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The Offspring – Days Go By

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Coincidente con la celebración de los 20 años del exitoso álbum “Ignition” (1992), los californianos de The Offspring vuelven a la escena musical tras cuatro años de silencio, con su noveno trabajo de estudio, que lleva por nombre “Days Go By”. El disco será editado bajo la etiqueta Columbia Records y fue producido por el talentoso Bob Rock, quien ya trabajó con la banda en su anterior placa: “Rise And Fall, Rage And Grace” (1998), y que tiene entre sus pergaminos el haber colaborado con artistas de la talla de Metallica, Mötley Crüe, Aerosmith, Bon Jovi, entre muchos otros. Este disco será el primero con Pete Parada en la batería, tras su incorporación a la banda en 2009, aunque Josh Freese se sigue haciendo presente en algunas pistas.

El disco comienza con la enérgica “The Future Is Now”, una pista muy cercana a los sonidos punk rock que nos tiene acostumbrado The Offspring, que destaca por su velocidad y un pegajoso estribillo. “Secrets From The Underground” mantiene la tendencia a los ritmos más rápidos, con una potente batería y bien logrados solos de guitarra. Llega el turno de “Days Go By”, el primer sencillo que se desprende de la placa, que presenta sonidos mucho más pulcros que en los temas anteriores, delegando protagonismo a la voz de Dexter Holland. Una melodía con matices electrónicos marca el inicio de “Turning Into You”, una canción agradable, que crece en intensidad a medida que se desarrolla y que sobresale por su potente coro. “Hurting As One” sube las revoluciones en base a una melodía simple y entusiasta, que no escatima en velocidad, marcando uno de los buenos cortes del álbum. El segundo single, “Cruising California (Bumpin’ In My Trunk)”, marca uno de los errores más grandes, no solo del disco, sino de la historia de la banda, con un sonido netamente pop, que perfectamente podría formar parte de un grandes éxitos de Aqua.

La segunda parte del álbum comienza con la delicada melodía de “All I Have Left Is You”, que constituye la única balada del disco, quizás la pausa necesaria para reponerse del impacto de la pista anterior. “Oc Guns” destaca por una melodía fuertemente influenciada por la música mexicana (con un sonido muy cercano a Molotov y Control Machete), además de su llamativo coro que recita en español: “You, hijo de puta! Pendejo! Cabrón”. Las cosas vuelven a la normalidad de la mano de “Dirty Magic”, en donde reaparecen los sonidos más ásperos y potentes, con constantes cambios de velocidad. Los sonidos lúdicos de “I Wanna Secret Family (With You)” vuelven a coquetear peligrosamente con el pop, dando señales de un cambio de estilo que, al parecer, no caerá muy bien en los fanáticos de los sonidos más clásicos de la banda. “Dividing By Zero” vuelve a romper el esquema, en base a un ritmo que no escatima en energía e intensidad, con sonidos muy potentes, que lo convierten en una de las mejores piezas de la placa. El cierre del disco queda a cargo de “Slim Pickens Does The Right Thing And Rides The Bomb To Hell” una canción mucho más fiel a los éxitos de The Offspring, y que constituye la mejor forma de terminar un viaje que no estuvo exento de sobresaltos.

Al momento de analizar en conjunto las 12 canciones que conforman “Days Go By”, surgen sentimientos encontrados respecto a la percepción que se puede tener del mismo. Por un lado se valora el intento de buscar una evolución de los sonidos, como una forma de reinventarse y marcar diferencia respecto a trabajos anteriores, pero esto en ningún caso justifica el traspasar la línea que separa el punk rock de los matices más comerciales. Quizás la mayor advertencia está orientada a los fanáticos más acérrimos de la banda, quienes podrían llevarse una desagradable sorpresa al escuchar alguno de los cortes de este disco.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. N_X

    24-Jun-2012 en 6:10 pm

    Me parece una buena critica, falta señalar que Dirty Magic es del Ignition y apareció con una versión mas moderna, creo que su aparecion fue debido a los 20 años que se cumplen de Ignition.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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