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Trivium – Silence In The Snow

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Corrían los comienzos de la década pasada y el aggro metal (o nü-metal) quemaba sus últimos cartuchos. La época en que MTV llevó a la cúspide a bandas de dudosa calidad como Limp Bizkit, Papa Roach o Crazy Town llegaba a su fin, en parte precipitado por jóvenes ávidos de recuperar en algo los riffs del thrash o incluso del metal más extremo de antaño, conjugándolos con producciones más limpias y métricas mayormente permeables al oído promedio. El metalcore nació y gozó de buena salud por muchos años, hasta que hoy, inexorablemente, vemos su natural ocaso, como todo lo masivo. Y quién iba a pensarlo: Trivium, banda considerada icónica del estilo por ser uno de sus principales exponentes, con su reciente álbum, “Silence In The Snow”, parece ponerle la lápida, puesto que las últimas reminiscencias del estilo han quedado atrás.

TRIVIUM 01Quizás sin saberlo, los dirigidos por Matt Heafy se han despachado el que es, sin duda alguna, el mejor álbum de su carrera y, por qué no decirlo, un serio contendor a lo mejor de este año 2015. En tal sentido, “Silence In The Snow” es una demostración de exquisita técnica y calidad compositiva que, en términos comparativos con lo que existe en los tiempos actuales, es superlativa. Lo anterior aun cuando la producción no acompaña las intenciones de la banda.

No es un misterio para nadie que Heafy siempre ha deseado que Trivium sea considerado como un grupo de heavy metal, separado de las modas y etiquetas del metalcore. No obstante, hasta esta placa tal prejuicio estaba presente. Incluso, en su álbum anterior, si bien es cierto que trataron de despercudirse de aquello, no lo lograron del todo, en parte confabulado por la plástica influencia de David Draiman en las perillas. Hoy, en cambio, con este disco han dado un movimiento gigantesco para entrar al listado de baluartes modernos del metal. Esto no es un mero cumplido: “Silence In The Snow” posee atributos y elementos que lo emparejan mucho más con artistas como Megadeth, Judas Priest o Dio que con Killswitch Engage, Unearth o All That Remains. Temas como “Blind Leading The Blind” o “The Ghost That’s Haunting You”, poseen un cariz heavy que es correctamente actualizado a los clichés modernos que dicen relación con simplificar las estructuras de las composiciones.

El trabajo en guitarra de Heafy con Corey Beaulieu es remarcable, aun cuando aquello no representa una sorpresa pues, desde “Ascendancy” (2003) que la dupla ha demostrado un feeling en las seis cuerdas. En este álbum, quizás lo más destacable es que los solos están al servicio de la canción y no son únicamente una demostración de técnica emplazada luego del segundo coro. Así, se ha privilegiado el todo por sobre el virtuosismo; muestra de ello se puede ver en las composiciones de más grueso calibre, como “Breath In The Flames” o más notoriamente en “The Thing That’s Killing Me”.

TRIVIUM 02Otro elemento a considerar en este trabajo es que existe una línea compositiva clara, una especie de guión al cual sus integrantes se ciñen estrictamente. El orden de los sonidos y melodías en casi todas las canciones se estructura para que el clímax llegue en el coro, en donde Heafy intenta demostrar –a veces con éxito, en otras ayudado por el auto tune– que los tiempos del “screaming” han quedado atrás. “Silence In The Snow” (la canción), “Pull Me From The Void” y “Rise Above The Tides” son claros ejercicios que no se alejan del patrón que les sirvió de molde. De todas formas, cuando la banda intenta alejarse de aquel, tiene resultados interesantes: a modo de ejemplo, “Until The World Goes Cold” es una de las mejores creaciones del conjunto en todos sus años, en donde un desorden más “accesible” confabula de buena manera para otorgarle una caracterización única y reconocible. Empero, “Beneath The Sun”, al comienzo suena similar (pero en un tiempo más lento) a “Cry Of Achilles” de Alter Bridge, una pequeña mácula que no empaña el trabajo de la agrupación.

En definitiva, “Silence In The Snow” representa lo mejor de Trivium en su carrera y un paso mayúsculo hacia su consagración. Este trabajo es un riesgo bien tomado, pero, por lo mismo, creará divisiones y deportaciones de sus fans más acostumbrados al estilo metalcore. El álbum ciertamente no será para ellos, y efectivamente eso es correcto: el metal no puede ser limitado a una fórmula ya desgastada, y Trivium así lo aclaró con este disco de grandes magnitudes.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. michael manquecoy

    09-Dic-2015 en 6:32 pm

    espero para el proximo disco que vuelva los guturales

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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