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The New Pornographers – Brill Bruisers

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Este 2014 ha estado muy marcado por la tendencia vocal de los discos, en los que se trata de buscar una quietud musical que no llena todos los espacios, pero que sÍ le dan la libertad a los cantantes de alcanzar con su línea melódica todos los rincones, centrándose en las experiencias y en las historias más que en un riff, lo que puede ser bueno o malo, pero siempre dependiendo del prisma con el que se mire, y en este caso, contemplando todo el cuadro, tenemos en la otra esquina el más reciente lanzamiento de The New Pronographers, “Brill Bruisers”, que pareciera retomar la música llena de adornos y sonidos, relegando a las voces a su posición original que, aunque siempre será central, esta vez sí se callará en pro de las diversas melodías que la numerosa banda de Vancouver tiene para nosotros.

THE NEW PORNOGRAPHERS 01El disco abre con su primer y homónimo single, dentro de una base de guitarras y coros amplios, dejando desde un primer momento encendido a quien lo escuche, y que huele levemente a la primera etapa azul de Weezer, con oníricos sintetizadores que evocan los sonidos más familiares de The New Pornographers, y que da paso a “Champions Of Red Wine”,  una canción pop maravillosa con la potente pero tierna voz de Kathryn Calder, donde las guitarras y bajo se quedan haciendo las mismas notas, ante una batería que yace un poco escondida, pero que se suelta rápidamente en “Fantasy Fools”, donde una vez más aceleramos las revoluciones para encontrar secuencias propias del electropop, pero que en ningún momento lucen mal en un disco que es mucho más convencional que el electro.

Así llegamos a “War On The East Coast”, una canción de amor en Vancouver que juega con una batería acelerada y extensos sonidos que siguen manteniendo la tónica del disco, y que al final explota entre diversos timbres, riffs y desafinaciones premeditadas, dando paso a la exquisita “Backstairs”, con una intro que se pasea entre AIR y Daft Punk, pero que termina cayendo en una interesante psicodelia que revisita a unos mucho más jóvenes Django Django y Foxygen, y al paso de unas cortísimas notas disonantes nos dejan en “Marching Orders”, que contrasta absolutamente con su antecesora, siendo femenina, potente, pero que se emparenta con el resto del disco gracias a los sonidos emulados magníficamente a lo largo del disco, y que tiene como apéndice a “Another Drug Deal Of The Heart”, que puede que luzca menos actual y algo desgastada, pero que aun así no logra mermar al disco, que hasta el momento ha sido un viaje por diversos sonidos y sorpresas.

“Born With A Sound” tiene esos adornos lo-fi entre las voces y las guitarras, que sumado a una caja totalmente espacial y con menos cuerpo, yace tranquilamente entre el noise y el garage, aunque siempre con las líneas del power pop apareciendo cada cierto rato, y que con un final muy Régine Chassagne cae en el silencio momentáneo de “Wide Eyes”, que se convierte en algo muy acústico, al punto de ser medianamente folk, pero salpicado una vez más por los sintetizadores, llegando a su revancha rítmica en “Dancehall Domine”, una de las más logradas del disco y que recuerda en algo al laureado “Twin Cinema” (2005), logrando una profundidad mayor entre todos los instrumentos, donde por primera vez en el disco la batería suena más protagónica y que, tras un seco final, da lugar a “Spidyr” con su decreciente suavidad, llena de sonidos ambientales, que pasado el minuto y medio explota en gritos, potentes guitarras y baterías, junto a una céntrica armónica que pareciera reemplazar a Dan Bejar.

THE NEW PORNOGRAPHERS 02Ya acercándonos al cierre tenemos a “Hi-Rise”, una interesante entrega vocal con guiños a MGMT, pero con el sello propio de los chicos de Canadá, ese que sabe impregnar de igual forma los sonidos más emulados electrónicamente, con los que son de una naturaleza puramente acústica, dando paso finalmente a “You Tell Me Where”, donde se preocupan de cerrar el disco de la misma forma que lo abrieron: con vaivenes de intensidades que van creciendo hasta tener una mezcla llena de colores, voces y ritmos en expansión,  y que cierran estos poco más de cuarenta minutos con coros dispersos algo sexualizados.

“Brill Bruisers” es un disco lleno de encanto, de esos que suben el ánimo a punta de melodías que van siempre arriba y que deja pocos espacios para los silencios o la quietud, pero que de ninguna manera cae en la monotonía, junto a instrumentos que se contraponen diametralmente como claves o sintetizadores. Quizás está aún lejos de los mejores momentos de The New Pornographers, pero nos demuestra que todavía están en forma para seguir haciendo buenos discos, y que la escuela dosmilera indie de Canadá sigue más viva que nunca.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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