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The Black Angels – Indigo Meadow

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A pesar de la acotada carrera de los texanos The Black Angels, ya suman a su catálogo su cuarto álbum de estudio, el que lleva por nombre “Indigo Meadow”, y que marca el regreso de los norteamericanos tras el lanzamiento del disco “Phosphene Dream” (2010) y la colección de sus dos primeros EP’s en el larga duración “Another Nice Pair” (2011). Esta placa fue grabada en El Paso, Texas, y contó con la producción de John Congleton, quien ha trabajado con artistas de la talla de The Walkmen, Clap Your Hands Say Yeah, The Roots, Bono (U2), entre muchos otros. El álbum será editado bajo el sello Blue Horizon y, según un comunicado de prensa entregado por la banda, los trece temas que componen el trabajo representan un gran salto para el grupo, ratificando su compromiso con el espíritu psicodélico, la creatividad, y la experimentación sin límites.

THE BLACK ANGELS 01El tema encargado de abrir el recorrido a través del álbum, es también el que le da el nombre a la placa. “Indigo Meadow” ofrece una melodía a medio tiempo con los característicos tintes psicodélicos de los nativos de Texas y con una combinación de batería sin muchos matices. La intensidad se incrementa de la mano del sonido distorsionado de las guitarras de “Evil Things”, concibiendo una base rítmica que se acopla de buena manera a la voz de Alex Maas, pero que no termina por despegar. “Don’t Play With Guns” es el primer sencillo que se dio a conocer, y destaca por ser mucho más dinámica y potente que sus predecesoras, con una exquisita instrumentación, donde resalta el sonido del bajo. Una delicada ejecución de cuerdas marca el comienzo de “Holland”, una muy bien lograda pieza, con abundante participación de elementos electrónicos y con precisos cambios de ritmo.

La frescura del hard rock de “The Day”, permite transportarse a principios de la década del setenta, en base a una melodía con mucha preponderancia del sonido de la batería y las cuerdas. “Love Me Forever” mantiene un estilo anticuado, con esporádicas ráfagas de potencia que rompen un ritmo más contenido, haciéndose más evidente hacía el final de la canción. En “Always Maybe” vuelven a aparecer los pasajes más distorsionados, soportando una melodía un tanto oscura y apagada, que tiene como principal protagonista su nula capacidad de innovar.

“War On Holiday” desde sus primeros acordes propone mucha energía y potencia, subiendo drásticamente las revoluciones, con una batería y guitarras que suenas sólidas e intensas. Mención aparte para los relajantes pasajes de bajos y teclado, que aparecen en su justa medida. El disco continúa con “Broken Soldier”, un tema que apuesta por un ritmo más pausado, delegando el protagonismo en las voces y los efectos de sintetizador. En el comienzo de “I Hear Colors (Chromaesthesia)” por primera vez se distingue el sonido de la guitarra en su estado más primitivo, estructurando una pieza que parece haber sido sacada de un compilado de rock clásico. “Twisted Light” pierde en el intento de ofrecer nuevos matices, destacando sólo por la excelente ejecución de la THE BLACK ANGELS 02guitarra, pero sin ofrecer nada creativo. Toda la vitalidad de “You’re Mine” inyecta una buena dosis de dinamismo y energía, en base una melodía fresca y psicodélica que lo convierten en uno de los mejores cortes del álbum. El cierre corre por cuenta de “Black Isn’t Black”, con un atractivo riff de bajo que se complementa a la perfección con la delicada voz de Maas. Promediando la mitad del tema, la base muta a una secuencia mucho más potente y enérgica, en una mixtura que funciona correctamente.

Es bastante probable que “Indigo Meadow” no aparezca en los rankings de los mejores álbumes del año, y la razón es simple: The Black Angels es una agrupación orientada a un público muy particular, tornándose su propuesta un tanto confusa para aquellos que no sienten nostalgia por los sonidos psicodélicos del rock de hace cuarenta años. Sin ser un trabajo fácilmente digerible, se agradece el atrevimiento de experimentar con estilos clásicos, rememorando una época gloriosa de la historia de la música, con influencias claras de artistas como The Velvet Underground y Jefferson Airplane. Tampoco hay que confundirse, en esta nueva producción no todo es añoranza, durante algunos momentos de la placa se denotan algunas leves influencias del britpop de los noventa, matices que lamentablemente no alcanzan para infundir un carácter mucho más dinámico y atractivo al álbum, que durante largos pasajes amenaza con tornarse plano y aburrido.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Tomás

    26-Mar-2013 en 3:48 pm

    Una corrección: este es el cuarto LP de la banda, luego de “Passover” (2006), “Directions to See a Ghost” (2008) y “Phosphene Dream” (2010).

