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Ty Segall – “First Taste”

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Ty Segall es sin lugar a duda una de las mentes más inquietas de esta década. Comenzando el segundo semestre de este año, nos vuelve a sorprender con lo que es su trabajo más experimental a la fecha, “First Taste”, larga duración que llega a sólo meses del lanzamiento del álbum en vivo “Deforming Lobes” (2019). Si bien, esto no debería sorprender a los seguidores de este emblema del garage contemporáneo, pues se ha vuelto costumbre que publique material más de una vez al año, ya sea en solitario o colaborando con sus proyectos paralelos, esta vez hay una llamativa particularidad. Retornando al sonido más sucio que lo consagró con “Emotional Mugger” (2016), el californiano emprende una travesía que no muchos logran completar sin resultar damnificados: hacer rock sin emplear guitarras.

Cualquiera oído podría poner en duda la veracidad de esta idea, puesto que, con la primera probada del nuevo LP, la ruidosa “Taste”, nos encontramos con el clásico sonido ruidoso de Segall. Acá, la estridencia es resultado de la utilización de un distorsionado buzuki, instrumento de cuerdas griego, acompañado del lúdico dinamismo digital del omnichord. En “Whatever” vuelve a recurrir a los mismos recursos, esta vez con un ritmo más calmo y con la intromisión del saxofón, acompañando estereofónicamente los coros. Las pulsaciones siguen a la baja con la pieza coral “Ice Plant”, cuyos pasajes melódicos nos recuerdan lo hecho en “Freedom’s Gobblin” (2018), su anterior larga duración. Así llegamos a “The Fall”, uno de los grandes momentos de “First Taste”, donde el californiano logra materializar en buena medida el afán experimental de esta nueva producción gracias a la inclusión del koto, cordófono tradicional japonés, además de las enérgicas percusiones de raíz africana, con alucinantes solos incluidos.

La estridencia clásica regresa con “I Worship The Dog”, la cual brinda nuevamente una alta dosis de saturado garage rock, resultado que imposible de no ser por la compenetración que logra con su banda. En una vereda estética opuesta, “The Arms” evoca una onda zeppeliana, dada la inclusión de la mandolina en el acompañamiento musical que juega un rol predominante, mientras coquetea con los multifacéticos buzukis. Por su parte, “When I Met My Parents Pt. 1” es una breve pieza instrumental que nos vuelve a llevar a paisajes exóticos con una cuota de rock crudo. “I Sing Them” continúa la épica acústica con un pegajoso coro y entretenidos juegos vocales, lo que la convierte en un potencial himno de este álbum. Posteriormente, la ruidosa introducción de “When I Met My Parents Pt. 3”, a cargo del sonido de sintetizadores, da paso a una balada que se transforma en un verdadero muro de sonido, pero conservando la dulzura.

Por otro lado, “Radio” nos mantiene dentro del sonido excéntrico y potente del álbum. Este tema destaca por el aura balcánico de su sonido, lo que se agradece, pese a que resulta un tanto desconcertante. Dicha sensación se revierte con “Self Esteem”, canción que nos conecta con un Ty más psicodélico, y donde mejor se aprovecha el saxofón, tanto en la generación de atmósferas caóticas como armónicas. Para variar, Segall cierra a lo grande, esta vez de la mano de “Lone Cowboys”. Con un sonido que nos recuerda el gran trabajo realizado en “Manipulator” (2014), es quizás el gran tema que nos deja el álbum y última gran probada de la capacidad del californiano para yuxtaponer sonoridades.

Como en toda su discografía, en “First Taste” nos encontramos con un Segall multifacético, en donde destacan tres perfiles: uno acostumbrado a la estridencia, uno que retorna al confort de la batería y otro nostálgico de la herencia folk, todos unidos por un Ty experimental y visionario, que intenta llevar al límite la máxima de hacer rock sin guitarras, al remplazar su sonido con el de instrumentos poco convencionales. Por lo mismo, incluso para seguidores del prolífico compositor y multi-instrumentista, este nuevo trabajo puede resultar difícil de digerir en primeras instancias, pero el californiano hace años demuestra ser poseedor de una genialidad compositiva envidiable, siendo esta nueva faceta un logro cumplido con creces, pues logra incorporar los elementos exóticos a la perfección. “First Taste” es una propuesta atrevida, que podría marcar un punto de inflexión en su carrera, la cual probablemente en el corto plazo nos traiga novedades.


Artista: Ty Segall

Disco: First Taste

Duración: 40:56

Año: 2019

Sello: Drag City


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1 Comentario

1 Comentario

  1. Nacho

    10-Dic-2019 en 12:34 pm

    Vengo siguiendo a Segall desde hace varios años, y al escuchar este disco caí por un instante en la pregunta “¿qué banda es ésta?”. Claro, reconozco la voz de Ty inmediatamente, pero su estilo sólo se puede religar a él cuando se abandona la insistente idea de que Segall tiene un estilo propio. El garage-rock que lleva en la sangre va más allá de los acordes: se trata de una lógica, transversal a toda su carrera, sea ésta la carrera musical o la pictórica. Con esto, garage-rock como estilo musical queda corto para definir esta lógica, pero el término se mantiene porque la música de Segall no llega a la pureza de un rock, o de un grunge o de un glam, no porque no pueda, sino porque no es necesario. Con Segall no vemos –ni veremos– esa latera tendencia al virtuosismo, y por esa razón creo que el “garage” le será siempre cómodo y suficiente para extenderse cuanto quiera en los estilos que quiera. Que quede claro, pienso que Segall es un virtuoso, sólo digo que no anda quebrándose como la mayoría…
    Eché de menos la mención de la doble batería presente en este álbum (ni en este artículo ni en el podcast mencionan esto). Se sabe que Ty es un multi-instrumentalista, y que es el baterista en la banda Fuzz (banda donde el baterista de The Freedom Band, Charles Moothart, es en Fuzz el guitarrista), y, aunque esta doble batería no es nada de otro mundo, es entretenido ver/escuchar las ganas que tiene Segall de ir más allá entre disco y disco.
    Recomiendo escuchar este álbum con un sistema estéreo decente, sobre todo la canción “The Fall” (nada de usar el altavoz del celular o un parlante bluetooth… hay que escucharlo por lo menos con un parlante a cada lado). De esa forma la doble batería se siente como corresponde.
    Aún no compro el vinilo; espero (con los dedos cruzados) que la calidad sea muy superior a la del Freedom’s Goblin (el que lamentablemente suena muy muy muy mal…..).

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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