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Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic

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The Ocean – “Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic”

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La vida después de “la gran muerte”, como históricamente se le ha llamado a la más grande extinción masiva de especies en el mundo, es el concepto tras “Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic”, el octavo trabajo discográfico de la banda alemana The Ocean y continuación directa de “Phanerozoic I: Palaeozoic” (2018), álbum que fue el inicio del viaje a través de la era del Fanerozoico y donde, en su trágico proceso evolutivo, la agrupación refleja la decadencia de la civilización a través de su más reciente opus.

Orientándonos desde una perspectiva humana por la supervivencia de las primeras especies que habitaron nuestro planeta durante la era mesozoica, “Triassic” (el primer período de esta era) es una canción que intriga desde la irrupción de guitarras limpias y una batería tribal, potenciada por la portentosa presencia del bajista Mattias Hägerstrand, quien ejecuta una soberbia escala que prepara un terreno –al igual que para las especies iniciales– inmerso en incertidumbre hasta un explosivo devenir. Trasladando la escucha hacia los últimos dos períodos de la era mesozoica, The Ocean plasma este evento en la épica “Jurassic | Cretaceous”. “Somos como reptiles, gobernantes gigantes del mundo. En un abrir y cerrar de ojos borrados de la faz de la Tierra”, es la decadente línea que extrapola el declive de seres antiguos, condenando al antropocentrismo y extendiéndose por la muralla sónica que envuelve el track, potenciado por letales riffs que beben del sludge.

La agrupación no escatima al momento de apoderarse del espacio con su versatilidad, brindando quiebres muy melódicos, haciendo contraste, y contando con la participación de Jonas Renkse de Katatonia para invitar a una exquisita vorágine. Los elementos que se hacen participe en esta muestra son muy diversos, pero congruentes. Y es que, en el apartado vocal, los feroces gritos de Loïc Rossetti impresionan, sobre todo por el equilibro con la expansión de su rango vocal, al utilizar un registro más limpio que desborda grandiosidad. Para redondear la obra, el trabajo del baterista Paul Seidel eleva el tema con su despliegue que va desde patrones más pausados y progresivos, hasta blast beats y un avasallador doble pedal, cerrando brutalmente el ciclo.

Después de la extinción de los dinosaurios y gran cantidad de otras especies, se inicia la era del Cenozoico (también llamada era de los mamíferos), un momento en la historia global que se dividió por siete épocas, y The Ocean aborda cada una, creando un proceso sonoro interno de experimentación. El guitarrista y miembro fundador, Robin Staps, sostiene junto al también guitarrista David Ramis Åhfeldt a “Palaeocene” y “Eocene”, dos ejemplos del espectro más alternativo dentro de la progresión de los alemanes. Añadiendo arreglos de teclados y aterrizando la intensidad, dejan a Rossetti como protagonista indiscutible, aprovechando la amplia paleta del vocalista.

Esta inclinación se extiende hasta la instrumental “Oligocene”, un interludio sosegado, pero cautivante, el que va mutando hacia “Miocene | Pliocene”, una hipnótica obra que avanza, peldaño a peldaño, conducida por el gutural de Rossetti y acompañado de una instrumentación que mantiene un pulso constante, con estallidos controlados que se mezclan orgánicamente con un excelente patrón vocal, el que muestra una mayor escala al adentrarse a una nueva senda durante “Pleistocene”, la enigmática penúltima canción de ” Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic”. Esta descarnada observación a la desesperanza amplifica la aventura creada por The Ocean, y alterna radicalmente el ritmo con matices enraizados en la crudeza del black metal hasta su desconcertante clímax.

La última época, que aún impacta nuestro presente global en un nivel climático, es “Holocene”, y es el cierre de “Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic”, conectando con “Triassic” en su revisión a la condición humana frente a una debacle. Esta canción se orienta hacia el synth rock y la suma de un instrumento como el violín es una pieza clave para que la atmósfera melancólica sea perdurable, en un punto de reflexión sin retorno. The Ocean es una banda que consigue enlazar un período en el tiempo que vemos lejano, y con admirable profundidad y catártica habilidad nos llevan a través de un nuevo viaje donde lo más impactante es el trayecto, porque la creatividad del colectivo parece no tener fin.


Artista: The Ocean

Disco: Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic

Duración: 50:59

Año: 2020

Sello: Metal Blade Records


Discos

Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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