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Thom Yorke – “Anima”

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Si Thom Yorke ha sido capaz de entregar trabajos tan buenos con Radiohead y como solista, un nuevo álbum de estudio bajo esa última faceta evidentemente sería sinónimo de calidad, ya que, luego de publicar la excelente banda sonora para la película “Suspiria” (Luca Guadagnino, 2018), el músico demostró que es capaz de trabajar con diferentes elementos sonoros y no sólo con lo articulado propiamente en sus trabajos anteriores como “Tomorrow Modern Boxes” (2014), donde primó la elaboración electrónica bajo el sentimiento de buenas canciones, sin necesidad de entrar estrictamente en la elaboración de un concepto que requiera justificar las melodías que se van presentando en el intertanto.

Y es que para construir lo que es su tercer trabajo de estudio, Thom Yorke aborda diferentes conceptos de la sociedad que se ven materializados en el resultado final, donde la experiencia para el oyente es algo que lo mantiene comprometido, pendiente de cada movimiento e intentando que se haga parte del relato, buscando la identificación de ambas partes con la obra. “Anima” cobra un sentido introspectivo bajo la vertiginosa vida urbana que llevamos día a día, ya que ese es un escenario que se sugiere de manera casi por inercia al ir escuchando los distintos elementos y puntos que el álbum va tocando, con patrones que vuelven a estar presentes de una forma u otra a medida que la historia va abordando su relato.

Por un lado, está lo perfecto y calculado, todo lo que representan los sintetizadores, loops, y beats que van adornando cada una de las composiciones. Por el otro lado, está lo humano, donde es Thom quien resalta como el elemento principal jugándose el papel de interlocutor, abordando y explicando cada pieza que pueda parecer inconexa en un rompecabezas de carácter complejo, pero que finalmente tiene todo estructurado en una simpleza y elegancia impecable. “Last I Heard (…He Was Circling The Drain)”, por ejemplo, se asoma con un desarrollo en la marcha, dándole humanidad y espontaneidad a los calculados y perfectos loops con que los sintetizadores adornan el resto de la toma, visibilizando los movimientos que pasaron y los que están por venir, como si se tratara del perfecto guion de una película.

Es así como cada canción coquetea y se concentra en abordar estas ideas y conceptos, tal como en “Twist”, donde Thom se funde con los beats en una unión que hace una transición prácticamente invisible en el sentido de reconocer los movimientos, planteando una duda casi perdurable durante este trabajo, que se cuestiona dónde está lo real y dónde está lo elaborado, lo que no proviene desde la emoción humana. ¿Hasta qué punto pueden converger el hombre y las máquinas? Es lo que cualquiera se podría preguntar, más aún cuando los contrastes desaparecen a ratos para plantear la interrogante de cuán robotizados nos hemos vuelto como seres humanos, y si eso es algo que es para mejor o peor, según el punto de vista. “Dawn Chorus es el punto que separa estos dos sectores en constante conflicto, presentándose como una canción donde el sintetizador es el único acompañamiento en un lirica e interpretación desgarradora y muy sentida, al nivel de las mejores composiciones que Yorke ha hecho en años.

“Not The News” y sus beats en un formato mucho más electrónico acercan el sonido contemporáneo construido sobre una base mucho más metafórica, permitiéndole un valor agregado a una canción que podría ser descrita como electrónica o tecno, pero que Yorke maneja desde una mirada más conceptual que unos sencillos beats para la pista de baile, de nuevo haciendo esa división humana/robótica que tanto se sugiere en el álbum, donde los atisbos de humanidad se ven reflejados en elementos muy puntuales como, por ejemplo, “Impossible Knots” y su bajo dinámico, el que se siente como uno de los pocos elementos humanos dentro de un álbum que está completamente basado en sonidos de carácter digital. Bajo esa mirada de pesimismo y aprendizaje de cómo sobrevivir en un contexto distópico y frío, “Runawayaway” es precisamente el cierre perfecto para una historia de esta naturaleza, donde la linea“this is when you know who your real friends are” resalta apresuradamente para llevarnos a esa constante inmersión que plantea este trabajo, a ratos urgente, asfixiante y muy vertiginoso.

Independiente de que el álbum esté acompañado por un corto de 15 minutos dirigido por Paul Thomas Anderson, es importante entender ambos como obras separadas debido a que, sin interceder mucho en el desarrollo de este, la música finalmente cuenta una historia más extensa y elaborada que lo que se puede lograr en ese lapso, aunque no por eso con un resultado de menor calidad o menos comprensible. “Anima” es una obra de antología por donde se le mire, demostrando la gran calidad compositiva que alcanzó Yorke y lo bien que funciona junto con alguien como Nigel Godrich.

