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Warpaint – “Heads Up”

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Desde que sus brillantes trabajos “The Fool” (2010) y el homónimo “Warpaint” (2014) dejaran la vara tan alta en cuanto a calidad musical y experimentación, Warpaint logró posicionarse entre las bandas de las que fans y no tan fans suelen preguntarse habitualmente qué vendrá después, tal como pasa a menudo con músicos del calibre de Björk o Radiohead. Son una caja de pandora. Al respecto, el álbum “Heads Up” sin duda marca un hito en la carrera de la banda, esta vez adentrándose en un sonido más electro y mucho más dance que sus predecesores, pero sin abandonar la impronta sólida que las estadounidenses han sabido construirse de buena manera en su incorporación de elementos del dream pop y del indie.

warpaint-01Las particularidades del disco comenzaron de inmediato con el lanzamiento de su single “New Song”, en agosto de este año, dotando a su nombre de una doble intención: es la “nueva canción” de las estadounidenses y no es cualquier canción, sino una que aborda un sonido electro pop de tomo y lomo, y que, a pesar de inscribirse en una melodía de tipo más “comercial”, conserva tintes que ya son característicos de la banda, como el particular y prolijo uso de armonías en las voces. Esta canción configura un punto de encuentro entre los sonidos habituales del conjunto con un pop de industria que Warpaint incorpora sin molestias y que se encarga de moldear a su antojo, característica que también aparece de notoriamente en “So Good”.

La parte más experimental del disco la ocupan canciones como “By Your Side”, con un tempo lento que se desplaza por sonidos que mantienen un aire oscuro, pero que progresivamente acelera hasta llevarnos a sonidos de tipo dance, aunque con un corte más psicodélico. “Dre” y “Don’t Wanna” aportan un aire de letargo, con tempo bajo y predominancia de lo rítmico. El sonido de los bajos es atmosférico y misterioso, baterías electrónicas, juegos de voces que juegan con sutilidad, sin prisa en terminar. Estas canciones destacan la parte vocal esencial para Warpaint y que se expresa en la primacía de la voz por sobre lo instrumental. Ritmo calmo, arreglos sutiles y elegantes, teclados casi imperceptibles que hacen las bases de capa atmosférica sobre las que se inscribe la música con intenciones rítmicas casi rituales.

warpaint-02“Whiteout” y “Heads Up” destacan como los temas más cercanos al indie rock y al dream pop, donde el álbum aborda un juego constante entre las guitarras con arreglos sutiles que abren el espacio a las melodías lúdicas de batería y una marcada presencia de sintetizadores. En esta misma línea, “The Stall”  y “Above Control” aparecen como dos de los puntos más altos del disco, con cierta cercanía al trip hop y con la aparición de guitarras contrapuntísticas que le dan un sonido que denota destreza y un dominio melódico minucioso; las baterías se muestran más hábiles y marcadas por un ritmo más rápido. La parte más acústica de Warpaint aparece en canciones como “Don’t Let Go”, donde se aproximan al neo-folk y también a un sonido indie moderado, a matices marcados de dream pop y una presencia un poco más notoria de guitarras, aspectos que encontramos también en “Today Dear”, la canción que cierra el disco, con guitarra acústica y la voz predominante que progresivamente adquiere una fuerza, llevándola a sonidos psicodélicos y a atmósferas cálidas que la llenan de una emotividad nostálgica, y donde la voz impecable de Emily Kokal nos pone en contacto con la naturaleza más profundamente emocional de la banda.

“Heads Up” es sin duda un disco multifacético. Demuestra que Warpaint puede desempeñarse de manera impecable en una amplia gama de estilos, pero manteniendo la esencia que la agrupación ha logrado construirse con el tiempo. A pesar de las modificaciones que deciden incorporar para marcar una diferencia con sus álbumes predecesores, las estadounidenses de manera exitosa adecuan estos cambios a una identidad que logra consolidar su carrera, entregando un material fresco que goza de la solidez de un aura que han logrado apropiarse y que nuevamente deja la pregunta: ¿Qué vendrá después de esto?

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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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