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The Mars Volta – The Bedlam in Goliath

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La innovación hecha música está de regreso, The Mars Volta contraataca con “The Bedlam in Goliath” su nueva placa en estudio y sucesor del multi influenciable “Amputechture” (2006). La agrupación liderada por Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala, no se cansa de deleitar con un nuevo trabajo experimental e innovador, ofreciendo a la “industria” musical un aire fresco y resucitador. Pese a que “Amputechture” y “Frances The Mute” (2005) no tuvieron el boom que su disco debut “De-Loused in the Comatorium” (2003), disco que los trajo a nuestro país en un breve show el 2004 bajo el cartel del festival SUE. la banda sigue continuado ese transformador sonido.“The Bedlam in Goliath” cuenta con la producción en las consolas del guitarrista Rodríguez-Lópezy nuevamente John Frusciante se une a las colaboraciones en las guitarras. Thomas Pridgen se hace cargo de la batería. Este nuevo trabajo lanzado en enero de este año es un disco conceptual, el cual, se centra sobre el juego de la Ouija que compraron en Israel y la mala suerte que le trajo a la banda.

Doce temas resume esta historia de juegos con el más allá, que pese a la mala suerte de inundárseles su estudio de grabación, realizaron un excelente trabajo, que retoma el poderío, la velocidad y los matices sonoros. Y “Aberinkula” y “Metatron” se encargan de subrayar dichos elementos. “Ilyena” y el single “Wax Simulacra” pone el tinte melódico y más lineal. Hasta el minuto, no han aparecido, las ya clásicas peladas de cable, lo que permite hacer un poco más digerible y masticable su sonido y concepto.

Sin duda que “The Bedlam in Goliath” es bastante directo, cayendo poco en las improvisaciones, un sonido que se extrañaba para una banda tan rica en raíces sónicas y “Goliath” detalla ese abanico donde reúne resonancias latinas sintetizados con la rudeza rock.

“Askepios” es lo más mezquino del disco al igual que “Tourniquet Man” que hubiese sido una gran “balada”, de no ser por, la distorsión vocal. “Cavalettas” es el tema más extenso del disco y pese a durar 9:32 no varia en ritmos. “Agadez” es un gran tema que pone una breve pausa a este veloz juego espiritual, matizada con el sonido latino que correo por las venas de The Mars Volta.

“Ouroboros” a percepción personal es mi tema favorito, donde reúne una melódica y frenética melodía que centra un contagioso coro. “Soothsayer” es la composición más atmosférica y diversa de The Bedlam in Goliath”, dejando de pisar el acelerador, da respiro a un álbum desbocado por un lineal camino. “Conjugal Burns” juega con ese gancho que es la Ouija, son voces de ultratumba y un incendiario ritmo pone termino a un cuarto material que aparte de consagrar su sonido, establece el concepto y política de The Mars Volta.

La banda tiene también planeado lanzar su primer DVD. Filmado por Jorge Hernández Aldana, el DVD consistirá en un concierto de la banda en su reciente gira australiana

Además, se esperan un filme de Rodríguez-Lopez que muestre la historia de la banda, que incluiría material de archivo y filmaciones del backstage. Otro es un disco en vivo similar a Scabdates, pero con temas de Frances the Mute y Amputechture.

The Mars Volta

Track list:

  1. Aberinkula
  2. Metatron
  3. Ilyena
  4. Wax Simulacra
  5. Goliath
  6. Tourniquet Man
  7. Cavalettas
  8. Agadez
  9. Askepios
  10. Ouroboros
  11. Soothsayer
  12. Conjugal Burns

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7 Comentarios

7 Comentarios

  1. alex deftones

    31-Ene-2008 en 3:38 pm

    ya lo tengo y es un disco muy bueno…. no esperaba menos de the mars volta :D…..

  2. jordaxe

    14-Mar-2008 en 12:15 am

    grande mars volta
    la media banda
    me gusta mas at the drive in la banda anterior de lopez
    me escuxo el disco lo antes posible

  3. panxo

    17-Mar-2008 en 8:06 pm

    aun no escuxo el disco pero tratandose de este pedazo de banda no cabe duda q sera bueno
    pero x lo q e escuxado no supera su gran de loused in the comatorium
    1 concejo escuxen (frances the mute) 2005

  4. CULA!!

    27-Mar-2008 en 5:29 pm

    este disco es lo mejor de lo mejor… es tremendamente bueno… no para de sorprenderme cada vez que lo escucho… y lo he hecho demasiadas veces… por lo mismo hize un articulo en mi blog para cada tema… intentar describirlo or completo era imposible… pero lo intente… si gusta leerlo…

    http://cuadernonegroypostal.blogspot.com/

    buen blog… felicitaciones!

  5. holy_kratos@hotmail.com

    23-Abr-2008 en 11:32 pm

    Excelente disco, sin dxda qxe mars volta es la banda qxe esta haciendo resxrgir los nxevos tiempos del rock sin dejar atras a qxellas raices tan exqxisitas qxe rodean a sxs mxsicos

    cxatro estrellas

  6. OsKar

    11-May-2008 en 6:45 pm

    Tengo el disco…

    Necestio k vueeeelvan a Chile!!!

