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Alain Johannes: La chispa de la experiencia

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Muchos hablan de él como una exportación chilena no tradicional y es difícil saber qué porcentaje de ello es cierto. Si bien, Alain Johannes es chileno, nació en estas tierras y su madre también es chilena, su crianza fue lejos, en Norteamérica, y fue allí donde desarrolló el genio que ahora lo tiene como parte de shows mundiales, como el de Chris Cornell, o en su tiempo Queens Of The Stone Age, pero a Maquinaria Johannes llegó solo, se paró en el escenario tras probar un par de guitarras y sin ayuda logró dar cuenta de su trabajo, principalmente su etapa solista, aunque hubo un recuerdo a Eleven, grupo donde compartía con su fallecida esposa Natasha Schneider.

La “Cigarbox Guitar” comienza a sonar y “Endless Eyes” irrumpe con su rasgueo inquieto y con la voz bien puesta para comenzar a juntar gente, que en un comienzo podríamos cifrar en 500 personas, pero que ya a la mitad del show fácilmente alcanzaban las 3 mil. El audio es bajo, y además hay un pequeño ruido de vibración saturada en la amplificación. Estos dos problemas se repetirían varias veces. De hecho, el sonido recién logró un buen volumen hacia el quinto tema.

La segunda canción en sonar fue “Return To You”, con la vibra playera y el gran coro lleno de añoranza y esperanza. Ya aquí notamos la tremenda calidad interpretativa de Johannes y que sólo le basta su cajetilla sonora para lograr cautivar a la audiencia, lo que es muy complicado para aquel formato de presentación.

“Speechless” destaca, además de por el misterio recurrente de esta composición, por los cambios vocales que dan cuenta del gran registro que domina Alain. Esto se repite en la canción hecha por Johannes para The Desert Sessions, “Making A Cross” donde el artista logra tonos altos casi sin la necesidad de utilizar el falsete. Notable.

Pero el tipo sabe que no es el más conocido en su tierra de origen y por eso va presentando las canciones, les da contexto y, de paso, se comunica con el público en su español casi perfecto. Para “Fall to grace” el sonido se arregló, al menos en el volumen. No obstante, siguieron los problemas con esa vibración extraña en la amplificación. Luego vendría la colaboración de Felo Foncea (conocido por su trabajo con Dracma y De Kiruza) para una gran versión de “Bleeding Whole” donde la armonía de sus voces es realmente de alto vuelo. Pese a que había sol, la iluminación trabajaba y Alain cambiaba de color de piel dependiendo de este elemento un tanto inentendible por la hora y el contexto, pero simpático al fin y al cabo.

Las chispas de luz seguirían iluminando a Johannes para la imperturbable nostalgia de “Spider”, uno de los momentos más altos en la percepción del público. La conexión con los asistentes seguiría manifestándose en la hermosa “Unfinished Plan”. Un par de personas del público pedían a rabiar una canción de Eleven y Alain los calmaba diciendo que “venía más adelante”. Aunque habría que esperar. Antes siguió presentando tracks de su disco “Spark” (Ipecac) como la galopante “Gentle Ghosts” y su intrigante frase “just in the edge of this life / Gentle ghosts”, donde la difusa línea entre abandono y permanencia se nota en la interpretación de Johannes. De hecho, su flamenca interpretación la hace un gran momento en de la presentación, al igual que “Make God Jealous” y la contemplativa mirada del público hacia una composición impecable.

Coincidentemente, la canción once del setlist es la prometida muestra de Eleven, y es nada menos que la gran “Why” que, aunque carece de la rabia interpretativa de esta fenecida agrupación, pone a Johannes en un momento interpretativo diferente. No son las bellas y bien tocadas canciones de “Spark”, sino que una versión de canciones hechas con más ira y dudas que con la esperanza oscura que Johannes ha comenzado su camino solista.

