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The Rentals – Lost In Alphaville

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Los admiradores de Weezer, incluso los más devotos, han sabido reconocer que la banda pasó por una etapa en que parecían perdidos, donde era fácil mirar con nostalgia la supremacía de sus dos primeros títulos, “The Blue Album” (1994) y “Pinkerton” (1996), y ver los años luz de distancia con todo lo hecho desde “The Green Album” (2001) hasta la fecha. En esta ecuación, Matt Sharp parecía ser casi vital en la banda neoyorquina, donde ejercía más que una mano derecha de Rivers Cuomo, pero que emigró para dar saltos en casi veinte años de carrera intermitente con The Rentals, dentro de una banda que jamás ha salido del espectro indie de la música norteamericana, dejando dos discos a temprana edad y varios EP’s casi demos dentro de toda la década pasada, pero que ahora vuelve con bombos y platillos para presentar “Lost In Alphaville”, un disco que algo guarda de los inicios de “Return Of The Rentals” (1995) o “Seven More Minutes” (1999), donde sobraban los vestigios de “The Good Life” de Weezer, y las voces llenas de delays junto a los guiños del pop británico. Hoy The Rentals, si bien jamás ha salido de su zona de confort, se presenta más como una banda que ha absorbido más influencias que las obvias en el pasado, y se la está jugando por llegar a un punto más maduro, aunque cueste.

THE RENTALS 03The Rentals es de esas agrupaciones donde el líder, Matt Sharp, se encarga de armar y desarmar la banda, con invitados e integrantes más constantes, y esta vez llega con  “Lost In Alphaville” de la mano de Patrick Carney (The Black Keys), Jess Wolfe y Holly Laessig de Lucius, Ryen Slegr de Ozma, y Lauren Chipman que ha sido una constante colaboradora de la música de Sharp. El disco abre con la delicada “It’s Time To Come Home” donde, en singularidad con el pasado de la banda, demuestra que sigue manteniendo interés por la femeidad de la lírica, esa que lleva de viaje a Elizabeth Fraser de Cocteau Twins, con Sharp cantando las líneas principales en lo-fi, y guitarras con un sonido bastante ambiental, donde sólo la batería pareciera estar más seca y presente, dentro de una muy buena forma de abrir el disco.

En “Traces Of Our Tears” saltamos directamente al indie pop que circula en bandas como “Los Campesinos” o “The Pippettes”, una vez más con el exceso de reverberancia en las cuerdas, pero con una buena composición, clara e inserta en las tendencias del indie actual, a diferencia de lo que ocurre con “Stardust”, que pareciera volver atrás hasta encontrarse con la discografía noventera de The Rentals, siempre con la voz de Sharp desgastada en armonía con los riffs de guitarra, que también pasan colados como lado B de Weezer, en una época llena de sonidos shoegazzers, y que dan salto a “1000 Seasons”, donde musicalmente se sienten las entrañas frescas de fines de los 80 y las más puras del rock de garage, ese donde creció Pavement, Sonic Youth y Pixies, pero siempre con la ingenuidad que aporta Sharp, que si bien no es genuina, al menos suena bien.

THE RENTALS 01Con “Damaris”, el bajo huele a Kim Deal (Pixies) y la voz a Jenny Lewis (The Postal Service), dejando a la vista una canción absolutamente pop, pero que sin embargo sorprende promediando su mitad con la inclusión de un cuarteto de cuerdas que le añade un poco más de frescura, en frente de los riffs y los juegos de los secuenciadores, uno de los artilugios más amados por Sharp. “Irrational Things” debe ser una de las canciones instrumentalmente más logradas del disco, ya que dentro de su proposición indie pop y garage juega por primera vez a ser una construcción de estilos, desde un inicio bastante concreto a ciertas líneas de arty pop, sacando sobre la mezcla un encendido plano entre coros y cuerdas frotadas, que va in crescendo hasta que vuelve el moog más infantil de Sharp, pero que se ve opacada con la poca versatilidad en las voces, porque ya sabemos que Sharp canta poco, pero podría atreverse aún un poco más. Incluso así, es de los grandes aportes.

En “Thought Of Sound” los decibeles vuelven a subir a manos de las guitarras y el bajo distorsionado, pero no más allá de un apéndice de todo el disco, un lado B o un encore forzado. Y está demás decir que la producción es muy pulcra y la mezcla perfecta, algo que tanto hizo falta en la época garage: un buen equipamiento para dejar más claras las intenciones de Stephen Malkmus. “Song Of Remembering” se aplica como la canción más oscura del disco, gracias  a las guitarras y a la nostalgia, pero hay que reconocer que, si bien “Lost In Alphaville” pintaba para ser un muy buen disco, a medida que se acerca a su fin luce algo desgastado y aburrido, dentro de un mar de posibilidades nuevas que podría tener un grupo de personas tan diverso como Sharp, Carney u Ozma.

THE RENTALS 02“Seven Years” revitaliza un poco el destino de este disco, gracias a una rítmica guitarra que acapara casi toda la atención por sobre las voces, y termina empatando bien con el resto de la banda, lo que hace pensar en que la misma idea podría tener diversos caminos, como una línea melódica central distinta, un concepto mejorado de los teclados o secuencias. Para el final tenemos a “The Future”, que sorpresivamente resulta la gran revelación de este álbum, donde por primera vez se atreven con algo más sofisticado y la obviedad pasa colada entre un acrílico paisaje sonoro recreado por sintetizadores, y un teatral Sharp que se mete entre unos coros casi a lo world music, y que recién pasada la mitad de la canción, termina en una explosión gigantesca de sonidos y planos, esa que se hacía necesaria muchos minutos atrás, y que al menos le da un excelente cierre a “Lost In Alphaville”, para ir quedando de a poco en silencio, culminando con una nota al aire vibrando por algunos segundos.

Matt Sharp es de esos músicos libres que componen cómo y cuándo quieren, y no intentando convencer a nadie de sus talentos o comerse al mundo. Su música sin grandes pretensiones le permite moverse de un lado hacia otro, y con “Lost In Alphaville” queda demostrado que pudo esperar quince años para hacer un trabajo oficial de larga duración y darse el lujo de mantener un sonido perteneciente al pasado, con tintes de genialidad a los que no se les saca tanto partido, y que en medio de cuarenta minutos de música sobresalen las preferencias musicales del compositor, aunque conociendo un poco la historia musical de Sharp, él no está en The Rentals para reinventar nada, por más que pensemos que aún se puede hacer algo al respecto. Al final, “Lost In Alphaville”, es un disco agradable, fácil de digerir, rápido, bien producido y algo nostálgico, pero incluso en la simpleza de mensaje necesitamos más complejidad, sobre todo si viene de uno de los genios tras “The Blue Album” y “Pinkerton”.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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