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Visions Of A Life Visions Of A Life

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Wolf Alice – “Visions Of A Life”

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Cuando Wolf Alice lanzó su primer disco, “My Love Is Cool” en 2015, la prensa especializada los catalogó como la banda que volvía a hacer consciente a la generación actual –una que vio cómo los sesenta y setenta se tomaban el quehacer musical moderno– de lo que significaron social y sonoramente los noventa. Esta etiqueta no los abandonó y su segundo trabajo, producido por Justin Meldal-Johnsen, vuelve a presentar ese sonido tan característico. Con fuertes guiños al grunge, shoegaze, brit y noise, “Visions Of A Life” es un disco diverso, pero que sigue cierto tipo de consignas musicales que ya vimos en los noventa: el teenage angst traducido en letras que –hay que reconocer– se quedan un poco en lo adolescente, haciendo cojear la parte compositiva de este. El uso etéreo de la voz femenina, que recuerda en ciertos pasajes a Lush, My Bloody Valentine o Slowdive y, en otros, a lo poderoso de Hole, Veruca Salt o Elastica, y la imagen de frontwoman que tanto definió a esa que llaman la última era dorada del rock.

El disco abre con la pulsativa “Heavenward”, sentando las bases anímicas de la banda. Todo empieza con una psicofonía que se torna en un son bastante limpio, en el que la voz de Ellie Roswell se destaca en una invitación abierta a escuchar lo que viene. El desenfado sónico de “Yuk Foo” muestra que escribir sobre el enojo siempre será una buena carta bajo la manga, pero tratando de no caer en el temido cliché, y aquello es justamente el problema en este track.

Todos los discos buenos se precian de unidad, es decir, de un orden que le de coherencia y haga entender que nada falta o sobra, y sobre eso es cómo nos encontramos con el primer traspié de “Visions Of A Life”, y este responde al nombre de “Beautifully Unconventional”, tema que se siente fuera del disco y rompe con el concepto que se construye a lo largo de él. No obstante, todo vuelve a ser bueno con la potente línea de bajo ejecutada por Theo Ellis y la declamación vocal en “Don´t Delete The Kisses”. Los momentos de calma en este trabajo se reducen a tres espacios y son agradecidos, pues permiten escuchar a la Ellie cantante y, por supuesto, su bella voz. “Planet Hunter” es una de estas inflexiones: unos “uh, uhs” bastante delicados que al final del tema acompañan a una guitarra más agresiva y un sintetizador que se acopla bastante bien al espíritu del mismo. Igual sucede en “After The Zero Hour”, que con una marca bastante acústica hace respirar al disco.

Entre los tracks más destacados se cuentan “Sky Musings”, con una batería pulsante que se mantiene pareja casi todo el tema, acompañada de los quiebres y alzas producidos por la voz ansiosa de Rowsell. También la punky “Space & Time”, que sigue un beat bastante sexpistolero, cruzado con un curioso tratamiento vintage de la voz, resultando en un experimento agradable y que nunca pierde fuerza. Esta misma característica resulta en “St. Purple And Green”, donde coros muy góspel introducen una poderosa pista de guitarra, para luego de unos minutos volver a las aguas calmas y a un aura fantasmal.

“Visions Of A Life” cierra con el track del mismo nombre. Una conjunción de sonidos oscuros y dramáticos que logran dar final redondo a un disco que, si bien cae en ciertos errores inocentes, constituye un buen acercamiento a la banda. Es más, se podría pensar que sus influencias musicales son más grandes que ellos, pero tienen el talento suficiente para poder diferenciarse de estas, conquistando el equilibrio entre el yunque que la prensa les ha colgado al cuello y la personalidad que los mueve a arrastrarlo.


Artista: Wolf AliceVisions Of A Life

Disco: Visions Of A Life

Duración: 46:39

Año: 2017

Sello: Dirty Hits / RCA


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Jack White – “Boarding House Reach”

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Boarding House Reach

Pasaron casi cuatro años para que Jack White volviera a entregar un nuevo álbum de estudio, el que mantenía a todos expectantes luego del tibio recibimiento que obtuvo “Lazaretto” (2014). Ahora, apoyándose con un reforzamiento en su equipo de colaboradores en el estudio, White quiso traer a la vida un montón de ideas que tenía en su mente, interpretándolas de manera cruda y primitiva, sin mayores arreglos de por medio, Las expectativas eran altas para lo que el mismo White denominó como su “álbum más extraño a la fecha”, lo que se cumple absolutamente luego de conocer el resultado final de “Boarding House Reach”, un trabajo donde el oriundo de Detroit pasea al oyente por diferentes estilos musicales, sin motivo o razón aparente, generando contradicciones entre una canción y otra, y haciendo de la experiencia algo desconcertante pero atractivo, yéndose literalmente al extremo en ambos calificativos.

