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The Raveonettes – Observator

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Este dúo danés conformado por Sune Rose Wagner y Sharin Foo no pierde el tiempo, y a poco más de un año desde el lanzamiento de “Raven In The Grave” (2011), sorprenden con la edición de una nueva placa, que lleva por nombre “Observator”. Este trabajo constituye su sexto álbum de estudio y  fue grabado en los Sunset Sound Studios de Los Ángeles, bajo la supervisión del productor Richard Gottehrer, con quien ya habían trabajado en el disco “Pretty In Black” (2005) y que también ha colaborado con artistas de la talla de Blondie, Richard Hell y Go-Go’s. La grabación de las pistas se desarrolló particularmente rápido, ya que sólo requirieron de una semana para registrar todo el álbum.

Según han comentado los propios integrantes de The Raveonettes, la inspiración para plasmar este nuevo álbum llegó de la mano del aislamiento al que Sune Rose se sometió durante cuatro días, en los cuales sólo se dedicó a alcoholizarse, consumir benzodiacepina y escribir canciones. Posterior a este extraño proceso de creación, se reunió con su compañera Sharin y aprovecharon toda la mística que rodea el Sunset Sound Studios (lugar que albergó a The Doors, Led Zepellin, Prince, entre muchos otros artistas) para encontrar la tranquilidad artística y completar el círculo creativo. El álbum consta de nueve canciones y será editado por el sello Vice Records.

“Young And Cold” es la canción encargada de abrir el disco, en donde de inmediato se marca una atmósfera melancólica, la cual se ve potenciada por la característica base rítmica de la guitarra y la incorporación de un elemento que hasta el momento era desconocido: el sensible sonido del piano. El disco continúa con “Observations” y ahora es el propio piano quien marca la melodía, envolviendo todo de una esencia oscura, que se complementa a la perfección con la batería que se desarrolla en un preciso segundo plano. “Curse The Night” mantiene la tendencia a los sonidos más emotivos y apagados, tocando suavemente los sentidos hasta llevarlos a un plano de total relajación. La intensidad se eleva levemente con la agradable melodía de “The Enemy”, un corte que se desmarca un poco de sus predecesoras al añadir un matiz mucho más enérgico, pero sin escaparse de la propuesta tranquilizadora del disco. Sin lugar a dudas, una verdadera gema de energía en medio de un mar de sosiego. A esta altura del álbum queda claro que su principal característica no serán los ritmos alegres y lúdicos, muy por el contrario, el rol protagónico se lo llevan los sonidos sensibles y emotivos.

“Sinking With The Sun” sorprende al imprimir una mayor velocidad al disco y subir la intensidad en base a sólidas secuencias de batería y guitarra. El mayor atributo de este corte es producir un quiebre en el letargo de los sonidos más suaves, equilibrando la balanza de emociones. Llega el turno de “She Owns The Streets”, una hermosa pieza que, a pesar de no fundamentarse en sonidos tan finos, logra crear una mágica sensación de tranquilidad. “Downtown” aporta en subir los ánimos en base a un riff mucho más frenético que la media del disco y por primera vez se hacen evidentes los sintetizadores tan usados en su anterior trabajo. El sonido acústico de la guitarra marca el comienzo de “You Hit Me (I’m Down)” y trae de vueltas los elementos más melancólicos, produciendo de inmediato una sensación de introspección y desgaste emocional. El cierre del álbum corre por cuenta de “Till The End” que, al igual que la mayoría de los cortes, se desarrolla bajo un manto de oscuridad, pero que despliega algunas pinceladas de intensidad en base a sonidos más eléctricos y potentes.

No cabe duda que The Raveonettes se toma las cosas con más calma en “Observator”, dejando de lado los sonidos potentes e intensos de sus anteriores trabajos, para dar paso a las melodías más melancólicas y relajadas, casi rayando en lo fúnebre. Cuesta trabajo abstraerse de la enorme carga emotiva que se desprende de cada una de las piezas de este álbum, convirtiéndolo en uno de los puntos altos en la discografía de los daneses. En líneas generales el álbum se podría catalogar de oscuro, pero de todas maneras existen un par de canciones que se escapan del molde y que cumplen a cabalidad el objetivo de despertar al oyente y hacerlo viajar a un nuevo plano emocional.

https://play.spotify.com/album/3lVFWxhn8vylHZCpLTcp8k

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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