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False Alarm False Alarm

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Two Door Cinema Club – “False Alarm”

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Con una portada azul eléctrico, que luce como si hubiese sido diseñada para adornar un disco de Pet Shop Boys, Two Door Cinema Club lanza “False Alarm” luego de tres años de recreo desde el lanzamiento de “Gameshow” en 2016. Con este LP, el trío norirlandés abre un nuevo capítulo en su búsqueda de identidad musical, inspirado en su cruzada personal de ir a la caza de un sonido que haga que la gente baile y se empape de positivismo.

Sin duda alguna, esta nueva creación responde a la inquietud de la banda por explorar el synthpop y el electropop de manera más profunda que en algunas canciones del disco anterior, como “Bad Decisions” y “Surgery”. Al abrir con “Once”, el grupo pareciera estar haciendo una declaración de principios sobre el álbum, desmarcándose del punto de partida de su carrera con “Tourist History” (2010) y la línea indie que venían siguiendo. Con sonidos computarizados como pilotos de este avión, el tema explora melodías excéntricas, comandadas por sintetizadores y casualmente intervenidas por la guitarra eléctrica de Sam Halliday. La voz de Alex Trimble merece comentario aparte: suave y armónica, da la sensación de que danza entre los alegres y relajados beats que recorren esta pista de más de tres minutos.

El sello kitsch que el trío le imprime a este LP se evidencia a medida que se avanza en él, cumpliendo con características musicales y rítmicas de los 80. “Talk”, el segundo tema y primer single de este disco, es lo suficientemente frívolo para ser ocupado en una pasarela y presentar una nueva colección en la New York Fashion Week, pero es también alegre como para bailarlo en discotecas y escapar de la monótona y gris rutina de la ciudad. Su sucesora, “Satisfaction Guaranteed”, fue creada en colaboración con la banda de afropop Mokoomba; ella provee un ritmo irresistible y cadencioso, que emana de agudos sintetizadores que emulan la sonoridad de la icónica “Popcorn” de Hot Butter.

Los riesgos tomados por los tres músicos se ven reflejados en creaciones como “So Many People”, en la que el coqueteo con una rítmica funk hace que esta espacial y popera canción salga a la luz. Seduciendo con volátiles melodías que aterrizan en los versos y vuelven a emprender vuelo en los coros, resulta imposible no entregarse al viaje galáctico propuesto. También, al encontrarse con “Think”, se revela un groovy e interesante guiño al compás característico del R&B. Más lenta que sus antecesoras, el aporte de la voz distorsionada y los sintetizadores más calmos y tibios, llaman a tomar un descanso de la alegre e hiperventilada línea melódica de esta entrega.

Si se habla de empaparse de influencias, “Nice To See You” es la respuesta. Este hijo traído al mundo de la mano del rapero Open Mike Eagle, da el puntapié inicial con un ritmo oscuro, marcado y seco, digno de “Songs Of Faith And Devotion” (1993) de Depeche Mode. Sobre la misma, rápidamente se mezcla con elementos extraídos de “Let’s Dance” del icónico Duque Blanco, como el riff de la Stratocaster del legendario Stevie Ray Vaughan o el sintetizador que periódicamente le añade textura, seguidos de una intervención del otrora miembro de Thirsty Fish. Además, se evidencia de manera indudable una entrega al estilo inconfundible de bandas como New Order. Desde el timbre de voz grave y distintivo de Bernard Sumner hasta la instrumentación y mezcla, tanto “Dirty Air” como “Satellite” aparecen como fruto de un influjo de emblemáticos éxitos como “Blue Monday”, lo que las convierte en interesantes, bailables e hipnóticas. Al finalizar con “Already Gone” –la cual es melosa, optimista y un tanto naïve–, la banda explora terrenos electropop con un dejo de psicodelia tipo Tame Impala, con un abrupto final que permite comprender el porqué del título.

En este cuarto compilado creativo y riesgoso, pero cohesivo e interesante, Two Door Cinema Club se muestra como una agrupación sólida y audaz, pues salen de su zona de confort estampada en sus dos primeros discos que fácilmente pueden conformar un LP doble. “False Alarm” es la fiel prueba de que su búsqueda por un sonido deseado y orientado hacia lo bailable va acompañado de un fiato y madurez innegables en sus ya doce años de camino colectivo, mezcla infalible para dar a luz a una creación tanto convincente como exquisita.


Artista: Two Door Cinema ClubFalse Alarm

Disco: False Alarm

Duración: 40:25

Año: 2019

Sello: Prolifica / PIAS


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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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