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The Kooks – Konk

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Los Kooks vendrían a ser una aceptable representación actual de lo que bandas como The Kinks hicieron en los sesenta: melodías alborozadas para alegrar el corazón, guitarras briosas y compases enérgicos que conforman un sonido sólido y eficaz, el cual podría animar cualquier tipo de ambiente con facilidad. Cuatro jóvenes ingleses que se divierten haciendo música divertida, hablando de lo mismo que siente un veinteañero y dejando fluir todo ese carácter animoso en su puesta en escena, en su exitosa ópera prima, ‘Inside In/Inside Out’ (2006), y en este, su último trabajo a la fecha titulado ‘Konk’, un álbum tanto o más pegadizo que su primera hazaña, y que se traduce como un notable intento por volver a confirmar el talento innegable que esta banda proveniente de Brighton posee.

‘Konk’ fue registrado en Konk Studios, sala de producción perteneciente a Ray Davies (The Kinks) -de ahí el nombre-, y posee un sonido casi idéntico a ‘Inside In/Inside Out’; casi, pues se puede apreciar ligeramente una valiosa mejora en la producción y comprensión de los instrumentos, a cargo del prestigioso productor Tony Hoffer (Dave Gahan, The Fratellis, Belle & Sebastian, etc.).

En una primera instancia, ‘Konk’ podría sonar uniforme a su anterior placa, pues está conformado de canciones construidas bajo el mismo método aplicado en 2006, planteándose los mismos conceptos narrativos, haciendo uso de las recurrentes armonías que funcionan perfectamente como una segunda parte de su anterior trabajo. No obstante, el segundo álbum de los británicos es más que una aparente continuación, es un compilado de canciones que en cierta medida que buscan fortalecer el sonido de una banda de pop-rock fiel a sus raíces y satisfecha de seguir haciendo lo mismo y haciéndolo bien… o quizás mejor, pues lo que muchos creyeron en 2006 aun es cierto, The Kooks es una de las propuestas emergentes más exitosas de la década.

Al igual que en ‘Inside In/Inside Out’ y “Seaside”, ‘Konk’ comienza con suavidad, presentando una sofisticada y muy anglosajona tonada en “See The Sun”, que en menos de lo que se espera se desvanece rápidamente para dar cabida a los inquietos rasgueos de las cuerdas rítmicas que el vocalista Luke Pritchard esboza reciamente. Gran tema que precede de otro mejor, probablemente el mejor del álbum, “Always Where I Need to Be”, primer single de ‘Konk’ y un excelente ejemplar de carácter pop escurridizo y jubilosamente adhesivo, de lo mejor del álbum. “Mr. Maker” es un concierto pop en potencia, una melodía inolvidable que intenta simular ritmos más añejos, y aunque no lo logre del todo, se trata de uno de los temas más entrañables del disco.

“Do You Wanna”, tercer single del álbum, es palpablemente diferente a lo que estaban acostumbrados a hacer estos chicos, pues se logra apreciar un aire más maduro en su melodía, y en la potencia hipnotizante del coro repitiendo el nombre del tema con logrados matices. Uno de los principales atractivos del grupo es la singular voz de Pritchard, que se destaca mejor en este álbum, y que se eleva juguetonamente en la siguiente pista, “Gap”, pero se desinfla despiadadamente en su coro, y en “Love It All” se transforma en una empalagosa propuesta de 2:50 min. Que no consigue convencer del todo. Por suerte continúa “Stormy Weather”, y el joven guitarrista Hugh Harris (20 años) opta por un rasgueo de cuerdas más britpop del alegre, y junto a una predominante línea en el bajo -del nuevo integrante de la banda, Dan Logan-, retoma las riendas y reafirma la dirección del disco.

