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Accept + Barón Rojo: Tormenta de rock y metal

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En las dependencias del Teatro Cariola se vivió una jornada maratónica de heavy metal. Desde el viejo continente recibimos al poderoso combo formado por Accept y Barón Rojo, en un show doble que terminó pasada la medianoche del miércoles, en lo que fue una verdadera maratón de electricidad para los cientos de fanáticos que repletaron el teatro de la Calle San Diego.

Los encargados de abrir los fuegos fueron los españoles de Barón Rojo. Los madrileños están celebrando 37 años de carrera y, durante dos horas de espectáculo ininterrumpido, dieron un completo repaso a su holgada discografía. Comenzando el show con las canciones “Barón Rojo”, “Son Como Hormigas” y “Larga Vida Al Rock And Roll”, el cuarteto tuvo un inicio complicado debido al pésimo sonido que salía de los amplificadores. Este problema persistió casi durante la totalidad de la primera parte del concierto, hasta que la mezcla logró equilibrarse y pudimos disfrutar de un mejor sonido, a pesar de que nunca logró hacer justicia a la energía que derrochaban los españoles sobre el escenario, pero tampoco logró empañar el goce del respetable, quien coreó cada uno de los cortes presentados por Barón Rojo.

Los oriundos de la madre patria entregaron sus mejores performances en éxitos como “Satánico Plan”, la épica “Hijos de Caín”, y la coreada “Resistiré”, dando cuenta de que los años pasan, pero el espíritu rockero no envejece. La mezcla entre el heavy metal más clásico y el hard rock con toques de blues, fueron la constante en un recital que más bien parecía un homenaje al rock & roll, no sólo por la música, sino que también por la cantidad de tributos que se hicieron a estrellas del estilo, entre ellas, al recientemente fallecido Malcom Young, guitarrista fundador de AC/DC, quien nos dejó hace unos días.

La extensa presentación culminó con la balada “Siempre Estás Allí”, bajando las revoluciones a la fiesta y dejando el ambiente listo para recibir el azote teutón. Barón Rojo se bajó del escenario entre aplausos y vítores de sus fieles seguidores, quienes, a pesar del insoportable calor que se vivió durante la tarde en la capital y en el interior del recinto, vivió con pasión el show de la leyenda del rock español.

Accept regresó a Santiago para promocionar su más reciente álbum, “The Rise Of Chaos” (2017), el decimoquinto trabajo de estudio de los alemanes, quienes se anotaron otro recital para el recuerdo en la capital, tocando lo mejor de su etapa con Mark Tornillo como vocalista y de su época de mayor éxito junto al legendario Udo Dirkschneider.

Die By The Sword” dio rienda suelta al caos en la cancha, y fue un alivio comprobar que desde la primera nota los liderados por Wolf Hoffmann sonaron como cañón. Los clásicos no tardaron en llegar con títulos como “Restless And Wild”, “London Leatherboys” y “Living For Tonite”, poniendo a cantar a los seguidores más veteranos y también a los más jóvenes, en un evento que se mantuvo siempre en la nota alta.

Echando mano a cada una de las maromas y coreografías del estilo, los músicos en escena mantienen con vida el espectáculo que los hizo famosos hace más de tres décadas. Wolf Hoffmann es el gran maestro de ceremonias, dirigiendo el coro de voces que secunda a las épicas melodías de su guitarra, mientras que Tornillo y compañía terminan de sentar las bases de la formación de Accept más sólida en toda su historia. Es cierto lo que el calvo guitarrista nos señalaba en una entrevista hace unos años que la banda estaba pasando por su mejor momento. Independiente de que ya no llenen estadios o sean records de ventas, Accept es una verdadera fortaleza, e himnos como “Princess Of The Dawn”, “Fast As A Shark”, “Metal Heart” y, el éxito más reciente, “Teutonic Terror” consolidan a esta encarnación del conjunto como la más esplendorosa de su carrera.

Balls To The Wall” selló la maratón de guitarras y electricidad en el Teatro Cariola. Los alemanes se erigieron una vez más como una de las instituciones metaleras más queridas de nuestro país, convocando a numerosas generaciones en un show que no conoció de puntos débiles. Sumado a la actuación de Barón Rojo, la noche del martes será recordada como una tormenta de rock y metal que hizo arder el asfalto y alzó los puños en el aire, en otra gran celebración de la música.

Setlist Barón Rojo

  1. Barón Rojo
  2. Son Como Hormigas
  3. Larga Vida Al Rock And Roll
  4. Incomunicación
  5. El Enemigo A Abatir
  6. Invulnerable
  7. Noches de Rock’N’Roll
  8. Rockero Indomable
  9. Caso Perdido
  10. Breakthoven
  11. Satánico Plan
  12. El Malo
  13. Las Flores del Mal
  14. Con Botas Sucias
  15. Hijos de Caín
  16. Cuerdas de Acero
  17. Los Rockeros Van Al Infierno / Los Desertores del Rock / Casi Me Mato
  18. Concierto Para Ellos
  19. Resistiré
  20. Siempre Estás Allí

Setlist Accept

  1. Die By The Sword
  2. Stalingrad
  3. Restless And Wild
  4. London Leatherboys
  5. Living For Tonite
  6. The Rise Of Chaos
  7. Koolaid
  8. No Regrets
  9. Analog Man
  10. Final Journey
  11. Shadow Soldiers
  12. Neon Nights
  13. Princess Of The Dawn
  14. Midnight Mover
  15. Up To The Limit
  16. Objection Overruled
  17. Pandemic
  18. Fast As A Shark
  19. Metal Heart
  20. Teutonic Terror
  21. Balls To The Wall

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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