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The Raveonettes – Pe’ahi

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La historia del dúo The Raveonettes resume perfectamente una premisa discutida que dice que todo ya está hecho y no se puede crear algo nuevo, pero si mezclas algo de aquí y algo de allá te puede ir bien. Armaron un set que incluía lo mejor del sonido cincuentero y sesentero, surfero y refrescante como The Beach Boys, con énfasis en las armonías vocales como The Everly Brothers o Simon & Garfunkel, pero añadiéndoles crudeza y cerros de distorsión, y reverberancia. Los quisieron meter al carro del garage revival cuando el revival de ellos iba por otro lado. Editaron dos trabajos conceptualmente similares: “Whip It On” y “Chain Gang Of Love” armados bajo la misma nota, uno en Si bemol menor y el otro mayor. Monótonos o no, se aburrieron de tocar lo mismo, y doce años después y seis discos mediante, editan este año sorpresivamente y sin anuncio alguno “Pe’ahí”, nombrado así en honor a una conocida playa surfera de Hawái.

THE RAVEONETTES 01Y es que han ido evolucionando desde el sonido abrasivo de sus comienzos hacia una veta que explora las raíces más vintage de su sonido, desde su segundo larga duración “Pretty In Black” inclusive. “Pe’ahí” es un disco temático que rememora la sensación acuática del surf rock y la profundidad del océano, y continúa la senda antes expuesta, pero le otorga nuevos matices en materia de profundidad del sonido y también de potencia. La misma triada que le da inicio al disco confirma la idea. Con “Endless Sleeper” exploran con regusto la vocación del sonido pop con una muralla de sonido por detrás, despliegan una envidiable maestría a la hora de mezclar un beat de bossanova, con guitarras desencadenando una tormenta inconstante de fuzz con las melodías vocales características de Sharin Foo y Sune Rose Wagner.

Mientras que “Sisters” se agarra del shoegaze, otra de las cartas bajo la manga del dúo para intercalar brutales ataques de distorsión con sutiles respiros casi celestiales, “Killer In The Streets” se construye a partir del beat clásico del hip hop de principios de los noventa, con un bajo que alimenta perfectamente la línea melódica, dándole consistencia. Aquí The Raveonettes refleja de manera fidedigna sus raíces sonoras, se nota desde el primer segundo que la simbiosis entre la vibra surfera de California, el estado en el que están afincados, y sus propios intereses, trabaja en evidente beneficio del crecimiento musical de la banda.

THE RAVEONETTES 02En “Wake Me Up”  la voz de Sharin Foo campea en una canción a midtempo, igual que en “Kill!” con sus sintetizadores envolventes, para luego dar paso a “Z-Boys”, que es el compendio perfecto de lo que The Raveonettes pretende: tomar sus guitarras llenas de overdrive al servicio de un sonido que tiene poco de la incontinencia adolescente que les precedía y mucho más de la madurez de llevar una banda por algo más de quince años con la sapiencia que ello conlleva. “A Hell Below” se nutre de la afición a las melodías clásicas del rock & roll sesentero y de las tantas capas que la canción tiene, mientras que “The Rains Of May” y “When Night Is Almost Done” hacen lo mismo, pero desde el  surf rock como si estuviera interpretado en un teatro vacío, profundo y resonante. “Summer Ends” termina la idea general del disco, catalizar esto que se suele llamar noise-pop y que, si existe, The Raveonettes lo sabe usar a la perfección.

Al mirarlo en perspectiva, “Pe’ahí” es fácilmente el álbum más fino y mejor trabajado de los daneses, en donde se nota de principio a fin un cuidado y un gusto por los detalles, sin descuidar una de sus aristas llamativas y que a la postre se ha convertido en un sello de la banda: el ruido, el bendito ruido.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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