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Jack White – “Boarding House Reach”

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Boarding House Reach

Pasaron casi cuatro años para que Jack White volviera a entregar un nuevo álbum de estudio, el que mantenía a todos expectantes luego del tibio recibimiento que obtuvo “Lazaretto” (2014). Ahora, apoyándose con un reforzamiento en su equipo de colaboradores en el estudio, White quiso traer a la vida un montón de ideas que tenía en su mente, interpretándolas de manera cruda y primitiva, sin mayores arreglos de por medio, Las expectativas eran altas para lo que el mismo White denominó como su “álbum más extraño a la fecha”, lo que se cumple absolutamente luego de conocer el resultado final de “Boarding House Reach”, un trabajo donde el oriundo de Detroit pasea al oyente por diferentes estilos musicales, sin motivo o razón aparente, generando contradicciones entre una canción y otra, y haciendo de la experiencia algo desconcertante pero atractivo, yéndose literalmente al extremo en ambos calificativos.

Y es que Jack White pareciera tener muchas ideas, aunque sin saber cómo ordenarlas, lo que nos da como resultado un álbum lleno de momentos, pero carente de relato, que es lo que finalmente debe primar en un disco de estudio. Entre toda la amalgama de sonidos presentes a lo largo del LP existe de todo, desde momentos de asombrosa genialidad como “Connected By Love” o “Why Walk A Dog?”, tracks que por momentos parecieran ser el salto a la “madurez” musical de White, con el teclado ganando una agradable prominencia, así como también las furiosas guitarras de antaño con “Over And Over And Over”, que, pese a su gran aire a Rage Against The Machine, deja en evidencia de inmediato su característico sonido de la época con The White Stripes (la canción, de hecho, fue una colaboración descartada con Jay Z).

Al lado contrario, tenemos composiciones incomprensibles como “Hypermisophoniac”, “Ice Station Zebra” o “Get In The Mind Shaft”, cargadas de muchos elementos digitales para un hombre que se destaca por ser análogo, lo que no permite que el relato cuaje de una vez por todas. En cuanto al pequeño giro en su sonido, además del destacado papel que cumple el teclado, también se vuelve muy atractiva la incorporación de congas en canciones como “Corporation” y “Respect Commander”, a cargo del percusionista Bobby Allende, famoso por trabajar con artistas como Julio Iglesias, Marc Anthony o David Byrne, dándole un toque muy en la onda de Carlos Santana, algo muy interesante para un guitarrista de la talla de White.

A fin de cuentas, estamos frente a una cápsula del tiempo que busca encerrar muchos de los estilos musicales de la era moderna, por lo que no debería resultar extraño que estos se mezclen, armen, desarmen y transiten libremente dentro de un disco que se siente como una vieja rockola en la que alguien, con muchas monedas, oprimió un montón de botones al azar sin verificar si las canciones que serían tocadas tenían algo en común. Constantemente se dice que existen muchos Jack White, algo a lo que el músico ha hecho alusión en varias ocasiones, con “Blunderbuss” (2012) representando el lado más nostálgico y “Lazaretto” abordando el interior de la mente de White. “Boarding House Reach”, en cambio, debe ser como una conversación común y corriente con el músico, donde se inicia a raíz de un tema, avanza por otro, regresa al tópico del principio, y termina en un asunto completamente diferente a lo que era originalmente, lo que no es tan malo, dependiendo el punto de vista.

Muchos detractores señalan constantemente que Jack White es mal considerado como el inventor del blues, pero esa descripción sólo se valida en el discurso de los fanáticos más entusiastas, ya que, muy por el contrario, los verdaderos méritos musicales del guitarrista difieren bastante de ser el inventor de algo, sino más bien de ser el encargado de volver a condimentar un estilo que se creía muerto, dándole una nueva vida dentro de la contemporaneidad. En momentos en que (como muchos otros) el rock se creía muerto, White le dio una nueva vida llenándolo de energía, desestructurando a los géneros más clásicos en cada uno de sus trabajos. Es por eso que este álbum se siente tan fuera de lugar, resultando como una buena idea en el papel, pero una pésima ejecución en la acción. No diremos que “Boarding House Reach” contiene malas canciones, debido a que posee unos momentos de lucidez verdaderamente impecables, pero si nos avocamos al conjunto de composiciones como un todo, el disco deja mucho que desear, no encontrando jamás el hilo conductor a través de los triviales asuntos que relata. A final de cuentas, Jack White no inventó el blues, pero sí le devolvió la relevancia, tampoco hay que permitir que un traspié como este quite todo el mérito que el músico se ha ganado durante dos décadas de carrera.


Artista: Jack White

Disco: Boarding House Reach

Duración: 44:07

Año: 2018

Sello: Third Man / Columbia / XL


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