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The Smashing Pumpkins – “Oceania”

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Tres fueron los años que tuvieron que pasar para que pudiésemos tener ante nosotros, nuevamente, las creaciones de una de las bandas icono del rock “noventero”. Tal vez no pasó tanto tiempo, pero fue bastante la expectativa que se generó desde el momento en que la agrupación de Billy Corgan anunció la entrega de “Oceania”, que forma parte de lo que se comenzó con su anterior trabajo, “Teargarden By Kaleidyscope” (2009), proyecto que consta de un número premeditado de 44 canciones, que continúa con trece temas que la banda seleccionó como los mejores grabados del año pasado. Esta nueva entrega está disponible para ser escuchada gratis vía streaming tras un acuerdo al que llegó el grupo con iTunes. Cabe señalar que la intención de este trato radica en la conceptualidad de este disco, que debe ser escuchado en su totalidad, por lo que la inexistencia de single no debe espantar a quien se acerque a disfrutar de esta nueva producción.

The Smashing Pumpkins de algún modo pudo volver a sus raíces, mostrándonos en esta nueva placa la esencia que los caracteriza. Guitarras estruendosas, melodiosas y muy rítmicas a la par con la voz de Corgan, que nos traslada a años en los que su sonido estaba muy de moda. Así pasa con “Quasar”, primer track de este disco, tan enérgico como “Panopticon”. Ambas piezas en algún momento nos podrían hacer pensar que estamos ante algún sencillo de “Siamese Dream” (1993). La guitarra de Jeff Schroeder  suena muy a “Cherub Rock”, siendo esto suficiente para reconquistar al seguidor que se desencantó y reprochó a estos norteamericanos, por sus experimentos alejados del rock alternativo.

Melodías más apacibles aparecen en “The Celestials”, donde una guitarra electroacústica es la acompañante tan correspondida a la voz del señor Corgan, seguida por “Violet Rays” y “My Love Is Winter”, canciones donde se aprecia claramente el sentimiento que transmite la voz de Billy, sin desmerecer los teclados y sintetizadores que también aparecen en “One Diamond, One Heart” más aplicado a los beats electrónicos, siendo esta, tal vez, la propuesta más “escandalosa” de esta lista, al tratarse de algo que nos hace recordar una esencia estilo “Adore”(1998), aquel disco tan criticado al haberse tratado de un intento por parte de estos músicos de alejarse del mainstream e ir tanteando vías rechazadas por gran parte de sus seguidores. Sin embargo esto no es para asustarse, porque luego aparece “Pinwheels”, pieza que puede desconcertar en su inicio por los cambios sonoros que posee, pero que logra convencer con esas melodías que parecieran corresponder a un soundtrack de película americana, más la adición de dulces voces femeninas parafraseando al hombre de las calabazas.

Ya en la mitad de la reproducción, aparece ante nosotros el tema que le da el nombre a esta placa. “Oceania” no podía ser una canción más, debía tener algo especial. Además de durar un poco más de nueve minutos, presenta variaciones melódicas más que perceptibles. Cada corte dentro del mismo track es tan independiente como para extraerlo y hacerlo una pista autónoma. Lo que no quita el misticismo que le plasmaron a cada segundo de este océano acústico.

Mellon Collie And The Infinite Sadness” (1995) se hace presente en “Pale Horse”, “The Chimera” y “Glissandra”, canciones que emiten a través de ondas acústicas toda la emotividad particular, típica de la banda de Billy Corgan. “Inkless”, mantiene la tónica de aquellas guitarras que se sincronizan de forma tan placentera con los ritmos de la batería de Mike Byrne, transformándose en antesala de “Wildflower”, track final muy ligero y dulce, que pareciera terminar contra voluntad, pero que nos da la seguridad de que no se tratará de lo último que escucharemos de estos norteamericanos.

“Oceania”, lejos de ser una apuesta arriesgada, es una propuesta ambiciosa, pero jamás pretenciosa. Está repleta de aquello que enamoró a los fans que conocieron a la banda por sus discos noventeros. Todo aquí es marca calabaza. Cambios sutiles aparecen en este corte, pero más que cualquier cosa es como si The Smashing Pumpkins hubiese encontrado una máquina del tiempo, y se hubiesen remontado a aquella época en la que sus creaciones eran aceptadas y devoradas sin prejuicios. Un álbum muy bien logrado y que sinceramente consigue devolvernos el alma al cuerpo a quienes teníamos un poco de recelo con lo que se esperaba.


OceaniaArtista: The Smashing Pumpkins

Disco: Oceania

Duración: 60:02

Año: 2012

Sello: EMI


Discos

Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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