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Yeah Yeah Yeahs – Mosquito

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Aunque tenga trece años de vida, Yeah Yeah Yeahs parece estar lejos de la adolescencia. Por mucho que se quiera creer que Karen Orzolek (más conocida como Karen O) mantiene la locura y carisma de antaño, lo que es cierto es que la música que ella hace junto a Brian Chase y Nick Zinner hace rato que evolucionó. Antes un grito, un riff y un ritmo, conformaban una canción de YYYs, y eso estaba bien, pero ahora la melodía y la construcción de composiciones complejas son la mayor parte del trabajo de los de Brooklyn. ¿El problema? Cuando sacamos la espontaneidad de la ecuación, “Mosquito”, el cuarto álbum de la agrupación, se nos presenta como una colección de canciones donde la languidez y los sonidos sin explosión son regla, y donde la principal gracia de YYYs, ese sonido maduro, pero a la vez adolescente y lleno de fuerza, se reserva para algunos tracks y poco más.

YEAH YEAH YEAHS 01Entonces quedamos en la encrucijada, porque “Mosquito” no es un mal álbum, pero sí es uno que no cuaja con la historia del trío de Karen O. Porque en las canciones más calmas que ya habían aparecido con fuerza en “It’s Blitz” (2009), como “Runaway” o “Skeletons”, pero por lo menos existía un in crescendo que permitía esperar con ansias esa explosión. En cambio, en canciones como “Subway” o “These Paths” la base crece poco y nada, y las únicas inflexiones –que son leves- son dadas por el poder interpretativo de Karen O, pero ni siquiera su capacidad única de crear pliegues en la puesta en escena de sus canciones, hace que la languidez desaparezca y que convierta al álbum en una montaña rusa donde tenemos cimas gigantes como “Sacrilege” o “Mosquito”, que caen en estos valles, de los que es complicado recuperarse. Porque es innegable que “Sacrilege” debe ser de las canciones del año, con ese clásico sonido YYYs, pero sumado a la potencia de un coro góspel que lleva la fórmula a límites insospechados, creando un himno instantáneo que daba esperanzas grandes para un trabajo que se cae en medio de sus propios baches.

El estar esperando a la explosión en “Always” y que esta no llegue, o encontrarse con un inicio similar a “Zero” en “Despair”, para luego encontrarse con que la explosión es sólo un par de riffs a un poco más de volumen, es francamente decepcionante. Aunque también es culpa de nosotros, los oyentes, que esperamos aquello de un disco que está destinado más a ser una colección de melodías, que sonidos construidos con la necesidad de ir creciendo en cada escucha.

YEAH YEAH YEAHS 02De todas formas, YYYs sigue ahí. En la vibrante “Area 52” logran sonidos sucios como los de Stooges o T. Rex, en “Sacrilege” ya dijimos que logran hacer algo épico, “Mosquito”, la canción, usa percusiones tribales que se mezclan con una vuelta a lo básico que recuerda mucho al “Fever To Tell” (2003), mientras que “Slave” es una buena cuota de rock indie que recuerda más a Jack White que al propio sonido YYYs.

“Mosquito” es decepcionante pero fundamental. Si bien, la banda se olvida de todo lo que la hizo grande, y a ratos quiere recuperarlo sin mayor éxito, en otros momentos hay canciones que hacen valedero el viaje en medio de melodías desérticas y poco importantes. Sí, es un disco de Yeah Yeah Yeahs, pero probablemente el mayor valor de muchas de las canciones, llegue a su totalidad recién en vivo, donde Karen O hace la diferencia. Una lástima, pero también una gran oportunidad para esperar a ver si este Mosquito que no molesta, logra chupar algo de sangre.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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