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The Hives – Lex Hives

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Tuvieron que pasar cinco años desde su anterior larga duración, “The Black and White Album” (2007), para que los suecos de The Hives editaran nuevo material, y el retorno a las pistas corre por cuenta de su quinto disco de estudio, el que fue producido por el multifacético Josh Homme (líder y vocalista de Queens of the Stone Age) y editado bajo el propio sello discográfico de la banda: Disque Hives. Quizás la principal crítica que podría hacerse a “Lex Hives”, es que no se diferencia en mucho de sus anteriores trabajos, pero cuando se han conseguido tan buenos réditos con la fórmula que combina letras simples y melodías pegajosas, ¿acaso es necesario cambiar el repertorio?

El comienzo del disco es una clara invitación a subir las revoluciones y prepararse para un viaje lleno de energía y potencia, con la motivadora “Come On”, que no es otra que esta frase repetida en reiteradas ocasiones sobre una rápida base de guitarras y batería. El disco mantiene la fuerza con “Go Right Ahead”, el primer sencillo que se desprende de la placa, y que fiel al estilo de The Hives, se caracteriza por un coro pegajoso y una melodía intensa. La siguiente canción, “1000 Answers”, no es del todo desconocida, ya que forma parte del soundtrack del videojuego de deportes extremos SSX, y a medida que empieza a sonar, nos damos cuenta de las razones por las cuales fue elegida para musicalizar el juego: un ritmo que no escatima en fuerza y adrenalina que fluye en cada una de sus líneas. “I Want More” apuesta por una melodía más tranquila, bajando la energía y delegando el protagonismo en la textura punk/rock de la voz de Howlin’ Pelle Almqvist. El disco vuelve a llenarse de fuerza de la mano de “Wait A Minute”, con un estribillo bastante alegre y lúdico, que conforma la esencia de la canción y que funciona a la perfección con los ritmos acelerados de la base melódica. El cierre de la primera parte del álbum está a cargo de “Patrolling Days”, que aporta en energía, pero que no termina de convencer.

La segunda parte del disco comienza con “Take Back The Toys”, un sonido muy cercano a lo que nos tiene acostumbrado The Hives, con un coro potente y una melodía que crece en velocidad a medida que avanza la canción. “Without The Money”, hace un cambio en 180º grados respecto al resto del disco, sonando lo más parecido a una balada que se tendrá en toda la placa. El pequeño intermedio de relajo termina con “These Spectacles Reveal The Nostalgics”, que trae de vuelta los sonidos más punk de la banda y en donde en menos de dos minutos se refleja todo el desenfreno y energía de los suecos. El estilo vuelve a variar con “My Time Is Coming”, que en sus primeros acordes sugiere una melodía más tranquila, pero que de inmediato cambia en base a un potente riff, ganando en fuerza y entusiasmo. Casi de improviso las revoluciones se vuelven a elevar con la rapidísima “If I Had A Cent”, que no escatima en velocidad y que hacia el final tiene una pequeña pausa, casi como tomando aire para cerrar el tema lo más potente posible. La canción a cargo del cierre es “Midnight Shifter”, que tiene una melodía un tanto playera, haciendo recordar los mejores momentos de The Beach Boys y que se destaca por sonidos alegres, llenos de energía y vitalidad.

Quizás este álbum no destaque por su originalidad, ni mucho menos por la búsqueda de nuevos sonidos, pero no existen dudas respecto al entusiasmo y energía que proyectan cada uno de sus cortes. Quizás la clave para disfrutar de este trabajo no sea mirarlo como una experiencia totalmente nueva, sino considerarlo como una continuación de todo lo bueno que ha logrado The Hives en sus anteriores cuatro producciones.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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