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The Strokes – Comedown Machine

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Sonará rotundo, pero no deja de ser cierto: The Strokes ya no es una banda de rock. Y qué bueno que así sea. Tras una década de movimientos erráticos para poder salirse del paraguas acogedor, pero que no te deja ver más allá de tus narices que era “Is This It” (2001) y con sendos intentos de saciar inquietudes más egoístas que las de The Strokes en sí, “Comedown Machine” es ese disco que logra sacar a los neoyorkinos del limbo estilístico y les devuelve la frescura en esta, su quinta entrega.

Es cierto, no es un disco de rock y para muchos es derechamente pop, pero la discusión de géneros hoy por hoy importa poco y nada. Es más importante que los experimentos que decantaron en un extraño y barroco intento solista de Julian Casablancas (“Phrazes For The Young”, 2009) o un disco con altibajos escandalosos y una tensión evidente (“Angles”, 2011), esta vez consiguen once tracks de factura técnica, riesgo y variedad mucho mejor lograda.

THE STROKES 01El primer adelanto daba miedo y hacía pensar que “Comedown Machine” sería una película de terror. “One Way Trigger” no sólo es la canción más synthpop que ha firmado The Strokes, sino que también en este lado del mundo tiene otro referente sonoro inmediato: la sensación clara de que el arpegio de la estrofa está calcado a “En El Muelle De San Blas” de los mexicanos Maná. Además, Casablancas daba pie al chiste generalizado con un falsete en un tono muchísimo más alto de lo que racionalmente podría aguantar su garganta. Película de terror que, viendo el dibujo entero, resulta más un film de cine arte con tintes oscuros que una “Pesadilla”. El segundo adelanto es ese, a estas alturas, ya clásico ejemplo de que si The Strokes quisiera, podría explotar la fórmula de rock revisionista y bien armado de “Is This It” que ha puesto en cada álbum. “All The Time” es ese track que le va a gustar al antiguo fan de la banda y, por supuesto, al que recién los viene a conocer. Una canción que perfectamente podría haber salido a finales de los sesenta o en diez años más, con un coro irresistible. Aquí otro hecho: “All The Time” es una excepción en el disco y aquellos fans que se sintieron atraídos a “Comedown Machine” por ese sonido “Is This It”, van a odiar este álbum.

La primera sorpresa general del disco es su vocación por la experimentación sonora, lo que se nota especialmente en el sonido de la batería de Fabrizio Moretti y la voz de Julian Casablancas. La batería juega con sonoridades más rotundas y sucias, lejos de la ambigüedad o monotonía de los discos anteriores, recordando las mismas raíces setenteras que nos han hecho evocar grupos nuevos como las estadounidenses Haim, especialmente en el track inicial “Tap Out” y la cinemática “50/50”. La voz de Casablancas es otro tema. Se pasea del falsete al tono grave, pasando por el susurro y el grito con una agilidad y capacidad interpretativa que no se le escuchaba desde “Room On Fire” (2003), con la candidez de “Slow Animals” o la teatralidad garagesca de “80’s Comedown Machine”, o la versatilidad de “Welcome To Japan”. Un triunfo para un tipo que hace varios años que venía haciendo la pega por cumplir y poco más a nivel vocal. Hablando de “Welcome To Japan”, debe ser el track más representativo de esta nueva era para The Strokes y es el más logrado también del nuevo disco, porque se logra pasear por diferentes sensibilidades, desde el pop bailable estilo Franz Ferdinand, hasta el minimalismo R&B del intermedio, además de ser una canción que no fuerza nada.

La segunda mitad del disco es ágil (“Chances”), expansiva (“Happy Ending”) y con una tendencia a parecer música perfecta para una película sobre el espacio (“Partners In Crime”), teniendo como gran final una canción extrañísima para los registros de The Strokes, “Call It Fate, Call It Karma”, que es tan calmada que hace pensar en cuánto trecho ha avanzado la agrupación, desde ser los niños mimados de la industria a lo que pasa ahora.

THE STROKES 02Este disco será criticado por todos, y será en duros términos, y además con un pie y medio en el pasado de la banda con comparaciones que sí serán odiosas. Y eso pasa por culpa de ese gran disco que es “Is This It” que les dejó la vara tan alta y los marcó tanto identitariamente, que nadie los deja salir de ese imaginario colectivo. Repito: The Strokes ya no es una banda de rock. Ahora son capaces de hacer lo que sea necesario para que las canciones funcionen a su modo. Y no es falta de talento, porque si hay algo que “All The Time” y “Under Cover Of Darkness” del “Angles” nos demostraron es que, si ellos quisieran, sacarían 10 discos como su debut, pero acá por fin notamos un crecimiento musical y un crossover que hace tiempo los tenía a medio camino de todo.

“Comedown Machine” es un disco fundamental de este año, aunque no sea el mejor y aunque tenga ese prospecto de cover a Maná, y hace notar que, después de todo, ni la imagen ni lo que la gente cree que debe ser una banda es tan importante como las canciones que son capaces de hacer, y eso, tras 11 años de majadera y monótona atención mediática, es un triunfo para una banda como The Strokes.

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7 Comentarios

7 Comments

  1. calduo

    22-Mar-2013 en 11:12 am

    y cuando fue una banda de rock?

  2. Magda

    22-Mar-2013 en 10:12 pm

    Hagan un video de comparación entre One way trigger y En el muelle de San Blas, lo exijo.

    • kib

      25-Mar-2013 en 10:49 am

      Ya está, basta youtubear

  3. Missael

    22-Mar-2013 en 10:14 pm

    y dale con la tonterita de Maná…

  4. Benjamín

    23-Mar-2013 en 12:08 am

    Muy buen review. Pero piensen que toda una escena de bandas Garage Rock sucedió al álbum «IS THIS IT» ¿Por qué no molestarse en escuchar esas bandas y dejar a Strokes innovar tranquilos? Casablancas lo dice claramente en “Ask Me Anything”: ♫ WE COULD DRAG IT OUT, BUT THAT’S FOR OTHER BANDS TO DO ♫ (2006). Es antojadizo seguir insistiendo en su álbum debut. «COMEDOWN MACHINE» es un trabajo espléndido que rescata varios elementos oldschool retro y los moderniza, logrando un resultado prendido, ligero y refrescante. ¡Viva Strokes!

  5. Nico

    05-Abr-2013 en 8:58 pm

    O sea basicamente tendremos que esperar 3 años para un proximo disco que tenga un single que complazca a los fans del Is this it?

  6. Diego

    29-Abr-2013 en 12:24 am

    La primera vez que lo escuché, realmente lo odié pero con los días voy cachando el hecho de que Strokes esté evolucionando, variando y aún así captar nuestros oídos. Muy buen disco; el tono surrealista de Casablancas lo caga un poquito.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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