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Warpaint – Warpaint

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La historia cita insistentemente al segundo disco como el momento crucial. Suena a maldición, suena a un reto necesario. O se demuestra que se es más que un one hit wonder o se prueba que no existe tanto talento como para crear algo que no sea un plagio de sí mismo. Aquí entra en juego la fórmula que se está usando, ese lugar donde a la primera escucha uno puede decir “esto me suena a esto y esto” y se acabó todo. Por otro lado, el factor “colaboraciones” es algo recurrentemente utilizado detrás y delante de la mesa de sonido. Aquí es donde las californianas de Warpaint tenían una parte del camino recorrido, considerando que su álbum debut, “The Fool” (2010), fue producido por Tom Biller, quien había metido mano en obras de luminarias de los 2000 como Sean Lennon o Silversun Pickups, y también colaboró con sus dotes musicales en el bello trabajo que Karen O hizo con la banda sonora de “Where The Wild Things Are” (2009). Y antes, John Frusciante (ex pareja de la vocalista Emily Kokal) había mezclado y masterizado su EP “Exquisite Corpse” (2009).

WARPAINT 01Las expectativas, que a veces matan los afectos, eran altas para lo que sería la continuación de su obra, la que tardó cuatro años en ver la luz, y donde aquí si tenemos colaboradores de peso tras las perillas: nada menos que Mark Ellis (Flood) el hombre tras trabajos de Depeche Mode, Nine Inch Nails, PJ Harvey, Sigur Rós y un largo etcétera, además de algunos arreglos llevados a cabo por Nigel Godrich, el quinto Radiohead y miembro de Atoms For Peace. Hasta ahora todo bien, pero al adentrarse en lo que respecta directamente al cuarteto y su sonido, hay una evolución clara que brilla por sí sola. Pese a que la factura técnica de “The Fool” es impecable y tiene visos del slowcore más desolador, mezclado con el dream pop noventero, en este álbum homónimo se nota claramente la mano de Ellis, aportándole densidad y oscuridad en partes justas y correlacionadas; un trabajo mas cohesionado a la hora de entremezclar las capas de guitarra de Kokal y Theresa Wayman.

A modo de ejemplo, “Intro” y “Love Is To Die” ofrecen un panorama alentador de lo que vendrá: melodías oscuras y cadenciosas, con el bajo de Jenny Lee Lindberg inundándolo todo y sirviendo de maquinaria que empuja una y otra vez las canciones de la mano de la batería de Stella Mozgawa. En “Biggy” se aventuran con sonidos electrónicos que envuelven la voz de Kokal. “Teese”, además de proporcionar un quiebre, se posiciona como muestra de la unión entre el sonido más delicado de su trabajo anterior y un cuidadoso trabajo de post-producción más ganchero, con excelentes armonías vocales.

WARPAINT 02La tensión sube nuevamente en “Disco//Very”, una canción que efectivamente podría apropiarse de una pista de baile, beats de batería continuos con el característico contrapunto dance de hi-hat y un jugueteo de bajo acorde a la ocasión. El punto bajo en este álbum es “Go In”, un downtempo sincopado que le cuesta bastante prender, aunque no mata completamente el hilo del disco que se retoma en “Feeling Right”, hipnótica en su construcción y arreglos instrumentales. La dupleta “CC” y “Drive” es sin duda la más complicada de digerir, obra y gracia de las atmósferas densas que, por ratos, se alargan más de lo debido. Magnética y seductora sección que termina de la misma forma letárgica y litúrgica en “Son”.

Si se puede hacer un parangón, “Warpaint” es como ese amante que se esfuerza en seducir, y lo intenta tanto y pone tanto ahínco y cuidado en el método, que termina por olvidarse del fin de ese esfuerzo y el seducido queda ahí esperando la acción definitiva, el golpe de gracia. Es cierto, hay una evolución y es evidente a la hora de la comparativa en términos técnicos y de ejecución, sin embargo, el producto es tan bello como impenetrable por ratos, aunque cuando logra su cometido agarra al auditor y no lo suelta hasta que la misma melodía da un respiro. Una suerte de amor-odio en el que afortunadamente gana el primero, pero que si no se abuenan terminará ganando el segundo.

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1 Comentario

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  1. Lost Dude

    30-Jul-2014 en 12:34 pm

    Es un buen disco, no obstante me deprime.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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