Sigue “Sway”, un tema vacío que a pesar de desplegar un ligero impulso de ingenio a medida que transcurren los segundos, no sobresale tanto como lo hace “Shine on”, segundo single y notable pieza melodiosa que resume todas las buenas intenciones de The Kooks por crear una balada plausible en esta nueva producción. “Down to the Market” es movida y refrescante, y está compuesta de una estructura perspicaz, y que no resulta tan monótona como en otras ocasiones acostumbra a sonar la banda. “One Last Time” pasa desapercibida por lo lisa y aburrida que es, y el disco finaliza con “Tick of Time”, temón acústico irresistible, donde se esconde en el final la inédita “All Over Town”, cerrando así correctamente esta segunda placa de The Kooks.

‘Konk’ es un disco dispar a diferencia de ‘Inside In/Inside Out’, pues no posee tantos temas buenos como en su ópera prima, sin embargo los que sí son buenos de este nuevo álbum son mucho mejores que cualquiera de sus anteriores canciones. La inclinación por melodías más pop y asimismo más pegadizas, ha traído buenos frutos en la banda, y se nota, aunque muy poco, una madurez sonora por parte de sus integrantes. Evidentemente, estos ingleses buscan apuntalarse con un sonido característico e innovador, y así como van de seguro lo obtendrán.

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16 Comentarios

16 Comentarios

  1. javiera

    28-Ago-2008 en 1:09 pm

    woo sin son lo mejor los amoo amo su musica sus gritos toodoo aw (L)

  2. Daniela

    08-Sep-2008 en 10:27 pm

    wn do you wanna es la kga!!!!
    desvario con esa

  3. Javy

    03-Nov-2008 en 7:15 pm

    mmm.. creo que prefiero Inside in/ Inside out.
    mmmm…. creo que me se todas sus canciones xd

  4. jabitoh!!!

    28-Nov-2008 en 3:37 pm

    la wea javiera….jajaaja..nna po..son lo maximo..igual…toy caga de calor y eso ..se cuidan….ken kere ir con uo a ver a radiohead..jiji..no kero ur solito!

  5. jabitoh!!!

    28-Nov-2008 en 3:38 pm

    naa k er mi comentario jaajaja!..

  6. diego

    07-Ene-2009 en 5:12 pm

    Llegué a este comentario de disco por casualidad. Debo reconocer que no soy fan de the kooks, prefiero muchas bandas rockeras actuales antes que ellos (the libertines, kings of lyon, white stripes, the strokes, cajun dance party, the raconteurs, BRMC, en fin, varias más) y que se la juegan por una sonoridad más genuina. El asunto es que gracias a una mirada bastante benevolente y sólo por la obsesión de encasillar, probablemente en 20 o 30 años más grupos como the kooks o the jets, o incluso los mamones de keane, sean circunscritos junto a los nombrados anteriormente. Dicho lo anterior me remito a lo que considero una grosería. Es un despropósito mayúsculo comparar a the kooks con the kinks y más aún reducir a estos últimos a “melodías alborozadas para alegrar el corazón”. ¿Qué carajo es esa frase sacada de tarjeta de village?. The kinks, the who, the creation y small faces, entre otras agrupaciones mod, además del innegable aporte de the beatles, son el antecedente directo del brit pop, y ninguna de ellas son encasillables sólo en melodias alegres, al contrario sus discos están colmados de sonoridad meláncolica y sombría. Recomiendo al autor del articulo escuchar “something else by the kinks” o “face to face” para que caiga en cuenta del disparate que ha escrito. Por ultimo The Kinks no es sólo “You really got me”.

