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Amon Amarth + Abbath: Simbiosis de energías

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No es un secreto que Chile es un país donde el metal se vive y se siente. Son muchas las bandas que vienen año a año a nuestro país, algunas incluso se repiten el plato de vez en cuando, tal como en el caso de Amon Amarth, que regresaba a Santiago para realizar su cuarta presentación en la capital. En plena gira de promoción de “Jomsviking” (2016), su última placa discográfica, los oriundos de Suecia traían todo su viking metal luego de su último show en mayo de 2014, ocasión donde se presentaron en Club Blondie. Como invitados de lujo, los noruegos de Abbath fueron los encargados de iniciar la noche con su potente black metal, que prometía arrasar con todo lo que se pusiera por delante.

Abbath: Sumidos en la oscuridad

A pesar de no ser el plato principal de la noche, el público de igual manera estaba dispuesto a pasar un buen momento con todo el avasallador black metal de Abbath, quienes hicieron su debut en tierras locales. El proyecto, gestado luego de que el músico noruego Abbath Doom Oculta abandonara la banda Immortal, se ha ganado un puesto dentro de la escena metalera mundial gracias a sus potentes presentaciones en vivo. Con apenas un disco de estudio (el homónimo “Abbath”, lanzado en 2016), el cuarteto realizó un show demoledor y sin interrupciones, aunque centrándose principalmente en la carrera del frontman con su ex banda Immortal.

La canción “To War!” fue la encargada de iniciar el set de los noruegos, seguida de “Winterbane”, ambos cortes de su LP debut, demostrando su mezcla entre la estridencia y agudeza del death metal en conjunto con el ruidoso y desgarrador caos del black. Hay que decirlo: Immortal fue en su momento una de las bandas más importantes del género, por lo que, con un historial de esa categoría, es obvio que Abbath se daría el tiempo de repasar a su ex agrupación, entregando potentes tracks como “In My Kingdom Cold” o “Tyrants”, los que fueron disfrutados por la fanaticada más acérrima de la agrupación noruega.

A pesar de que optaron por centrarse menos en su álbum debut, la potencia de “Count The Dead” se sintió en toda la cancha, y los cabeceos de la audiencia formaron una ventisca que se sintió en todo el Teatro Cariola. Finalmente, un último recuerdo a Immortal selló la noche con “One By One”, extraída del clásico “Sons Of Northern Darkness” (2002), y “All Shall Fall”, punto final para la aplastante performance de Abbath. Como si fuera una verdadera avalancha, los sonidos del black metal noruego más profundo arrasaron con todo a su paso, generando el preludio perfecto para la guerra que desataría Amon Amarth más tarde.

Amon Amarth: Invasión con sentimiento

Cuando se habla de los suecos Amon Amarth, se cae en el entendimiento de que su potencia viene de sensaciones vikingas, pero lo que transmiten es algo más primitivo y divertido que eso. La calidad del quinteto existe y fue palpable en la fría y llovida noche de miércoles ante un Cariola en llamas, sin embargo, por mucha calidad que exista, a veces las bandas del género quedan truncas en épica, narrativa y, principalmente, en carisma. Y es ahí donde Amon Amarth saca ventaja.

Habiendo venido varias veces a nuestro país, los suecos se saben queridos y el público de inmediato lo hizo notar a las 21:35 horas, al inicio del show, que explotaría con “The Pursuit Of Vikings”. Johan Hegg lució complacido durante toda la jornada, porque la gente puso sus gargantas y sentimientos en la cancha, y se nota lo especial de la conexión de la banda con sus fans cuando “First Kill”, primer track del último disco que han editado, “Jomsviking”, es tan coreado como los clásicos. No se trata de fans de etapas específicas, sino de la banda como un todo, y en tiempos de singles y de hits, ver ese nivel de compromiso es algo edificante. Un público variado –aunque dominado por los hombres adultos–, donde hasta un infante de no más de dos años levantaba sus dedos en forma de cuernos, porque nadie podía ser indiferente ante rendiciones de canciones potentes como “Deceiver Of The Gods” o la grandilocuente “Destroyer Of The Universe”.

La imaginería de los invasores vikingos es algo que le gusta a la banda, y se nota en las portadas de discos y también en las historias que cuentan, más cercanas a las carnicerías de “Game Of Thrones” que a un libro de historia. Las letras son vívidas y la música es urgente, y eso marca el trabajo de una agrupación que, con 25 años en el ruedo, es capaz de poner pausas cuando es necesario y explotar el carisma de un Johan que se ve cómodo manejando a la audiencia. Punto aparte es Jocke Wallgren, baterista de la banda, nacido en Santiago de Chile, pero afincado en Suecia, quien en un momento se quedó frente al público y expresó su orgullo de estar en ese escenario con una camiseta de la selección de fútbol, en un español atribulado pero claro, tal como el que usaba Johan.

Muchas veces se cae en el error de catalogar al death metal de ser plano o pegado en ciertas estructuras, pero lo cierto es que, al igual que cualquier otro estilo, existe ese riesgo si la gente detrás de las canciones es poco imaginativa. En cambio, como pasa con Amon Amarth, cuando existe consciencia de los múltiples intereses e historias que se pueden contar, también la música da paso para generar momentos de efervescencia, como “Death In Fire” o “War Of The Gods”, tras la cual dejaron el escenario por un par de minutos, para volver con cachos -como los que se usan para tomar chicha en cacho- y hacer un brindis, en un momento celebratorio que nuevamente refrenda la relación de Chile con Amon Amarth.

Tras “Guardians Of Asgaard” y el cierre con “Twilight Of The Thunder God” a las 23:00 horas, quedaba claro que la noche había sido generosa, en especial en materia de carisma. Tanto Abbath como Amon Amarth pueden decir que cuentan con un frontman cuyo magnetismo permite que nada se sienta repetido, y que el público también se sienta escuchado y visto, armando una simbiosis gigante. Una noche de metal de lujo en Santiago, que nuevamente deja en claro que el sentimiento que diferentes propuestas generan en la gente puede ser compartido y, por cierto, disfrutado. Una energía genuina que deja en claro que el metal en Chile se vive con pasión y entrega envidiables.

Por Manuel Cabrales Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist Abbath

  1. To War!
  2. Winterbane
  3. Warriors (original de I)
  4. Ashes Of The Damned
  5. In My Kingdom Cold (original de Immortal)
  6. Tyrants (original de Immortal)
  7. Nebular Ravens Winter (original de Immortal)
  8. Count The Dead
  9. One By One (original de Immortal)
  10. All Shall Fall (original de Immortal)

Setlist Amon Amarth

  1. The Pursuit Of Vikings
  2. As Loke Falls
  3. First Kill
  4. The Way Of Vikings
  5. At Dawn’s First Light
  6. Cry Of The Black Birds
  7. Deceiver Of The Gods
  8. Tattered Banners And Bloody Flags
  9. Destroyer Of The Universe
  10. Death In Fire
  11. Father Of The Wolf
  12. Runes To My Memory
  13. War Of The Gods
  14. Raise Your Horns
  15. Guardians Of Asgaard
  16. Twilight Of The Thunder God

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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