en mi MP4, sentir su energía y su calidad musical en vivo es algo que trasciende más allá. Habían temas antiguos que prácticamente no había escuchado, pero los disfruté tanto como mis favoritos de Weather Cycles, Leaving it Behind del último disco + otros.

    Es segunda vez que asisto a un concierto en vivo en mi vida, y siento que desde ahora se volverá una tradición sagrada ir a cada concierto de Anathema en Chile o en cualquier lugar del mundo que me encuentre. No soy rockero, ni tengo afinidad a un estilo de música en particular (de hecho escucho todo tipo de música), pero creo que eso mismo es lo que ha hecho que Anathema me cautive tanto, no podría encasillarlos en un estilo de música, simplemente son Anathema y punto.

    Por supuesto, al terminar el concierto me compré una polera oficial de recuerdo, que usaré la próxima vez que vengan.

  3. Juan Pablo

    13-Ago-2017 en 10:00 pm

    Lo del tercer nivel, francamente una mierda. Solo las 3 o 4 primeras filas veian el escenario, creo q debe ser la 4 oportunidad q voy a anathema, y sinceramente la peor. Uno paga su entrada para disfrutar, pero no se veia nada. Quedo la cagada, todo el mundo se paro y se fue hacia las primeras filas y las escaleras, mientras los guardias trataban de poner orden, abrieron las puertas un minuto para q los q se daban cuenta y eran mas rapidos pudieran bajar….. todo mal, debut y despedida de este coliseo para mi. Y comprar la entrada con anticipación. Todo mal.

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The Raconteurs: Paréntesis

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Raconteurs

Tal como lo hemos venido señalando durante estas últimas y convulsionadas semanas, el tratar de asistir a un evento musical y disfrutarlo disociándose por completo de lo que ocurre en nuestro país, es una tarea prácticamente imposible. La incertidumbre se vive en cada segundo a la espera de una suspensión o cancelación de un evento a última hora y, peor aún, el temor de que un nuevo hecho lamentable siga causando sufrimiento entre nuestros compatriotas es una preocupación que se mantiene latente durante esta crisis. Hay gente que la está pasando muy, muy mal por la pésima gestión de un gobierno que se fuerza en no dar su mano a torcer, y hasta que no exista una respuesta contundente y satisfactoria para la ciudadanía por parte de las autoridades, seguiremos con la sensación de que las cosas no están para nada bien. Por lo tanto, actividades que nos producen tanto goce como lo es asistir a un concierto –incluso si se desarrollan con completa normalidad como ocurrió anoche–, seguirán viéndose truncadas por la ansiedad y la incertidumbre.

Así y todo, anoche este redactor tuvo la tarea de cubrir el debut de The Raconteurs en Coliseo Santiago. Jack White regresaba a Chile con el proyecto que inicio junto a su amigo Brendan Benson, y que este año lanzó su tercer álbum de estudio, “Help Us Stranger“, el que marcó el retorno de la banda al mapa musical luego de once años de silencio discográfico. Los norteamericanos, tal como lo confesó White durante la presentación, estuvieron a punto de no concretar la fecha en el país debido obviamente a todo lo que está pasando, pero finalmente las cosas funcionaron y anoche vivimos un recital eléctrico y vibrante, donde los asistentes pudimos tener un poderoso paréntesis en medio del caos.

Poniendo énfasis en su nueva placa, el inicio del concierto fue inmejorable con la atronadora entrada de los músicos y la posterior interpretación de “Bored And Razed”. El quinteto arrasó con el escenario, siendo la figura más prominente y enérgica la de Jack White, hombre que, entre saltos y corridas, se instaló desde el primer momento como la fuerza salvaje del espectáculo. Su voz distorsionada, el poder de los riffs y la impecable performance de sus colegas, marcaron los primeros minutos de actuación, donde siguieron canciones como “Level” y “Old Enough”, encendiendo a la audiencia que se contagió desde el primer instante de la sinergia de los estadounidenses.

De ahí en adelante la velada siguió su curso sin inconvenientes y a toda velocidad. Al término de cada corte, White se acercaba rápidamente a uno de sus compañeros o roadies para darles indicaciones de lo que venía en el set, manteniendo la mayoría de las canciones que vienen presentando en la gira –pese a que en Chile tocaron dos temas menos que en Argentina–, pero que vio modificado su orden para la ocasión.

En varias oportunidades los músicos debían correr para cambiar una guitarra o retomar posiciones, ya que White no dio mayor espacio a pausas y se enfocó netamente en brindar un espectáculo completo al respetable. Canciones como “Only Child”, “Somedays (I Don’t Feel Like Trying)” o la demoledora “Broken Boy Soldier” fueron prueba de lo anterior. The Raconteurs en vivo es una gran explosión controlada, que a veces sobrepasa los márgenes y se transforma en una experiencia impredecible y adrenalínica.

Sunday Driver” nos llevó al encore, siendo el mejor pasaje de la noche por lejos. Comenzando con el cover de Donovan, “Hey Gyp (Dig The Slowness)”, para continuar con “Consoler Of The Lonely” y “Salute Your Solution”, rematando con la impresionante y extensa “Blue Veins”, de la que se apoderó completamente Jack White con su guitarra y voz, en un verdadero hito de la noche, dejando a la fanaticada en completo éxtasis. La tarea ya estaba hecha y, para dar la estocada final, llegó el hit “Steady, As She Goes”, bajando el telón con el recinto cantando y saltando al ritmo de los norteamericanos.

Palabras de agradecimiento y cariño a los chilenos por parte de White y Benson, foto grupal y The Raconteurs salía del escenario cerrando el paréntesis. Los guardias pidieron que la gente se retirara rápidamente de las instalaciones y así lo hicieron. Durante la pausa de espera para el bis se escucharon los típicos cantos como “el que no salta es paco”, “el pueblo unido jamás será vencido”, o el más reciente “Chile despertó”, los que se replicaron con alegría y entusiasmo entre algunos asistentes cuando nos tocaba volver a la realidad.

La satisfacción de un gran concierto se queda con nosotros y también las ganas de pasar a un bar y seguir comentando lo ocurrido con los amigos, porque lamentablemente los ánimos no están para eso, y mientras el país no obtenga una solución a sus demandas, grandes momentos como el vivido esta noche de miércoles seguirán siendo pequeños, pero muy necesarios, paréntesis.

Setlist

  1. Bored And Razed
  2. Level
  3. Old Enough
  4. Now That You’re Gone
  5. Don’t Bother Me
  6. You Don’t Understand Me
  7. Top Yourself
  8. Only Child
  9. Broken Boy Soldier
  10. Somedays (I Don’t Feel Like Trying)
  11. The Switch And The Spur
  12. Pull This Blanket Off
  13. Shine The Light On Me
  14. Help Me Stranger
  15. Sunday Driver
  16. Hey Gyp (Dig The Slowness)
  17. Consoler Of The Lonely
  18. Salute Your Solution
  19. Blue Veins
  20. Steady, As She Goes

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