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Travis – Where You Stand

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Las dos anteriores producciones de los escoceses de Travis vieron la luz con un poco más de un año de diferencia, y por lo mismo resulta al menos llamativo que tuviese que pasar media década para conocer nuevo material de los oriundos de Glasgow, el que llega al mercado bajo el nombre de “Where You Stand”. Esta placa constituye el séptimo álbum de estudio del cuarteto y fue grabado en múltiples locaciones, entre las que se cuentan Londres, Noruega, Nueva York y principalmente en los estudios Hansa de Berlín, donde también engendraron el exitoso disco “The Man Who” (1999). El trabajo fue registrado con la supervisión del destacado productor Michael Ilbert, quien ostenta el haber colaborado con artistas de la talla de The Cardigans y The Hives. El álbum fue editado por el sello independiente Red Telephone Box, propiedad de la banda, quienes además presentaron un mini documental de 12 minutos de duración con los detalles del proceso de creación y grabación del disco.

TRAVIS 01El corte encargado de abrir el álbum es “Mother”, una canción que comienza con unas leves pinceladas de electrónica para posteriormente fundirse con el sonido acústico de la guitarra y la característica voz de Fran Healy, estructurando una melodía a medio tiempo que no termina por convencer. En “Moving”, el segundo single que se desprende de la placa, el sencillo riff de la batería de Neil Primrose es quien marca la velocidad del tema, destacando por su dinamismo y energía, además de la pegajosa base rítmica. Con “Reminder” ya se empieza a evidenciar una tendencia a los elementos más relajados, con una cristalina y simple ejecución de cuerdas inyectando hermosas secuencias plagadas de sensibilidad. “Where You Stand”, primer sencillo que además le da su nombre al álbum, se mantiene en la línea de las melodías más lentas, con el sonido del piano cobrando protagonismo y la bien lograda instrumentación que proponen Andy Dunlop y Dougie Payne. “Warning Sign” enciende las primeras alarmas de monotonía, no aportando con nuevos matices o texturas, y cayendo presa de una propuesta que empieza a exigir cambios de ritmo.

“Another Guy” fue el primer adelanto que se tuvo del disco, en un formato de pre-single que se dio a conocer hace cinco meses, y donde ya se proyectaba una nueva versión de Travis con melodías más contenidas, dándole énfasis al sonido de las cuerdas y la voz de Healy. Con “A Different Room” se incrementa levemente la intensidad, con un mayor protagonismo de la guitarra de Dunlop y la incorporación de elementos electrónicos. Una canción que busca escaparse del molde del álbum y que obtiene buenos dividendos del desmarque de sus predecesoras. Una dubitativa “New Shoes” se afirma a medida que transcurre, pero vuelve a pecar en su falta de vitalidad, teniendo los mejores pasajes en las precisas secuencias de la guitarra eléctrica donde, sin embargo, brillan por su ausencia los estribillos pegajosos y las melodías trascendentes. El dinámico arranque de “On My Hall” se fundamenta en una participación más intensa de Primrose, golpeando con fuerza la batería y una instrumentación que ofrece ráfagas de energía y vitalidad, estructurando uno de los mejores cortes del TRAVIS 02disco. El sonido del piano en “Boxes” es un indicador inequívoco del retorno al sendero de los sonidos sensibles que, a pesar de su belleza, pareciesen no tener lo necesario para impresionar. El cierre del recorrido corre por cuenta de “The Big Screen”, en donde la voz de Healy comparte créditos con las delicadas secuencias del piano, amalgamándose en una pieza que mantiene la tónica de todo el proyecto, melodías sensibles y delicadas, pero carentes de sorpresa y matices.

El gran problema de tomarse tanto tiempo para ofrecer nuevo material es que se generan demasiadas expectativas entre los fanáticos y, lamentablemente con este nuevo álbum, Travis se queda extremadamente corto en sus intenciones de innovar y sorprender. No sería para nada descabellado afirmar que ninguno de los once cortes que componen “Where You Stand” se acercan a los grandes éxitos de los nativos de Escocia, pudiendo situar un peldaño más arriba del resto a temas como “Moving”, “A Different Room” y “On My Wall”, pero que de todas maneras no son suficientes para salvar una espera de cinco años. No se puede negar la intacta capacidad vocal de Fran Healy, con una textura plagada de melancolía, ni tampoco la bien lograda instrumentación en base a la nitidez de las cuerdas y el sonido del piano, pero con más de dos décadas de trayectoria y seis álbumes bajo el brazo, se esperaba mucho más.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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