Sin contar el pie forzado que supuso la composición de “Suspiria” en 2018, “Anima” se establece muy bien dentro del catálogo del músico, encajando inmediatamente con sus trabajos anteriores y alejándolo un poco de cualquier idea preconcebida que pudiera caer sobre su música. La pregunta finalmente es clave, y Thom no necesita plantearla o buscarle una respuesta, sino que más bien debe ayudarnos a comprender que el estado actual de la sociedad no es algo que pueda ser revertido o mejorado, y que lo único que va quedando por hacer es evadirlo, aunque toda acción de ese tipo conlleve una cierta comprensión del panorama. De eso, el músico sabe bien y, gracias a este trabajo, nosotros también lo sabremos.


Artista: Thom YorkeAnima

Disco: Anima

Duración: 47:44

Año: 2019

Sello: XL


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Discos

Marika Hackman – “Any Human Friend”

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Any Human Friend

Es muy común escuchar que, para que el ser humano sea realmente feliz, debe estar en paz consigo mismo; conocerse, quererse, transparentar lo que se es frente al espejo. La auto aceptación implica abrazar lo propio con autenticidad y ser honesto consigo mismo y con los demás, invitando a decir lo que se piensa sin tapujos y a no dejarse llevar por códigos sociales restrictivos ni preocuparse por el qué dirán. Esto es exactamente lo que hace Marika Hackman, cantante y multiinstrumentista británica, en su tercer larga duración “Any Human Friend”, una entrega marcada tanto por el cambio de sonido, como por el toque gráfico y sincero en la lírica respecto a su intimidad y mundo interior.

El inicio está marcado por “Wanderlust”, un tema acústico que engaña a quien lo oye por vez primera, pues lleva a pensar que Hackman vuelve a sus raíces con una línea más unplugged. Es menester recordar que la hija de Sub Pop Records emprendió vuelo bajo el alero de sonidos de cuerda inundados de melancolía, tanto en su debut “We Slept At Last” (2015) como en su primer EP, “That Iron Taste” (2013), por ello, el opening de esta saturada pieza puede entenderse como un regreso a dicha corriente sonora. Pero no. Es solamente una exquisita trampa, pues el sintetizador comienza a agarrar fuerza para dar paso a “The One”, el popero, memorable y bailable segundo sencillo de este compilado. Consolidándose como un punto fuerte de este álbum, su ritmo encabezado por guitarras y su lírica relacionada al creciente e insoportable ego de una estrella de rock arruinada por sus populares pero desdichadas composiciones, hacen de este un tema digno de cantar a todo pulmón (y a coro).

A lo largo del disco, la artista juega con canciones que se contraponen, pero que se funden de forma perfecta. Una fórmula que se hace evidente en los más de 41 minutos es pasar de creaciones más pausadas, reposadas y sentimentales, a otras colmadas de energía, agilidad, vigor y honestidad. Cambios radicales, pero intrigantes y encantadores, son pilar fundamental y principal razón de que el tercer LP de Hackman sea tan cautivante. Es cosa de entregarse sin problemas a la explícita y seductora “All Night”, transitar posteriormente por una ágil y seca melodía en “Blow”, para luego ceder al frenesí y desborde del crudo primer single “I’m Not Where You Are”, y finalmente perderse en la apacible “Send My Love”.

A medida que el LP avanza, se aprecia lo favorable que fue para la británica seguir por la senda que comenzó a trazar con “Boyfriend” hace un par de años, donde se propuso no limitarse ni censurarse en la composición. En una industria dominada por el hombre, con letras de amor, lujuria o desenfreno emanadas y creadas desde un lugar y punto de vista masculino, Marika rompe barreras y abulta el archivo de líricas LGBTQ añadiendo el punto de vista de una mujer queer en el plano emocional y sexual. Sin dejar espacio para la imaginación, la cantante explicita y hace una oda al autoplacer femenino en “Hand Solo”, detallando maniobras, efectos y pensamientos que danzan en torno al mismo y, a su vez, sacándole la lengua a todos ellos que creen que es un tabú del cual no debería hablarse.

La sinceridad nunca se había escuchado tan fuerte y tan despojada de vergüenzas, y en su tercer álbum, Marika Hackman da cátedra de una reveladora metamorfosis. Empoderada de un sonido fuerte, pero frágil a la vez, la artista se desenvuelve más segura que nunca, a pesar de que lo mezcla con la épica tarea de desnudarse física y emocionalmente ante el universo. Más humana que nunca, la artista prueba que el exponer aspectos que el mundo heteronormativo y patriarcal considera a menudo como debilidades, tales como el no querer una relación normal, el autosatisfacerse sexualmente o el reconocer y hablar de la fragilidad mental, solamente la hacen más fuerte, pues tiene el arma más potente de todas: el autoconocimiento.


Artista: Marika Hackman

Disco: Any Human Friend

Duración: 41:01

Año: 2019

Sello: Sub Pop Records


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