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The Flaming Lips – “Oczy Mlody”

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The Flaming Lips es una banda que ha definido su trabajo en los límites de la experimentación, tanto sonora como visual. Ahora, al leer el título “Oczy Mlody” se podría pensar que es un invento gestual de la agrupación liderada por Wayne Coyne, sin embargo, esto es nada más que la traducción al polaco del inglés “Eyes of the young”. Si ya lo anterior -y haber invitado nada más y nada menos que a Miley Cyrus a cooperar en un tema- no se torna lo suficientemente raro, debemos decir que última entrega de los Lips es de esas que se llevarían a un viaje fuera de la Tierra. Con fuertes influencias del space pop, psicodelia pura, krautrock y dream pop, la última producción de los de Oklahoma termina por abrazar esa oscura realidad que se comenzó a hacer presente ya en 2009 con “Embryonic” para consolidarse en 2013 con el lanzamiento de “The Terror”, haciendo que su fase actual de experimentación se vaya alargando aún más.

“Oczy Mlody” parte de manera instrumental con el drama galáctico del mismo nombre y que no hace nada más que demostrar cuál será la tónica sonora de la mayoría del disco. Por lo mismo, el paso a “How??” es casi imperceptible hasta que se escucha la voz de Coyne, dando lugar a una canción con una temática un poco más política, pero que no logra ser completamente combativa. Al parecer, el Espacio es algo más pacífico que la Tierra. “There Should Be Unicorns” sería la canción con que Lovecraft hubiera musicalizado el momento en el que Cthulhu se daba una ducha. Sonidos electrónicos graves, voces reververantes, ecos y un constante goteo de batería programada son los detonantes de los casi cinco minutos que dura. Le sigue “Sunrise” (Eyes Of The Young)”, que es fácil de calificar como poliforme, pues por sus variaciones de texturas y ritmos, podría dividirse en tres o cuatro piezas distintas.

Se retorna a los instrumentales con “Nigdy Nie (Never No)”, la que se hace eco de la participación humana mediante un batir rítmico de palmas y la ejecución de voces resonantes que se proyectan hacia el infinito. Quizás no va a parecer acertada la siguiente aseveración, pero “Galaxy I Sink” recuerda, en la cadencia de percusiones (electrónicas, pero percusiones al fin y al cabo), a una composición marcial acompañada del uso de alucinógenos. Si bien, siempre se mantiene la unidad rítmica en el disco, los seis minutos y fracción que dura “One Night While Hunting For Faeries And Witches And Wizards To Kill” son los más despiertos de “Oczy Mlody”. El sopor se abre también con “Do Glowy”, a la que podemos adjudicarle un uso más agresivo de las máquinas y, por lo mismo, un leve giro en la atmósfera general de la producción.

Lo más dream pop y, de cierta manera, sacado del sonido característico de The Flaming Lips podría ser “The Castle”, pero no hay que dejarse engañar, pues posee una lírica bastante triste que habla sobre la inconstancia de la vida misma, las batallas internas y de cómo la anhelada paz se logra visualizar en este castillo fuera de la tierra, lejos de todo aliento. “Almost Home (Blisko Domu)” tiene una vibra musical un poco ligada a oriente, y esto no es algo tan descabellado viendo que la letra dibuja ciertos campos de la filosofía espiritual que perfectamente pueden ser encontrados en las disciplinas pertenecientes a ese sector del mundo. El álbum cierra con la colaboración de Miley Cyrus en “We A Family”, y así es como un viaje que comienza en esa soledad del ser se transforma en una elegía a la otredad, a sentir que es necesario volar a otras estaciones para lograr el autoconocimiento necesario para abrazar la existencia de los demás.

“Oczy Mlody” es un álbum que, en comparación con otros trabajos de los Lips, no logra ese eclecticismo melódico. De hecho, salvo contadas excepciones, no sube mucho las revoluciones, resultando un poco tedioso. Líricamente, y sobre todo partiendo de la base del uso del polaco en el título y en los nombres de algunas canciones del set, podemos encontrar a la banda de Coyne haciendo una apología a las palabras y de cómo la comunicación se ha perdido por el mal uso de estas o por no dejar que gatillen ciertos significados propios que se reflejen no tan solo en el habla, sino que en los estratos más profundos del alma.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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