Por esto mismo, no es de extrañar que, tras el gran momento de “Why”, Alain decida cerrar su show de 47 minutos de duración con su composición para Queens of the Stone Age, “Hangin’ Tree”, que en su versión suena aún más urgente que en la marcha infernal que Josh Homme y los suyos graficaron en “Songs For The Deaf” (2002). A diferencia del show del año pasado en Rock & Guitarras, esta vez Johannes no le cambia el tono a la canción, sino que la mantiene en la de la grabación original, pese a que de todas formas logra dejar en claro que solito se la puede.

Un gran final de jornada, para un gran artista que ha sabido hacer de la experiencia su mejor aliada, porque el camino de Alain ha sido largo, lleno de participaciones, codeándose con la crema y nata del rock anglo, pero por fin nos deja en claro por sí mismo, con él en el foco de atención, la belleza de las cosas simples, pero también que una guitarra, por muy acústica que sea, siempre podrá rockear como se debe.

Por Manuel Toledo-Campos
Fotos por Sebastián Rojas

Setlist:

  1. Endless Eyes
  2. Return To You
  3. Speechless
  4. Making A Cross (cover de The Desert Sessions)
  5. Fall To Grace
  6. The Bleeding Whole
  7. Spider
  8. Unfinished Plan
  9. Gentle Ghosts
  10. Make God Jealous
  11. Why (cover de Eleven)
  12. Hangin’ Tree (cover de Queens Of The Stone Age)

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4 Comentarios

4 Comments

  1. celeste ortiz

    17-Nov-2011 en 11:04 pm

    uuuuuuuuuuuu salgo en la foto del publico
    miren mi sorisa!! ^^

  2. patoko

    18-Nov-2011 en 11:36 am

    Lo de la luz se agradece ya que sino todo hubiese salido a contraluz y no se hubiesen podido grabar o sacar muy buenas fotos. Alain es un seco, debiera venir con una banda a rockear su música. Me extraño si que tocara sólo un tema con Cornell en aquella corta presentación que hizo, cuando Chris nos tiene acostumbrados a mínimo 2:30 de show. Debe haber sentido que no estaba su publico más fiel o la onda de él no era la del festival, cosa que Alain comprobó que no era así y que si había espacio para lo acústico.

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The Rasmus: La burbuja feliz del Edén

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The Rasmus

Es inevitable que se mezclen las cosas cuando un día es tan intenso. No podemos mencionar algo respecto del muy buen show que dio The Rasmus, en su reencuentro con Chile en la noche del 15 de noviembre en un Club Chocolate repleto, sin que hagamos referencia a cómo afuera se encendían barricadas y las fuerzas policiales operaban impunemente usando sus medios para infundir temor. Es inevitable pensar en eso, porque incluso en las puertas del recinto del barrio Bellavista se sentían los efectos de los gases lacrimógenos lanzados por Carabineros. Es en días así donde se nota más la burbuja feliz en la que muchas veces se desarrolla el arte, en general, y más aún una manifestación cultural masiva como son los conciertos.

Mientras la ciudad ardía, había un trocito de Finlandia en el escenario intentando acallar este contexto lamentable y triste de represión y dolor. De hecho, las sensaciones ante un show como el de The Rasmus ni siquiera caben en la nostalgia, pese a que su mayor éxito haya sido con singles de un disco de 2003 (“Dead Letters”), sino que la más sencilla felicidad, esa de ver a fans contentos, fervientes, apasionados, con lienzos de diferentes fan clubs, como una convención en torno a las canciones. Además, el cuarteto no pareciera ver que el tiempo pase, porque su sonido y la energía parece la misma que hace 15 años.

Una jornada muy pulcra que, aún con sabor a lacrimógena en ciertas partes del Club Chocolate, inició con un par de tracks ganadores de “Dead Letters”, “First Day Of My Life” y “Guilty”, que de inmediato subieron la temperatura y los globos transparentes que llevaba el público, dándole más colores y texturas a un marco lleno de amor. Al igual que con Zoé hace un par de noches, la voz de Lauri Ylönen sonaba tan bien, que podía parecer que estuviera haciendo playback, pero no. Incluso se daba maña de hacer cantar a la gente en canciones tan coreadas como “No Fear” o “Time To Burn”.

