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Ode To Joy Ode To Joy

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Wilco – “Ode To Joy”

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El camino que Wilco ha trazado en sus más de veinte años de carrera es la prueba viviente de unos sobrevivientes del rock & roll. Sin glamour, pasaron adicciones, conflictos y distintas formaciones que han aportado al complejo sonido de una de las bandas más importantes e influyentes de Estados Unidos. Todos esos ingredientes hacen que los originales Tweedy y Stirratt se sientan a sus anchas hace ya bastante tiempo. Desde “Star Wars” (2015), y pasando por el último “Schmilco” (2016), la sutil evolución de Wilco es rica en matices, entendiendo que, junto con el paso del tiempo y la edad, es también su sonido el que se nutre de la experiencia. Más calmos y cautos, llegan con “Ode To Joy”, donde los arranques de guitarras filosas son menores y el desfile de guitarras acústicas de Jeff Tweedy abundan.

No me gusta la manera en que me estás tratando”, son los primeros versos de “Bright Leaves”, una balada de amor / desamor hipnótica y melancólica. Un inicio para nada extraño en el Wilco reinventado. Así prosigue “Before Us” y su percusión casi tribal, acompañada de la mejor poesía: “Ahora, cuando algo está muerto, tratamos de matarlo otra vez”. ¿Será que el ejercicio retrospectivo de Tweedy –dos discos como solista y un libro de memorias– influyó más directamente en el trabajo colectivo de Wilco? Pareciera ser que, en ciertos momentos, pese a no ser novedad que es el cerebro lírico y ejecutivo de la banda, los pasajes de Tweedy son más notorios y explícitos, junto a su decisión de abrazar completamente lo acústico y descansar en el caos que Nels Cline, Pat Sansone y Glenn Kotche se dan el lujo de explotar en chispazos. Mientras que por un lado la voz principal susurra las letras, por el otro la banda hace lo suyo en cortes como “Everyone Hides”, single y canción con más médula Wilco.

Si en “Schmilco” hubo espacio para proponer y explorar con canciones rarísimas, en “Ode To Joy” la banda se funde en la reflexión y sencillez. “Ode To Joy” responde a un contexto social y político del que la banda nunca ha sido ajena, ya sea en sus letras o declaraciones. En esta pasada, el álbum no es confrontacional, sino que se acerca más a un bálsamo; un cálido oasis de canciones agradables y de esperanza, como “One And A Half Stars”.

De ahí en adelante la receta de Wilco transita en un montón de guitarras acústicas, pequeños arreglos electrónicos y unas particulares percusiones que sumergen a las canciones en una onda casera y ligera. El trío final de “We Were Lucky”, el sencillo “Love Is Everywhere (Beware)” y “Hold Me Anyway”, es el momento donde los melancólicos podrán escuchar los solos distorsionados de Nels Cline y los elementos característicos de los que Wilco pareciera querer prescindir por ahora, pero que siguen funcionando gracias a esa esencia que nunca se apagará. Punto aparte para el corte final, “An Empty Corner”, una balada oscura con un Tweedy agotado y agobiado.

“Ode To Joy” es una oda y una invitación a disfrutar de aquella alegría cotidiana que los tiempos difíciles aún no han sido capaces de arrebatarnos, pero también la alegría que no es sólo sinónimo de risas, sino que de soltar y abrazar las emociones, ya que siempre podría ser peor. Wilco no volverá con un nuevo “Yankee Hotel Foxtrot” (2001) ni con la sutileza y densidad de “A Ghost Is Born”, pero sí reaparecerá y se reinventará echando mano a lo mejor que el ruedo les ha entregado: experiencia y claridad.


Ode To JoyArtista: Wilco

Disco: Ode To Joy

Duración: 42:31

Año: 2019

Sello: dBpm Records


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Discos

DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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