  7. Sebastián Chávez Peña

    07-Ene-2009 en 8:20 pm

    Estimado:

    A lo que me refiero yo en esta frase: “Los Kooks vendrían a ser una aceptable representación actual de lo que bandas como The Kinks hicieron en los sesenta” es claro, pero quizás puede comprenderse de otra forma. Jamás la música de la gloriosa década de los sesenta será igual a la de hoy. Es imposible la comparación, la haga yo, usted o cualquir crítico de prestigio. El sonido de hoy es notoriamente de menor calidad en cuanto a composición. Ya todo se ha hecho, y la reinvención de los estilos es una hazaña que no muchas bandas logran concretar. Usted menciona a Kings of Leon, tipos que hacen buena música, claro, pero nada original, al igual que los Kooks. Pero el power pop que hacen es notable en este disco, con buenas melodías pop que por más que tratan de ser la gran novedad, nos resultan completamente familiar a los grandiosos The Kinks. Ahora bien, en ningún momento yo digo que suenan igual, para nada… pero sí son una aceptable representación de ese power pop que la banda ha sabido hacer muy bien, en tiempos modernos. En fin… no haré caso a su recomendación, ya que he escuchado a más no poder los grandiosos discos ‘Something Else By The Kinks’, el ‘Face to Face’, así como también el magistral ‘The Kinks Are the Village Green Preservation Society’ y el excelente ‘Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire)’, lo que supongo responde a su sentencia “The Kinks no es sólo “You really got me”; en eso estamos más que claros.

    Yo creo que es hora de dejar los viejos discos y tratar de abrir los oídos a la música nueva con un estilo nuevo, no tanto volver a escuchar aquellas bandas nuevas que hacen música que ya se hizo antes, aunque estas bandas sean muy buenas (como los Black Keys por ejemplo), ya que cuando seamos adultos vamos a recordar nuestras generaciones con una identidad falsa. La música de ayer es incomparable con la de hoy, ese es un tema que nadie en el mundo debería discutir, pero también la música de ayer tenía otro contexto, espero que algún día comprendamos cuál es el nuestro. Y por si no queda claro lo diré de una buena vez: la música de antes era mejor. Pero vamos… no nos quedemos en el pasado.

    PD: Con respecto a su pregunta: “melodías alborozadas para alegrar el corazón”. ¿Qué carajo es esa frase sacada de tarjeta de village? Mi respuesta es sí… plagié aquella sentencia de una tarjeta melosa de san Valentín. ¿Cómo usted me ha descubierto?

    Saludos.

  8. diego

    11-Ene-2009 en 8:12 pm

    No comparto en lo absoluto la sentecia, bastante grandilocuente por lo demas, de que todo se ha hecho. Es principalmente la búsqueda de un sónido genuino lo que diferencia a las grandes bandas de los farsantes. Y eso no es patrimonio exclusivo de ningún periodo. Como antaño, hoy existen excelentes bandas y otras no tanto. Y siempre habra un referente.En los sesenta se colgaron del blues, del rythm and blues, del jazz y otros géneros para conformar el rock y no por eso fueron menos auténticos. Esa frase manida de que todo tiempo pasado que se usa para tantas cosas y

  9. diego

    11-Ene-2009 en 8:32 pm

    No comparto en lo absoluto la sentecia, bastante grandilocuente por lo demas, de que todo se ha hecho. Es principalmente la búsqueda de un sónido genuino lo que diferencia a las grandes bandas de los farsantes. Y eso no es patrimonio exclusivo de ningún periodo. Como antaño, hoy existen excelentes bandas y otras no tanto. Y siempre habra un referente. En los sesenta se colgaron del blues, del rythm and blues, del jazz y otros géneros para conformar el rock y no por eso fueron menos auténticos. Esa frase manida de que todo tiempo pasado fue mejor y que se usa para tantas cosas y abunda en los labios de abuelos delirantes no la comparto. Siempre hemos estado igual de mal. En los primeros ochentas la musica se refresco con el new wave, el no wave, el noise, etc. Aparecieron bandas como P.I.L. que parecian de otro planeta y su influencia fue incalculable. Lo mismo en los noventa y estos últimos años. Personajes como Beck, Arcade Fire, Lcd Soundsystem o Tv on the radio, por nombrar a los primeros que se me vienen a la cabeza, no tienen, en lo absoluto, que envidiarle algo a cualquier banda de décadas anteriores. Y tampoco son una mimesis. En fin, sigo pensando que la comparación de The Kooks con The Kinks, aúnque sea tangencial, no es acertada, porque los primeros son una banda menor (hasta ahora, uno no es oráculo), que si es un refrito del manoseado indy. Y no sufro de nostalgia.

