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Touché Amoré – Is Survived By

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Desde siempre, para los géneros más “duros” del rock, ha sido difícil codearse con el mainstream. En contadas oportunidades nos encontramos con algún álbum metal o hardcore al lado de Justin Timberlake, Daft Punk o David Bowie –sólo por nombrar algunos de los artistas con los discos más destacados de este 2013–. Sin embargo, esto genera también que los grandes trabajos, esos que universalizan las categorías, se destaquen de inmediato en el mundo de la música. Ocurrió, por TOUCHE AMORE 01ejemplo, con Converge el año pasado y con Deafheaven en el primer semestre. Y la posta continúa con lo último de Touché Amoré: “Is Survived By”.

“Just Exist” fue hace unos meses la carta de presentación de lo que se venía; ahora, además, abre el disco como una declaración de vida de los estadounidenses, de cuál es nuestro legado y qué hacemos para construirlo día a día: “…si volvieran a preguntarme cómo me gustaría ser recordado, la próxima vez estaré mejor preparado para la respuesta, pero nunca sabré mucho sobre la verdad. Así que sólo existiré. Es todo lo que puedo hacer”. La voz y los gritos de Jeremy Bolm son el descontento, pero también la esperanza. Deja todo en cada aliento (“Praise/Love”) como si no hubiera mañana; y el resto de la banda logra la mezcla ideal de desenfreno y profundidad en su sonido (“To Write Content”), suavizando las guitarras como un pequeño homenaje al punk rock de los noventa (“Anyone/Anything”).

“DNA” deja un pequeño espacio para la distorsión y para dos instrumentales que –antes y después del último ladrido del vocalista- frenan el desenlace antes que reviente, dejando el vacío. Hasta allí, nos encontramos con algunos atisbos de la mejor versión de At The Drive-In. Pero la mejor parte del tercer disco de Touché Amoré nace desde ese comienzo reprimido de “Harbor” que poco a poco va creciendo; seguido de “Kerosene”, una muestra de descontrol que no puede ser frenado, de la rabia incesante: “he sido bendecido e incendiado en una alineación por un deseo sumergido en queroseno”; y concluido por “Blue Angels” y “Social Caterpillar”, dos bombazos que sólo logran ser calmados por el transitar lejano pero demoledor de “Non Fiction”, para dar paso a “Steps”, una canción que recuerda la TOUCHE AMORE 02corriente del midwest emo de los 90’ y especialmente a Mineral, plasmando la esencia de la banda de Texas.

Y el cierre, con la canción que da nombre al disco, es arrollador. Concentra todo aquello que presenta la banda de Jeremy, Nick, Clayton, Tyler y Elliot: un track explosivo, como un volcán que empieza a hacer erupción y que ya no tiene a nadie que pueda controlarlo: “Esto es vivir por un amor. Esto es sobrevivir por un miedo; que todo lo que quede cuando se haya dicho y hecho, sean palabras que jamás volveré a oír”.

Con álbumes transversales como este, será más fácil pelearle un lugar al resto de la música popular. En momentos en que, de cuando en cuando, se habla que el rock vive de esperanzas, “Is Survived By” de Touché Amoré arrasa, y aleja el miedo de los que creen que la base de batería-bajo-guitarra pasará de moda. Con trabajo, pasión y furia, tal como hacen los californianos, el rock seguirá siendo una realidad, una lucha, y no un accesorio.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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