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The Rolling Stones – “Blue & Lonesome”

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Ligados al blues desde siempre, no deja de ser llamativo que hayan tenido que pasar más de 50 años para que los Stones se decidieran a tributar en pleno uno de los estilos musicales que moldea de manera innegable su ADN. Siempre tuvieron espacio para incluir versiones de espíritu blues en sus álbumes, incluso en “A Bigger Bang” (2005), trabajo correcto pero disparejo, uno de los momentos altos viene de la mano de la blusera “Back Of My Hand”. Sin embargo, de alguna manera parecía que el respeto del cuarteto por la música del delta impedía que se lanzaran con todo a explorar estos parajes. Por fortuna, lo que no sucede impulsado por la razón muchas veces lo logra el relajo y la espontaneidad, ya que finalmente sólo se necesitó del ánimo correcto y tres días de estudio para dar vida a este nuevo capítulo de la discografía rolinga.

the-rolling-stones-01Sólo versiones incluye este álbum. En principio, tratándose de una banda que desde el año 1966 ha demostrado no necesitar “préstamos” para brillar con luz propia, esto podría sonar poco atractivo, sin embargo, basta recordar las caras del cuarteto en aquella mítica presentación con Muddy Waters el año 1981 para tener la seguridad de que estos “chicos” con más de cincuenta años de escuela en el cuerpo, se van a dejar el alma a la hora de rendir tributo a sus héroes. Los estilos y ánimos diferentes no se hacen esperar, entrando directo al Chicago blues de “Just Your Fool” –original de Buddy Johnson, pero en la versión de Little Walter–, directa, contagiosa y con un Jagger que fraseando a lo Dylan cada vez que pronuncia “fool” no sólo se luce en los vocales, sino que además entrega una excelente performance en la armónica, en lo que va a ser uno de los sellos de este trabajo.

Por el lado del blues de Chicago, destacan la cruda versión de “Commit A Crime”, original del inigualable Howlin’ Wolf, con Jagger a la altura de las circunstancias y un Richards que desde el fondo pone los toques precisos de guitarra para acompañar este track de traición y despecho. “Blue And Lonesome” y “All Your Love” se encargan de matizar los sonidos de la ciudad de los vientos para que Richards, Wood y Chuck Leavell (este último desde el piano) se hagan cargo de llenar de sentimiento cada nota de estas excelentes versiones de Memphis Slim y Magic Sam, respectivamente.

the-rolling-stones-02Sin embargo, es el groove de “Hate To See You Go” y el ánimo festivo de “I Gotta Go” las que hacen irrenunciable la posibilidad de darse una vuelta por este viaje al que nos invitan los londinenses, sobre todo cuando vemos que, a pesar sus 75 años de edad, Charlie Watts encuentra el ímpetu para darle a la batería con la energía que lo hace en “I Gotta Go”. Pero no todo es Chicago en esta aventura, y si para cambiar de domicilio parecía buena idea tener un invitado, Eric Clapton es una excelente elección. Mano lenta toma el timón y traslada las cosas hacia el delta del Misisipi de manera impecable, logrando despachar con el cuarteto dos potentes versiones de “Everybody Knows About My Good Thing” y “I Can´t Quit You Baby”, esta última encargada de cerrar el álbum y rescatar el legado del único de los artistas tributados en este disco que aún se encuentra con vida.

En rigor no hay novedad en lo que Jagger y compañía han decidido entregarnos para ocupar el lugar número veinticinco de su catálogo. Lo que sí hay, son kilos de actitud y honestidad ocupando cada segundo de estos doce tracks con que el cuarteto ha decidido revisar –y al mismo tiempo homenajear– los sonidos de la música del alma que se dejaron ver en su gran mayoría antes de los años 60. Muchas veces se repite que el jazz es fundamentalmente técnica, el rock actitud y el blues sentimiento. Si nos tomamos de esa frase y nos damos el tiempo de escuchar este nuevo álbum con detención, veremos que es fundamentalmente lo último lo que sale desde los parlantes acompañando cada nota que interpretan Jagger, Richards, Wood y Watts. Que los Stones suenen así de vivos en un año en el que estar de luto ha sido la tónica, es definitivamente un gusto.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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