    Saludos.

  10. Sebastián Chávez Peña

    11-Ene-2009 en 11:37 pm

    Lcd Soundsystem, Tv on the radio, Mmmm…

    Frank Zappa editó más de 80 álbumes en su vida. Y ninguno malo.

    Grupitos…

  11. diego

    12-Ene-2009 en 1:59 am

    Grupito es The Kooks, se pierde en la infinidad de bandas que hacen lo mismo que ellos. Ya me aburre seguir hablando de esto. Lcd o tv on the radio se sostienen con sus discos. Si no te gustan sigue escuchando el Konk. Por último a mi también me gusta bastante Frank Zappa, claro que no he escuchado sus más de ochenta albumes, todos buenos por lo me cuentas.

    saludos

  12. Sebastián Chávez Peña

    12-Ene-2009 en 2:33 am

    Sí, yo igual me aburrí. Además el Konk es un disco que escuché sólo para escribir esta crítica, y the Kooks no es una banda que me guste tanto como para seguir esta charla. No lo merece, más que nada.

    PD: Yo me los he escuchado casi todos los de Zappa. No todos son una obra maestra, pero ninguno malo sabes. Ninguno.

    Saludos.

    [Fin del tema]

  13. charlie

    16-Ene-2009 en 2:46 pm

    No, ( de Zappa) 15 son buenos y el resto son un solemne letárgo.

    Saludos.

  14. eri

    04-Abr-2009 en 2:02 pm

    Estoy de acuerdo con el editor del articulo las bandas de antes era mejores pero es cierto hay que estar abiertos a nuevas propuestas que se ven influenciadas por musica de antaño que nunca vamos a olvidar y no hay que
    vivir en el pasado pero almenos si recordar o que es bueno, en lo personal the kooks es mi banda favorita asi sean la copia de un grupo de los años 70 o no
    ellos son los que son de mi etapa pero esto son menospreciar a los grupos de antes.

  15. Raul

    19-Jul-2009 en 12:40 pm

    ooo porfin hablan de the kooks pero me ubiera gustado que hayan hecho el mismo analisis pero con el primer disco ya que las cancione de su primer disco contienen canciones que demuestran claramente el enfoque que tiene esta banda hacia la musica …. temas como naive, eddies gun, time awaits, sofa song, see the world, matchbox, come on down que es un tema que no se si es un cover pero es muy bueno y mucho otros temas que no salen en los discos que son muy buenos eso ojala respondan saludos

  16. Abel

    28-Mar-2014 en 9:27 pm

    SOY UN GRAN FANATICO DE THE KOOKS, Y LO QUE OPINA DIEGO ES DE VIEJO CHOTO! ASI NOMAS, VALORA QUE ES BUENA MUSICA, QUE SABES QUE SUBESTIMAS QUE NO SON COMO LAS BANDAS DE LOS 60?? SON JOVENES TODAVIA, A MILLONES DE ARTISTAS LOS HAN CRITICADO Y HOY SON LO QUE SON COMO A COLDPLAY, A CHRIS MARTIN LE DIJERON CON ESA VOZ NO CANTAS NI EN TU CASA.. Y HOY ES UNA DE LAS MEJORES BANDAS DE POP.. Y SI HABLAMOS DE BRIT-POP THE KOOKS MANTIENE UNA BASE DE TODO ESO, DEFENDIENDO DE LO QUE ES DE SU TIERRA, MAS CON EL DISCO JUNK OF THE HEART QUE ES MAS TRISTE QUE KONK, PERO SON MUY BUENA BANDA, CON UN GRAN FUTURO

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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