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Weight Of Emptiness – “Anfractuous Moments For Redemption”

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Comenzar una carrera desde la trinchera independiente es un trabajo arduo. Más allá del estilo o género, el hacerse de una audiencia o el simple hecho de darse a conocer son tareas que exigen grandes esfuerzos para una banda local de estas características. Incluso es más complejo si nos referimos a la escena metalera en particular. Es preciso asumir que el grueso de su fanaticada ni siquiera tiene el interés por adentrarse en nuevos exponentes locales, prefiriendo nombres consolidados que en su mayoría son foráneos.

Así de adverso es el escenario en que se encuentra Weight Of Emptiness, quienes, a pesar de las dificultades, pueden dar grandes sorpresas si se les da el tiempo de una escucha. La banda se da a conocer con un debut sólido, una mixtura fresca y original que recoge múltiples referencias del amplio espectro sonoro del metal extremo. Sólo con dos años como proyecto, la agrupación formada en Santiago lanza su primer larga duración, “Anfractuous Moments For Redemption” a inicios del presente 2017. Cabe mencionar que anteriormente publicaron un EP simplemente titulado “Anfractuous” (2016), donde ya adelantaban parte de su material más reciente.

Weight Of Emptiness nos propone un sonido tan gélido como contundente. “Anfractuous” funciona correctamente para insertarnos de manera breve en una atmósfera fría, oscura y primitiva, dando paso a “Behind The Masks”, una canción que nos recuerda en cierto punto a uno de los grandes nombres que habitan en el campo medio del death y black metal, los polacos Behemoth. En un equilibrado contraste, la fuerza gutural de su vocalista, Alejandro Ruiz, se alimenta de los cuidados arreglos de las guitarras, dándole un sonido asimilable también a la escena de Gotemburgo. Por si esta influencia al sonido sueco no queda clara, “Unbreakable” abre con una pesada guitarra rítmica que no da espacio a dudas. Un punto alto del disco.

El álbum da un giro hacia un ritmo más lento con “The Silence”, un pasaje con toques melódicos que saca a relucir la capacidad de Ruiz para proporcionar voces limpias en un tono cercano al metal gótico. Este guiño a lo gótico –o doom, si se quiere– continúa con “Holy Death”, donde incluso es posible identificar el sonido oscuro y lúgubre del suizo Tom G. Warrior, mente pensante de los proyectos Celtic Frost y Triptykon. El retorno a la estridencia y agresividad del álbum llega con “Cancer” y la canción que da nombre a la banda, la cual resume bastante bien su propuesta, con variados cambios rítmicos y técnicas vocales. Similar a lo que sucede con “Inner Chaos”, que nos conduce hacia el cierre del disco con un juego entre una suave guitarra acústica y la fuerza que ya se ha hecho presente en el grueso de la placa. Todo termina con “Redemption”, outro que cierra con un piano acompañado del sonido de una ventisca, la fuerza gélida que nos proporciona “Anfractuous Moments For Redemption”.

El debut de Weight Of Emptiness es una sorpresa total, un trabajo muy bien hecho. Quizás oculto por el poco tiempo que llevan como conjunto, pero que a fin de cuentas vale la pena sacar a relucir. Da gusto encontrarse con bandas locales inquietas por explorar nuevos territorios del metal, buscar matices y mezclar subgéneros. Un debut definitivamente consistente, con una producción sobria y una composición llevadera. Con seguridad el primer paso de una banda que se merece ponerle atención.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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