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The Black Angels – “Death Song”

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En 1967, unos entonces desconocidos The Velvet Underground componían una canción llamada “The Black Angel’s Death Song”, incluida en el ahora clásico disco diseñado por Andy Warhol. Hoy, con 50 años cumplidos de dicho material, los texanos de The Black Angels parecen rendirle tributo a tamaños próceres con su quinto larga duración, llamado “Death Song” –en donde la relación con los comandados por Lou Reed no puede ser más explícita–. Herederos del sonido de dicha pieza vanguardista de la música pop, e incorporando los rasgos del así llamado “rock de desierto”, los norteamericanos nos presentan este álbum haciendo lo que mejor saben hacer: psicodelia musical.

Un rock de guitarras afiladas da la partida en “Currency”, que balancea perfectamente la pasividad de los versos con la potencia de los coros. Siguiendo con una propuesta enérgica, “I’d Kill For Her” tiene esos elementos clásicos de la discografía de la banda, que nos recuerdan lisérgicas melodías sesenteras. Las frecuencias cambian drásticamente a amplitudes más laxas en el teclado de Kyle Hunt con “Half Believing”, una sufrida balada que no abandona los componentes alucinógenos.

Por su parte, “Comanche Moon” nos traslada a un viaje en donde paisajes duros y suaves cohabitan en perfecta armonía, elemento clave del sonido de The Black Angels. Entre los temas “Hunt Me Down” y “Grab As Much (As You Can)” encontramos una versatilidad sonora particular gracias a las texturas que entremezclan las guitarras de Christian Bland y Jake Garcia, lo que nos entrega una experiencia superior en cuanto a atmosferas se trata.

Si bien, con el ritmo marcial de “Estimate” el disco decae un poco dada su monotonía, esto es revertido gratamente con “I Dreamt”. Es acá donde llegamos a uno de los mejores momentos de la placa, destacando por su hipnótica línea de bajo en manos de Alex Maas, acordes que viajan a través de nuestros oídos y la intertextualidad pinkfloydiana que es imposible no identificar. En una línea similar, “Medicine” y “Death March” se lucen gracias a los aportes rítmicos de Stephanie Bailey en batería. Contradiciendo el nombre del disco, “Life Song” es la parte final de esta gran canción de la muerte. Lo que comienza como una balada, cambia drásticamente con pasajes instrumentales de gran poder, los que de forma sobria trasladan nuestra mente a los setenta con un rock clásico, alucinógeno y de tempo lento.

“Death Song” es un disco de texturas envolventes y, por momentos, hasta perturbadoras –bajo una buena connotación del término–. Las interpretaciones nos enclaustran en estrechos túneles sónicos, cumpliendo el rol hipnotizador con el cual son dispuestos ante nuestros sentidos. A su vez, vuelve a posicionar a la banda en la a veces difusa y volátil frontera que separa al stoner más crudo y aguerrido de aquel rock psicodélico de pasajes más melódicos y digeribles, muy comunes en las escenas contemporáneas. De esta forma, se genera un balance perfecto entre saturación y delicadeza en cada frecuencia. Y si bien no podemos hablar de vanguardia como en el caso de los inspiradores de esta obra, el trabajo realizado por The Black Angels en este nuevo lanzamiento los mantiene con un sonido genuino, que nos sumerge en gratificantes alucinaciones en cada sobredosis musical.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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