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The Dead Weather – Dodge And Burn

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Luego del aclamado “Horehound” (2009) y el oscuro “Sea Of Cowards” (2010), hubo un acelerado viaje para los integrantes de The Dead Weather. Alison Mosshart se dedicó a The Kills para presentar “Blood Pressures” (2011), mientras que Jack White se aventuró como solista con “Blunderbuss” (2012). Dean Fertita ayudó a gestar el regreso de Queens Of The Stone Age con “…Like Clockwork” (2013) y Jack Lawrence siguió trabajando con The Greenhornes y City And Colour. Gracias a esto, la banda quedó congelada sin saber nada sobre su futuro, lo que cambió este año, ya que el anuncio de “Dodge And Burn” dejó a la crítica y a los fans igual de sorprendidos frente al regreso del grupo.

THE DEAD WEATHER 01La canción inicial, “I Feel Love (Every Million Miles)” se alza como una obertura llena de energía, algo que difiere de los discos anteriores. El riff, si bien es interpretado por Fertita, tiene el sello característico de White, mientras que la voz de Alison Mosshart entrega una desgarradora interpretación, de las más sólidas del disco, a pesar de ser sólo el comienzo. Una de las particularidades de este LP, es el hecho de que algunos tracks fueron grabados de manera conjunta, lo que queda en evidencia en el puente entre la canción inicial y “Buzzkill(er)”, donde White se luce impecable en la batería, instrumento que se puede definir como el que mejor domina. Jack Lawrence –o Lil’ Jack, como también es conocido- entrega bestiales líneas de bajo, demostrando que cada integrante cumple un rol indispensable en el sonido de The Dead Weather.

Ese proceso de “aclarar” y “oscurecer” al que apela el título, se refleja en “Let Me Through”, gracias a sus intervalos entre instrumentos “limpios” y una potente distorsión, que crea un equilibrio muy presente en el disco; algo así como un paralelo entre “Horehound” y “Sea Of Cowards”. La variedad sonora que la banda persigue desde sus inicios llega en “Three Dollar Hat”, con una batería y bajo de base hip hop, donde White despliega rimas sobre el teclado de Fertita, para luego pasar a distorsión pura adornada por la voz de Mosshart, algo que vuelve a justificar el título del álbum. El teclado toma más protagonismo en “Lose The Right”, ya que es Lil’ Jack quien brinda los riffs con su bajo, mientras que White vuelve a hacer gala de sus clásicos redobles y particular estilo de tocar la batería.

Una de las críticas que se le han hecho a este trabajo fue el exceso de adelantos, ya que ocho de las doce canciones fueron lanzadas antes de su publicación; aun así, la banda supo hacer intervalos entre lo nuevo y lo ya presentado para mantener un hilo conductor en la obra. “Rough Detective” se une con “Open Up”, quedando como verdaderos hits para el catálogo del grupo. Ambas, estrenadas como singles, significaron el regreso discográfico del cuarteto manteniendo los elementos clásicos de su sonido: batería de impecable tempo, riffs con una incomparable esencia garage rock y cambios de ritmo dentro de la canción. La batería es el elemento principal de toda la banda, de eso no hay duda, siendo “Be Still” el track que ratifica aquello. Esta canción queda registrada como la prueba más fehaciente de la química existente entre los cuatro, siendo Fertita y White quienes más destacan en sus respectivos instrumentos.

THE DEAD WEATHER 02“Mile Markers” se desarrolla a través del bajo distorsionado de Lawrence, apoyado por la constante marcha de White y la voz de Alison prácticamente persiguiendo a sus compañeros. La inconfundible “atonalidad” del grupo se puede sentir en esta canción: cada instrumento hace lo suyo, y por muy fuera de tiempo que parezcan uno del otro, todo es parte de la estructura sonora del cuarteto. “Cop And Go” parte con el teclado, para luego ser acompañado por el resto de los instrumentos, con algunos cambios de ritmo y una transición directa hacia “Too Bad”, última canción acelerada del disco, que lamentablemente pierde el norte llegando a su conclusión. Es este punto el que más llama la atención: “Impossible Winner” cierra el álbum como una balada dirigida por un melancólico teclado, muy alejada de las conclusiones que la banda había entregado en sus anteriores trabajos. A pesar de todo esto, la canción se ve justificada en la diversidad sonora, clave fundamental en el proceso compositivo del grupo, y en la interpretación de Mosshart, que demuestra su versatilidad entre canciones de ritmo potente y suave.

“Aclarar y Oscurecer”, eso es lo que ha hecho The Dead Weather con sus dos álbumes anteriores, siendo este el que viene a cerrar la trilogía. Si bien no es un disco excelente, para el catálogo de la banda queda registrado como la fusión perfecta del sonido que han demostrado en sus casi seis años de carrera. Desde la resplandeciente luz de “Horehound” a la sombría oscuridad de “Sea Of Cowards”, todo se reúne en este punto, uno que a simple vista parece final, a juzgar por la copada agenda de los miembros, quienes no girarán para presentar este trabajo. Como sea, The Dead Weather es y seguirá siendo lo que siempre quiso: la mezcla de los elementos característicos de sus cuatro integrantes, fusionados en un sonido sin precedentes.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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