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The Claypool Lennon Delirium – “South Of Reality”

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Demás está decir que los álbumes colaborativos entre dos o más artistas son generalmente obras que gozan de cierto pie forzado, algo así como un elemento que debe ir sí o sí en el relato principal de dicho trabajo. Mucho se dijo que el álbum lanzado por Dead Cross en 2017 era lo que precisamente todos esperaban, una afirmación que durante el auge de los proyectos alternos podía repetirse una y otra vez. Antes de que Patton y Lombardo unieran fuerzas, Les Claypool se desviaba nuevamente de Primus para unirse a Sean Lennon, hijo menor del legendario guitarrista de The Beatles y también uno de los líderes del conjunto The Ghost Of A Saber Tooth Tiger, el que mantiene con su esposa, la bajista y modelo Charlotte Kemp Muhl. Juntos dieron vida a The Claypool Lennon Delirium, quienes, con el álbum “Monolith Of Phobos”, dejaron la vara altísima en cuanto a lo que eran capaces de hacer como banda, con un disco que, mediante una efectiva y consistente psicodelia, fue entregando el mejor de los resultados que se podía esperar de un trabajo forjado por estas dos mentes. Luego de eso, cada uno por su lado y todo siguió igual, por lo que la llegada de “South Of Reality” fue una verdadera sorpresa, debido a que nadie esperaba que este proyecto se mantuviera en pie, pese al éxito generado con su primer LP.

Desde el momento en que suena “Little Fishes”, esta obra da una bienvenida digna de una buena segunda parte, con Claypool y Lennon entendiendo la lógica de que ya no son un proyecto que deba presentarse, sino más bien uno que puede desarrollarse a sus anchas bajo la experimentación necesaria para romper prejuicios en base a un segundo trabajo de estudio. Lo que se sintió en algún momento como un proyecto de carácter único, con “South Of Reality” demuestra que es mucho más que eso, manifestando intenciones serias de establecerse como una banda propiamente tal y no como el proyecto alterno mientras sus dos integrantes no están ocupados con sus bandas principales. A través de nueve canciones, el LP atraviesa diversos pasajes que rozan entre lo melódico y lo estrictamente psicodélico, con el sello clásico de Claypool en líneas de bajo dinámicas, donde el protagonismo es absolutamente compartido, lo que nutre la experiencia al mezclar la destreza del bajista con la armoniosa calma del guitarrista e hijo menor de John Lennon.

Con dos personalidades musicales en el papel contradictorias, la obra se auto beneficia gracias a un mejor conocimiento entre sus partes, lo que se demuestra a la hora de interpretaciones conjuntas, como el track que da título al disco, además de la canción que le sucede, “Boriska”, donde cada uno busca su momento para entregar lo que mejor sabe hacer mediante una tormentosa y psicodélica composición, que parece sacada directamente del rock progresivo de los 70 al estilo de King Crimson o Genesis, claras influencias sonoras para un trabajo que realiza todo un proceso. Primero, al recoger aquellas tempranas influencias, para luego dosificarlas bajo los parámetros de sus dos bandas principales (Primus y The Ghost Of A Saber Tooth Tiger), y entregándoles finalmente una identidad apropiada para los tiempos actuales, gracias a un diseño de producción que no deja cabos sueltos, otorgándole un sentido a cada elemento que se cruza en las caóticas composiciones del conjunto.

Por muy extraño que parezca, estamos ante un trabajo que puede sonar tan original como su forma de interpretarse, a pesar de que recoja elementos ya conocidos para la mayoría, como el loopeo de coros y acordes a la Primus en “Easily Charmed By Fools”, así como también esa árida psicodelia de TGOASTT en “Amethyst Realm”, que pasa por distintos ritmos en sus casi ocho minutos de duración, siendo la composición más extensa que se puede encontrar en este disco. Al momento en que irrumpe la suite “Cricket Chronicles Revisited: Pt. 1, Ask Your Doctor – Pt. 2, Psyde Effects”, se entiende el verdadero sentido bajo la afirmación de que este es un trabajo mucho más experimental y arriesgado que su antecesor, ya que, tanto Lennon como Claypool, verdaderamente se dejan llevar bajo la vibra oriental que exuda esta composición mediante su desarrollo, mostrando los vestigios más grandes de psicodélica que posea no sólo este álbum, sino que el proyecto completo bajo cualquiera de sus aspectos, ya sea su disco anterior de estudio o sus enérgicos conciertos en vivo.

¿Estamos frente al mejor disco de The Claypool Lennon Delirium? Esa es una afirmación un tanto confusa si se toma en cuenta que el conjunto lleva solamente dos trabajos, pero si es necesario dejar ese elemento de lado, entonces sí lo es, ya que “South Of Reality” representa todo lo que una banda debería ser cuando se dejan las ideas preconcebidas de lado para concentrarse única y exclusivamente en el desarrollo artístico de su obra. Aquí los prejuicios se dejan de lado, ya que no importa el trasfondo de ninguno de sus integrantes, al punto de que ni siquiera interesa mucho el trasfondo del proyecto propiamente tal. Cuando se quieren hacer las cosas en serio, salen resultados como este, quitando la estampa del supergrupo que se reúne exitosamente para un sólo trabajo de calidad, entregando cuestionables resultados en la posteridad. Si con “Monolith Of Phobos” la banda se presentó en sociedad, con este disco demuestran que son mucho más que un álbum colaborativo, aportando valentía y decisión a un sonido que de técnico ya lo tenía todo. The Claypool Lennon Delirium ya había representado la mente con su anterior trabajo, y ahora, con este, se encarga de mostrar su alma, unificando ambos para un próspero futuro como algo mucho más que una mera colaboración.


Artista: The Claypool Lennon Delirium

Disco: South Of Reality

Duración: 47:30

Año: 2019

Sello: ATO Records


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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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