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The Melvins – Freak Puke

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Desde la década de los ochenta, The Melvins se las ha arreglado para lanzar a lo menos un disco al año. Reinventándose en cada uno de sus lanzamientos, los estadounidenses han mantenido un nivel envidiable en la escena más “undreground” del rock mundial, una carrera que fácilmente podría ser comparada con la de “The Residents”, tanto en su longevidad como en calidad musical. The Melvins se ha mantenido absolutamente vigente, y durante 2011, la banda estuvo de gira con una formación “Lite”, compuesta por Buzz Osborne (voz, guitarra), Dale Crover (batería, percusiones) y Trevor Dunn (bajo), con la cual han grabado los diez temas que conforman este “Freak Puke”, retornando al rock mutante y extraño que han sabido cultivar de forma muy particular durante su dilatada trayectoria.

Cuerdas, como las de una película de horror, dan el pie para “Mr. Rip Off”, un tema lento, donde el groove del bajo de Dunn y la batería de Crover, comandan una composición donde la guitarra de Osborne juguetea haciendo punteos y melodías que acompaña con su voz, en un tema 100% “Melvins”. Las cuerdas regresan en la inquietante “Inner Ear Rupture”, para luego fundirse con el comienzo de “Baby, Won’t You Weird Me Out”, tema donde la guitarra toma la batuta de la mano de unos gancheros riffs, impregnados del sonido que suena oreja y disfrutable, pero pasado por el filtro de los norteamericanos, se convierte en un engendro muy disfrutable. En esta misma línea llega “Worm Farm Waltz”, con sus coros “a lo Beatles” y una sección intermedia, donde el contrabajo y la batería se unen a las voces en uno de los tracks más interesantes del disco.

“A Growing Disgust” es la más rockera del conjunto, donde los solos de Osborne se convierten en el ingrediente principal. “Leon vs. The Revolution” comienza como un tema hard rock muy setentero, para mezclarse con la voz sintetizada de Osborne y algunos efectos electrónicos, que se dejan caer con todo en “Holy Barbarian”, marcando el retorno de la calma perturbadora, un lapsus siniestro que sirve para dar paso al tema que pone nombre al disco. “Freak Puke”, es más rock pesado para los marginados y “Let Me Roll It” (cover de Paul McCartney), con el bajo como columna vertebral, para que las guitarras y las voces completen un blues “a lo Melvins”.

Para el final, llega la composición más extensa de la placa, “Tommy Goes Beserk”, que en su primera sección se presenta como un tema “floydiano”, para luego convertirse en un rock casi playero, donde los punteos de guitarra vuelven a robarse la película. Las cuerdas regresan para poner fin a la música y dar lugar a la experimentación, cuando loops de voces y ruidos cierran la cortina de “Freak Puke”.

La dosis anual de The Melvins para este 2012, nos trae un grupo de canciones bastante accesibles para el público primerizo, sin descuidar la calidad y estampa que han cultivado durante sus tres décadas de existencia. Rock y blues para los marginados, esa es la apuesta de “Freak Puke”.

https://play.spotify.com/album/3DgPgs60IkPD0yAuhw06YV

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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