No es que sólo Lauri estaba haciendo su labor y generando reacciones en la gente, sino que la banda completa. Por ejemplo, Aki Hakala desde la batería sacaba a cada rato gritos de “¡mijito rico!” y otros cánticos cosificadores, mientras era clínico en su forma de hacer las percusiones, sin excesos ni carencias, lo mismo que el guitarrista Pauli Rantasalmi, en tanto que el bajista Eero Heinonen era el más preocupado de que la gente aplaudiera, vibrara y también se comunicó varias veces para expresar lo similares que eran Finlandia y Chile en sus geografías y la pasión por la música que se ve de la gente. Quizás por eso es que podría criogenizarse este amor por The Rasmus y así viva para siempre, porque son momentos como los vividos en este show los que permiten pensar de que la incondicionalidad del fan es algo real.

Aunque vinieron a promocionar “Dark Matters”, ese disco que lanzaron en 2017, sólo tocaron tres temas de aquel material y el show se basó principalmente en el disco que los lanzó a la fama, del que tocaron 8 de sus 10 canciones. Lo que llama la atención es cómo todo suena casi igual a sus momentos de lanzamiento respectivos y, aun así, todo logra parecer recién salido del horno. Es un testamento a la efervescencia de un público que no hace que la jornada parezca como un recuerdo de canciones de 2003, sino como el apogeo y el mejor momento de una banda que pareciera estar recién al alza. Esto, incluso con canciones nuevas como “Holy Grail”, que al menos un tercio de las personas en el público se sabía, siendo una canción no lanzada oficialmente y habiendo salido hace recién un par de meses. Detalles como éstos son los que hacen a una banda lucir brillante.

El show es bien pensado, desde el diseño de iluminación hasta su estructura, con una parte de canciones pegadas y bien tocadas, moviendo al público y luego darles una mini sesión acústica con “Not Like The Other Girls” y “Still Standing”, para después equilibrar con “Funeral Song”, con Lauri solo con la pista con cuerdas y el bajo de Eero, dejando en claro la potencia de su voz y también la de los pulmones de los fanáticos y fanáticas, enrielando el show hacia su clímax con el mega éxito de los de Helsinki, “In The Shadows”, siendo innegablemente tremendo. Ejecución y energía perfecta, con el lugar preciso para que se luzca, todo para dejar a un público ávido de más y más de The Rasmus, algo que un par de minutos después se arreglaría.

Eero se subió solo al escenario, habló de lo linda que es la cordillera y lo mucho que le recuerda a las montañas de Finlandia y Escandinavia, para luego, con guitarra electroacústica en mano, hacer una versión de “Bésame Mucho”, sin saberse mucho la letra, pero sí la melodía. Aunque esta canción sea original de la artista Consuelito Velázquez y se popularizara en algunas partes por Pedro Infante, lo cierto es que el mundo la asocia mucho más al recientemente fallecido Lucho Gatica, el rey del bolero, y se nota como un detalle muy bello que, en Chile, eligiera una canción tan distinta al cliché para honrar al país y sus artistas.

Tras ello, una potente versión de “Wonderman” y el karaoke colectivo de “Sail Away” cerraban un show al borde de la perfección, que en poco menos de una hora y media sirvió como protección frente al dolor exterior y como burbuja de amor ante tanta injusticia. A veces, la música se necesita para tener felicidad en momentos duros, y este contraste se hizo evidente en un show que superó toda expectativa a punta de profesionalismo y conexión con una audiencia incondicional y bella.

Setlist

  1. First Day Of My Life
  2. Guilty
  3. No Fear
  4. Paradise
  5. Time To Burn
  6. Immortal
  7. Justify
  8. Nothing
  9. Holy Grail
  10. Not Like The Other Girls
  11. Still Standing
  12. Funeral Song
  13. F-F-F-Falling
  14. In My Life
  15. Livin’ In A World Without You
  16. In The Shadows
  17. Bésame Mucho (original de Consuelito Velázquez)
  18. Wonderman
  19. Sail Away

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