Y es que Jack White pareciera tener muchas ideas, aunque sin saber cómo ordenarlas, lo que nos da como resultado un álbum lleno de momentos, pero carente de relato, que es lo que finalmente debe primar en un disco de estudio. Entre toda la amalgama de sonidos presentes a lo largo del LP existe de todo, desde momentos de asombrosa genialidad como “Connected By Love” o “Why Walk A Dog?”, tracks que por momentos parecieran ser el salto a la “madurez” musical de White, con el teclado ganando una agradable prominencia, así como también las furiosas guitarras de antaño con “Over And Over And Over”, que, pese a su gran aire a Rage Against The Machine, deja en evidencia de inmediato su característico sonido de la época con The White Stripes (la canción, de hecho, fue una colaboración descartada con Jay Z).

Al lado contrario, tenemos composiciones incomprensibles como “Hypermisophoniac”, “Ice Station Zebra” o “Get In The Mind Shaft”, cargadas de muchos elementos digitales para un hombre que se destaca por ser análogo, lo que no permite que el relato cuaje de una vez por todas. En cuanto al pequeño giro en su sonido, además del destacado papel que cumple el teclado, también se vuelve muy atractiva la incorporación de congas en canciones como “Corporation” y “Respect Commander”, a cargo del percusionista Bobby Allende, famoso por trabajar con artistas como Julio Iglesias, Marc Anthony o David Byrne, dándole un toque muy en la onda de Carlos Santana, algo muy interesante para un guitarrista de la talla de White.

A fin de cuentas, estamos frente a una cápsula del tiempo que busca encerrar muchos de los estilos musicales de la era moderna, por lo que no debería resultar extraño que estos se mezclen, armen, desarmen y transiten libremente dentro de un disco que se siente como una vieja rockola en la que alguien, con muchas monedas, oprimió un montón de botones al azar sin verificar si las canciones que serían tocadas tenían algo en común. Constantemente se dice que existen muchos Jack White, algo a lo que el músico ha hecho alusión en varias ocasiones, con “Blunderbuss” (2012) representando el lado más nostálgico y “Lazaretto” abordando el interior de la mente de White. “Boarding House Reach”, en cambio, debe ser como una conversación común y corriente con el músico, donde se inicia a raíz de un tema, avanza por otro, regresa al tópico del principio, y termina en un asunto completamente diferente a lo que era originalmente, lo que no es tan malo, dependiendo el punto de vista.

Muchos detractores señalan constantemente que Jack White es mal considerado como el inventor del blues, pero esa descripción sólo se valida en el discurso de los fanáticos más entusiastas, ya que, muy por el contrario, los verdaderos méritos musicales del guitarrista difieren bastante de ser el inventor de algo, sino más bien de ser el encargado de volver a condimentar un estilo que se creía muerto, dándole una nueva vida dentro de la contemporaneidad. En momentos en que (como muchos otros) el rock se creía muerto, White le dio una nueva vida llenándolo de energía, desestructurando a los géneros más clásicos en cada uno de sus trabajos. Es por eso que este álbum se siente tan fuera de lugar, resultando como una buena idea en el papel, pero una pésima ejecución en la acción. No diremos que “Boarding House Reach” contiene malas canciones, debido a que posee unos momentos de lucidez verdaderamente impecables, pero si nos avocamos al conjunto de composiciones como un todo, el disco deja mucho que desear, no encontrando jamás el hilo conductor a través de los triviales asuntos que relata. A final de cuentas, Jack White no inventó el blues, pero sí le devolvió la relevancia, tampoco hay que permitir que un traspié como este quite todo el mérito que el músico se ha ganado durante dos décadas de carrera.


Artista: Jack White

Disco: Boarding House Reach

Duración: 44:07

Año: 2018

Sello: Third Man / Columbia / XL


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