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Airbourne: Presente y futuro

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Sin duda que cada año que vivimos supera al anterior en materia de conciertos en nuestro país. Estamos en una época donde prácticamente todas las semanas recibimos el anuncio de una nueva visita a Chile de tal o cual banda. También están los debuts, muy prominentes este año y con nombres verdaderamente de lujo, como los australianos Airbourne. Formados en la localidad de Warrnambool en 2003, el cuarteto se ha caracterizado por un estilo potente y directo, lleno de riffs y una voz de carácter rasgado, que los ha etiquetado constantemente como los sucesores naturales de AC/DC. Lo anterior es una etiqueta arriesgada, una comparación que, a simple vista, podría sonar un tanto pretenciosa. Lo cierto es que Airbourne debía venir a demostrarle a sus fans chilenos de qué están hechos, y así la fanaticada local podría comprobar con ojos propios todos los mitos y leyendas referentes a la banda a lo largo de los años.

Como esta sería una velada para el rock, las cosas partieron desde muy temprano para darle espacio a la música nacional. Primero, la banda Priapo fue la encargada de abrir los fuegos, con su propuesta de rock & roll directo y a la vena, con mucho riff y onda, animando a las pocas personas que se encontraban en el recinto en esos momentos. Ya para el final de su presentación, que se extendió por unos 30 minutos, invitaron al escenario a una marioneta del fallecido Lemmy Kilmister, conocida principalmente por sus presentaciones en el Paseo Ahumada, en pleno centro de la capital. Junto a este simpático invitado, interpretaron la intro de “Ace Of Spades” para luego rendirle tributo a Víctor Jara con una rockera versión de “El Aparecido”, que sacó aplausos y fue muy coreada por los presentes.

Siguiendo con la animada previa, esta vez fue el turno de Catoni, quienes entregaron su música de carácter similar a la de Priapo, pero con una actitud diferente en términos sonoros. Canciones como “Lobo” fueron parte de un show en que el power trio nacional aprovechó de promocionar su segundo LP, “7: Como Hacer Rock y No Morir En El Intento”, recibidas de muy buena manera. Quienes se apostaron desde muy temprano para apoyar la música local, comenzaron a ser acompañados por quienes llegaban para el plato estelar, y el recinto comenzaba a entrar en calor con un fiel público que apenas alcanzó poco más de la mitad de la capacidad, pero que superó en ganas y entrega a cualquier recinto grande de Santiago.

Unos diez minutos después de lo pactado, finalmente Airbourne entró a escena arrasando con la tremenda energía de “Ready To Rock”, track de su tercer álbum, “Black Dog Barking” (2013), coreada por todo el público, como si se tratara de un enorme estadio. La labor del guitarrista y vocalista, Joel O’Keeffe, es destacada desde el principio, siendo un frontman ideal para toda la energía que despliegan sobre el escenario. Es notable ver cómo las líneas de bajo despachadas por Justin Street se sustentan muy bien en su compañero rítmico Ryan O’Keeffe en las baquetas y el apoyo en guitarra de Harri Harrison, miembro que se incorporó recientemente a la banda luego de la partida de David Roads. “Too Much, Too Young, Too Fast” y “Down On You” dejaron en evidencia la clave del sonido de Airbourne; esas ganas de tomar riffs y estructuras provenientes de los setentas y ochentas, reinventando el sonido de bandas como AC/DC, Led Zeppelin y KISS, entre otros, además de créditos ochenteros como Mötley Crüe o Guns N’ Roses. Bastaron sólo esas tres canciones para declarar un estamento por parte de los australianos: el recinto les quedó chico.

Parecía que tanta energía no cabía en un lugar como Blondie, ya que Airbourne hizo gala en todo momento de su fama como entertainers, como esa banda festivalera que nadie conoce, pero que deja a todos con la boca abierta gracias a su sonido y la entrega que brindan en escena. Aquí los mosh pits estuvieron a la orden del día, con cada alma presente saltando al ritmo de la música, las cervezas volaban por todo el lugar y la banda prendía fuego a los amplificadores con su incendiario sonido. Quienes se encontraban en primera fila sintieron directamente la intensidad de Joel, quien realizaba sus solos sobre el público, siendo abrazado y adorado como un verdadero dios de la guitarra, mientras desplegaba toda la potencia de “Girls In Black”, canción en la que reventó una lata de cerveza con su cabeza y la lanzó al público en medio de todo el éxtasis del momento. Poco le importó dañarse con los golpes, igual que el público, que en el calor del momento probablemente ni sintió la cerveza que llovió sobre sus cabezas.

Pese a que su set fue de solamente once canciones, la mitad de este consistió en material de su álbum debut “Runnin’ Wild” (2007), seguido por el LP que se encuentran promocionando en esta gira, “Breakin’ Outta Hell”, lanzado en 2016. Finalmente, la velocidad de “Stand Up For Rock N’ Roll” detuvo las cosas por un momento, con su ritmo muy similar a la clásica composición de Mötley Crüe, “Kickstart My Heart”, dejando el ambiente en lo más alto para luego poner el sello definitivo con “Live It Up” y “Runnin’ Wild”, canción que representó de manera perfecta la sensación que se vivió durante toda la noche. Tanta energía merecía más, pero eso poco importaba después de todo, ya que Aribourne demostró la capacidad que tiene para apropiarse de cualquier escenario donde se presente.

¿Es descabellado denominarlos como los sucesores de AC/DC? Absolutamente no. Airbourne dio cuenta de que su similitud con la banda de Angus Young y compañía va más allá de su sonido o nacionalidad. En tiempos donde todo está inventado, es difícil llamarse dueño de algo, pero el cuarteto ciertamente sabe cómo actualizar un estilo que muchos se empeñan en declarar muerto. Aparte de la inyección de energía posterior al show, la que dejó con la más grande de las sonrisas a los asistentes, quedó una sensación un tanto amarga de que la banda merecía más. Sí, es cierto, su fanaticada es leal y entregada en cada momento del show, pero igualmente quedan las ganas de haber visto a Airbourne hacer lo suyo en un contexto más masivo, entre medio de un cartel de viejos clásicos, o teloneando a una banda que no necesite poner en juego su vigencia. Es ahí donde Airbourne sobresale más aún, dejando en plena evidencia que ellos son el presente y futuro del rock, ese que aún se resiste a morir, pero que encuentra distintas formas de llegar a las nuevas generaciones. Si existe una antorcha imaginaria que represente el legado de todo un género, es hora de que sea entregada a ellos, las mejores manos posibles.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Ready To Rock
  2. Too Much, Too Young, Too Fast
  3. Down On You
  4. Rivalry
  5. Girls In Black
  6. Cheap Wine & Cheaper Women
  7. It’s All For Rock N’ Roll
  8. Breakin’ Outta Hell
  9. Stand Up For Rock N’ Roll
  10. Live It Up
  11. Runnin’ Wild

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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