  7. Chano

    02-Sep-2008 en 12:28 pm

    Estos tipos son de lo mejor, tienen que verlos en vivo, es algo totalmente distinto si les gusta la banda verlos tripear en el escenario es alucinante…..
    Gran Banda, gran disco….
    Deberian tener más temas en españo !!! y la rompen…

    Buen post viejo

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El Álbum Esencial: “A Night At The Opera” de Queen

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A Night At The Opera

Al abrir la versión en vinilo de “A Night At The Opera” (1975) uno se encuentra con una imagen reveladora en su funda interior: una foto de Queen en vivo, adueñados totalmente de su hábitat natural, el escenario. Ciertamente es una sentencia, es el retrato de una agrupación que nació para ser grande y con este disco lo logró con creces, se ganó la inmortalidad. Además, como si fuera poco, tuvo el doble mérito de ser el gran salvavidas de las arcas de la banda en momentos en que su relación con el sello Trident llegó a su punto más bajo. Era muy difícil imaginar que podían facturar un verdadero testamento sónico mientras atravesaban una situación tan turbulenta con su casa grabadora, sin embargo, la placa fue la coronación definitiva para cuatro compositores que lograron confluir canciones muy distintas, aunque siempre dentro de su estética clásica, pese a los tormentosos tiempos que enfrentaban.

Gracias al arrollador éxito obtenido por el tercer disco, “Sheer Heart Attack” (1974), y especialmente por el single “Killer Queen”, Freddie Mercury, John Deacon, Roger Taylor y Brian May llegaron a lo más alto en los rankings musicales de todo el orbe y eran recibidos por hordas de fanáticos en países como Japón o Estados Unidos, no obstante, el dinero seguía siendo esquivo para la banda. Cuando firmaron el contrato con Trident Studios en 1972, el acuerdo consistía en que iban a grabar el disco para la compañía productora y luego esta se lo vendería a la casa discográfica, hecho que provocó que Queen no recibiera las regalías de los trabajos que vendían y, obviamente, provocó una crisis económica mayúscula entre sus integrantes.

Toda la rabia causada por esa situación se vio reflejada en una de las canciones más belicosas jamás creadas por Mercury: “Death On Two Legs (Dedicated To…)”, una verdadera declaración de odio cuya progresión de piano se tiñe con un tono siniestro gracias al tritono de la guitarra de Brian May, un riff que el herido Freddie creo en el piano y que el ondulado guitarrista va marcando con su Red Special. La música logra reflejar el hastío, la falta de respeto y lo vulnerado que se sentía el frontman en ese período, pero también la presión a la que estaban sometidos debido a las deudas que contrajeron con todo su equipo de iluminadores, tramoyas, entre otros, a causa del inconveniente con Trident. Así las cosas, terminaron su trato y recurrieron al mánager John Reid para que pudiera salvarlos de todo ese infierno que estaban viviendo. Las palabras de Reid simplemente fueron: “entren al estudio y hagan el mejor disco de sus vidas”.

Para Queen esto era de vida o muerte; si el disco no era exitoso, no tendrían otra opción que separarse. Este fue un factor determinante que los llevó a usar el estudio como un laboratorio para sacarle el mayor provecho posible, tal y como había hecho Jimi Hendrix y The Beatles antes que ellos, influencias directas para crear canciones tan eclécticas como “Lazy On A Sunday Afternoon”, en la que el ingeniero Gary Lyons y el productor Roy Thomas Baker utilizaron el efecto “megáfono”, que consistía en que las voces cantadas en el estudio se reproducían en unos audífonos metidos en una lata de metal y luego un micrófono recogía ese sonido desde la lata. El increíble crisol de voces y el perfeccionismo de la agrupación consiguió que el proceso fuera un período de gran aprendizaje, además de propiciar que todos los integrantes se sintieran a sus anchas para incluir sus aportes.

Precisamente, el hecho de que cada miembro era un compositor en sí mismo ayudó a que el disco tuviera distintas caras y, a su vez, reflejara las personalidades de cada uno. Acostumbrado a dejar su estampa en cada publicación, el aporte de Roger Taylor en “A Night At The Opera” –nombre que sacaron de una película de los Hermanos Marx– es ciertamente uno de sus puntos cúlmines. Cuando el baterista de voz rasposa le presentó el demo de “I’m In Love With My Car” a Brian May, este pensó que era una broma, pero nada hacía presagiar que una canción dedicada a Jonathan Harris (roadie de la banda que compartía el fanatismo automovilístico con Taylor) llegaría a ser tan importante como para ocupar la cara B del single de “Bohemian Rhapsody”, y con esto el baterista terminaría ganando la mitad de los beneficios económicos de la ventas del single. Esta no es la típica canción de Taylor, que siempre defendió un estilo encajado en los cánones del rock más convencional, tanto en canciones lentas como en otras más aceleradas, es una composición excesiva y abultada con una exquisita mezcla de voces que agregan dramatismo y que termina con el rugido furioso de su auto, el Alpha Romeo.

