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Titus Andronicus – The Most Lamentable Tragedy

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Titus Andronicus es una de esas bandas que ha decidido moverse por una oferta sonora difícil de encasillar. Indie rock, punk rock, hardcore, son algunos de los calificativos que es posible encontrar a la hora de intentar colgarles etiquetas, sin embargo, lo principal es que se trata de una banda que privilegia mantener en alto la energía de sus trabajos, sin restringirse en lo estilístico. En esta dinámica, hasta el año 2012 la banda de Nueva Jersey lanzó tres discos, cuyo común denominador es el desarrollo de un concepto a lo largo de cada trabajo (la guerra civil de Estados Unidos en “The Monitor”, de 2010, por ejemplo), pero esta vez, y quizás con el ánimo de inaugurar como es debido su llegada a Merge Records, han decido subir la apuesta e ir por una ópera rock.

TITUS ANDRONICUS 02De esta forma llega “The Most Lamentable Tragedy”, título que inevitablemente recuerda la obra dramática que da origen al nombre de la banda. En lo lírico, la historia –que en esta oportunidad trabaja sobre la experiencia de vivir con  un trastorno bipolar- se desarrolla en cinco actos, con 29 canciones, donde el protagonista atraviesa un viaje que inicia con profundo desamparo y abulia (“No Future Part IV: No Future Triumphant”; “Lonely Boy”), sigue con pasajes de esperanza (“Mr. E. Mann”), romanticismo en clave Titus Andronicus (“Come On, Siobhán”; “Fatal Flaw”), rabia (“Into The Void”) y finalmente da espacio para algo parecido a la redención de nuestro “héroe” (“Stable Boy”). Todo esto, en un recorrido guiado por quien se asoma al protagonista, como un doble opuesto de sí mismo (“Lookalike”).

En lo musical, basta escuchar un par de minutos para ver cómo el trabajo sintoniza con los clásicos de este formato. “The Angry Hour” abre en calma y de forma paulatina, con sonidos sintetizados que dejan el camino abierto para la abrupta entrada de la que perfectamente podría ser la guitarra de Pete Townshend, dando inicio a la ya cuarta versión “sin futuro” de Titus Andronicus, “No Future part IV: No Future Triumphant”, corte rock que respeta la energía habitual de sus trabajos previos, con un Patrick Stickles de sentida interpretación vocal. En lo que sigue del primer acto, “Lonely Boy” cambia el ánimo inicial, con una melodía de aire glam setentero (casi bailable) que, hacia al final, agrega un saxofón al más puro estilo de la E. Street Band de aquella época.

En la medida que transcurre el álbum, se intercalan de forma muy natural momentos de mayor energía con otros más melódicos. Muy buen ejemplo de esto es lo que sucede con “Lookalike”, tema hardcore que conecta casi como si se tratase de una sola canción, con la correcta “I Lost My Mind (DJ)”, versión de “I Had Lost My Mind” de Daniel Johnston, que se encarga de bajar la velocidad de forma paulatina, para luego dar paso a “Mr. E. Mann”, uno de los momentos de luz del álbum, con arreglos de violín, armónica y piano. En la vereda opuesta, sobresale “Dimed Out”, “(S)HE SAID / (S)HE SAID”, “I’m Going Insane (Finish Him)” e “Into The Void (Filler)”. En particular, los últimos tres dan cabida al lado más rock metal de la banda, con riffs y líneas de bajo claramente más protagónicas, e TITUS ANDRONICUS 01incluso con espacio para algún sólo de guitarra. Hacia el quinto acto, “No Future Part V: In Endless Dreaming”, tema pausado en base a piano y voz, introduce al disco en la recta final con un ánimo más reflexivo, y luego cierra con “Stable Boy” (último tema propiamente tal del disco), corte particular por su estética, similar a lo más clásico del ya versionado Daniel Johnston o el más reciente “Alone: The Home Recordings Of Rivers Cuomo” (2007) de Rivers Cuomo.

La apuesta de Titus Andronicus en este álbum es alta, y la banda de Nueva Jersey se enfrenta sin temores al desafío, logrando aprobar sin mayores contratiempos. No obstante, no todo es miel sobre hojuelas para “The Most Lamentable Tragedy”, ya que, a pesar de que la obra fue concebida como una ópera en cinco actos, ninguno de los formatos físicos (vinilo triple; CD doble) respeta este principio, haciendo la experiencia algo agotadora hacia el último tercio del disco, lo que podría desanimar a parte de los auditores. Teniendo esto en cuenta, la recomendación es adentrarse en el álbum tal cual como fue pensado: en cinco tiempos. Titus Andronicus se instala con este trabajo como una banda madura, sin miedo a visitar sus influencias y definitivamente renunciando a quedarse quietos en una esquina estilística. En tiempos donde la industria musical claramente apuesta al formato “single” por sobre el álbum (y ni hablar de uno conceptual como este), “The Most Lamentable Tragedy” constituye una aventura musical escasa e imperdible, sobre todo para los que crean tener el ánimo de adentrarse en ella.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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