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The National – Trouble Will Find Me

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“Trouble Will Find Me”, el sexto álbum de estudio de The National, ha sido descrito por la propia banda como mucho más crudo y visceral que sus predecesores, “Boxer” (2007) y “High Violet” (2010), generando enormes expectativas entre los fanáticos respecto a si los oriundos de Ohio serán capaces de igualar el éxito obtenido con sus últimos trabajos. Esta placa fue grabada en el estudio ClubHouse, ubicado en Rhinebeck, New York, y la producción estuvo a cargo de los hermanos Aaron y Bryce Dessner, además del novelista y músico australiano, Craig Silvey, quien ya ha trabajado con Arcade Fire y The Magic Numbers. Como atractivo adicional, el disco cuenta con la colaboración de celebres personajes, tales como Sufjan Stevens, Annie Clark (St. Vincent), Richard Reed Parry (multi-instrumentista de Arcade Fire), entre muchos otros.

THE NATIONALLa introducción de “I Should Live In Salt” destaca por el delicado sonido de la guitarra acústica, que con total naturalidad configura una sensible melodía, donde resalta la nítida voz de Matt Berninger y que posteriormente se complementa a la perfección con la precisa participación de la batería. “Demons”, el primer sencillo de la placa, ofrece una instrumentación mucho más trabajada, con una exquisita variedad de arreglos y una voz mucho más oscura y profunda. Con los primeros dos cortes ya se evidencia que la energía e intensidad no serán los protagonistas del álbum, y así lo ratifica el segundo single, “Don’t Swallow The Cap” que, a pesar de incrementar la velocidad de la mano de la base rítmica que propone la batería de Bryan Devendorf y el teclado de Aaron Dessner, no termina por despegar. Con “Fireproof” el ambiente se vuelve a inundar de toda la belleza y sensibilidad de los sonidos más íntimos y delicados, estructurando una pieza llena de sentimiento y nostalgia. El track más corto de la placa, se transforma así, en una de sus más preciosas gemas. El disco continúa con “Sea Of Love”, canción que propone una melodía mucho más intensa y dinámica, con elementos más sintetizados y finas apariciones del sonido de la armónica.

Las revoluciones vuelven a decaer con “Heavenfaced”, un tema que nuevamente apuesta por las ejecuciones más suaves y pausadas, delegando la responsabilidad de la pieza en su vocalista, quien aporta con la energía justa y necesaria para fundamentar otro de los buenos cortes del álbum. En “This Is The Last Time” la simplicidad de la guitarra de Bryce Dessner parece encajar a la perfección con la grave voz de Berninger, para posteriormente mutar a una atractiva melodía de medio tiempo que cautiva con cada uno de sus acordes, y que cierra la pieza en una secuencia a múltiples voces. Con “Graceless”, el álbum mantiene la consecuencia de su estilo, en donde la batería eleva las pulsaciones, y el resto de la instrumentación transita en un evidente segundo plano, en una sutileza muy bien trabajada, pero que no logra darle trascendencia a la canción. Otra de las hermosas melodías de la placa, “Slipped”, hace su aparición con finas pinceladas del sonido de un pandero y el teclado de Aaron Dessner, estructurando una base rítmica que transporta a otro plano y abstrae de la realidad.

THE-NATIONALEn el comienzo de la romántica “I Need My Girl”, las cuerdas vuelven a asumir el protagonismo, con un riff sencillo y llamativo, que se mueve sobre líneas sensibles transmitiendo buenas dosis de nostalgia. “Humiliation”, el corte más extenso de todo el disco, es también uno de los menos interesantes, no aportando nuevos matices o texturas, generando algunos ripios en la percepción general del trabajo. El sonido del piano se presenta nítido en “Pink Rabbits”, con el excelente acompañamiento de la percusión y una energía controlada, que presenta leves picos de intensidad, manteniéndose siempre en una línea sensible y mesurada. El fin de este hermoso viaje llega de la mano de “Hard To Find”, y no podía ser de otra forma, con una voz relajante, casi en una suerte de susurro, y una melodía brillante y cristalina, donde cada elemento pareciese funcionar en su justo volumen, invitando a la introspección.

La propuesta de The National con “Trouble Will Find Me” es clara y evidente, sonidos depresivos y melodías que exudan melancolía por cada una de sus líneas. Si a estos elementos le sumamos la áspera y oscura voz de Matt Berninger, se termina por configurar uno de los mejores álbumes de lo que va corrido de este 2013, transmitiendo una exquisita variedad de emociones y sensaciones que permiten cerrar los ojos y descubrir los sentimientos más profundos del quinteto. Simplemente no vale la pena hacer el ejercicio de comparar este trabajo con las anteriores producciones de los nativos de Cincinnati, ya que la evaluación estará directamente ligada al nivel de devoción que despierte la banda. Por mi parte, me quedo con el presente, que a todas luces se vislumbra cautivador y exitoso.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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