La poderosa intromisión de Roger contrasta con la delicadeza de “You’re My Best Friend”, compuesta por John Deacon. El bajista emergió desde las sombras y creó lo que sería el primero de varios éxitos para el conjunto, entre los que más tarde se incluirían “Another One Bite The Dust” o “I Want To Break Free”, además facturó quizá una de las composiciones de amor más bellas de la historia de la banda, y eso que pueden regodearse de tener varias. Este es un ejemplo de cómo las armonías constituyen una de las mejores armas secretas de la agrupación, ya que pareciera que van contando historias paralelas que se suman al fino teclado Fender Rhodes al estilo Motown tocado por el mismo Deacon, quién batalló con los demás para sacarla como single, en una jugada que terminó siendo acertada. No cabe ninguna duda de que, con esta cara más amable, la banda quería apostar a la masividad y tuvieron razón: hasta el día de hoy es una de las favoritas de las radios estadounidenses.

En la otra cara de la moneda, “‘39” no corrió la misma suerte, a pesar de que Brian apostó todas sus fichas para que la sencilla canción de folk espacial llegara al gran público, pero solo logró que quedara como cara B del single compuesto por Deacon. Es impresionante como May logró poner la ciencia al servicio de una canción que trata sobre un astronauta que viaja por el universo para descubrir nuevos mundos, pero que, traicionado por la teoría de la relatividad y la velocidad de la luz, regresa al cabo de cien años de una travesía que para él solo duró uno, formulando así una gran alegoría sobre los sentimientos de un artista que tiene que abandonar a sus seres queridos para salir de gira y encontrar que todo ha cambiado a su regreso.

Otras canciones como “Sweet Lady”, una descarga total de adrenalina rockera en la que May desborda riffs afilados y solos monumentales, “Good Company”, una reposada tonada compuesta con un ukelele-banjo que intenta emular el jazz de los años veinte, o la descomunal “The Prophet’s Song”, obra grandilocuente llena de recovecos instrumentales, que Brian toca con la guitarra afinada de manera distinta para darle más profundidad al instrumento y en la que se vierten todas sus fantasías musicales cercanas al rock progresivo, nos hablan de un guitarrista que siempre buscaba colores distintos, sin que esto necesariamente abrumara a los oyentes con complejidades que no pudieran entender, sino que aportaba detalles sorprendentes que transformaban cada canción en un viaje.

En ese sentido, May contaba con una tripulación que podía conducir ese periplo a los parajes sonoros más impresionantes que la música popular haya conocido, y para esto, nadie podría haber tomado mejor el timón –o el control del transbordador espacial para estar más a tono con Brian– que Freddie Mercury, un personaje totalmente teatral y dueño de una adaptabilidad melódica y lúdica como podemos apreciar en “Seaside Rendezvous”, o que puede lucir desgarrado, desnudo y sensible en una de sus baladas más conocidas, “Love Of My Life”, dedicada a Mary Austin, a quienes muchos señalan como el verdadero amor de la vida de Freddie,  en la que hace gala de un registro que proyecta emoción y romanticismo con una precisión inconmensurable. La forma de ser extrovertida y desinhibida de su actuación en vivo le aseguran su lugar en la historia como uno de los mejores showman de la historia, pero Freddie era mucho más que eso.

Sólo un músico de una calidad tan extraordinaria podría haber dado vida a una pieza tan trascendental como “Bohemian Rhapsody”, un verdadero monumento artístico que muchos han intentado interpretar, pero cuyo real significado se fue a la tumba con Mercury. La canción rompió todos los moldes posibles en una época en que los singles tenían que durar tres minutos; demasiado críptica para ser un éxito, decían algunos. Además, no sigue ningún esquema convencional de composición, está plagada de flashbacks y flashforwards, conectando ideas que a simple vista carecen de todo sentido. Aun así, su principio a capella, la secuencia de guitarra, piano, bajo y batería, el interludio operático, el final al más puro estilo del hard rock más afilado y sus referencias a personajes clásicos como Scaramouche, el payaso de la commedia dell’ arte; Galileo, el astrónomo, y Belcebú, entre otros, se unen en un hechizo mágico que todavía logra encantar a generaciones.

“A Night At The Opera” no solo marcó un punto de inflexión en el desarrollo artístico de la agrupación británica, sino que logró salvarlos de la quiebra total gracias a sus tres millones de copias vendidas, lo que les abrió la puerta para tocar ante cien mil personas en el Hyde Park de Londres y los catapultó para siempre como el mejor acto de rock en el planeta. De hecho, ese fuego espiritual que sale de los parlantes cuando el álbum cierra con “God Save The Queen” nos hace sentir en un estadio, logra que veamos a Mercury con su capa de rey recorriendo el escenario con la corona en la mano. Cuando un disco sigue impresionando de forma constante y se mantiene fresco sin que su pomposidad lo vuelva anticuado, es porque supera el paso del tiempo y se transforma en un verdadero golpe a la cátedra, efecto que Queen logra con una capacidad casi tan grandilocuente como su sonido.


Artista: QueenA Night At The Opera

Disco: A Night At The Opera

Duración: 43:10

Año: 1975

Sello: EMI / Elektra


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