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The Afghan Whigs – “In Spades”

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Javiera Mena lo ponía en las palabras aparentemente más primitivas: “Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”. Incluso desde su explicitado lesbianismo se aprecia una connotación de lo fálico con lo sexual y lo cercano. Pese a que el mundo se crea evolucionado y a que todo sea más abierto, existe un conservadurismo evidente en cómo se perciben las artes y la cultura, y en ningún sentido se evidencia más que en la representación del sexo. Más aún, es evidente que esa representación, si existe, es llevada a un espectro machista o ciertamente conservador, como pasó con el glam o con cómo es visto al día de hoy: más edulcorado con stevia que vivido en caña de azúcar.

The Afghan Whigs es una banda que se ha movido desde finales de los 80 con el impulso de Greg Dulli, un particular compositor, como motor para llegar más lejos de lo que cualquiera hubiera esperado. A Dulli le interesa no sólo la conquista o el romance en tonos pastel, sino que la sangre, la carne con rasguños, los labios hinchados, los cuerpos desnudos en salones amplios y los mismos cuerpos con ropa en momentos de pasión espontáneos e inverosímiles. En “In Spades” la lógica de The Afghan Whigs continúa en sus clásicos escenarios, pero el giro es un poco más oscuro, más solitario, incluso más sufrido, como si esas espadas atravesaron sólo a Greg, sólo al oyente, y a nadie más. El dolor se encuentra en un álbum hecho en medio de la pena por la daga que se instaló en el colon del guitarrista Dave Rosser, diagnosticado con un cáncer inoperable, quitándole en la práctica otro compañero de arte a un Dulli que en medio de esa soledad agarró elementos melódicos de sus proyectos solistas (en especial de The Twilight Singers) para convertirlos en algo que suena a una continuación lógica de lo hecho en “1965” (1998), cuando la historia aún era muy diferente y el reconocimiento mucho más esquivo que hoy.

“In Spades” parte con “Birdland”, canción donde Dulli es acompañado por una orquesta de cuerdas y ningún elemento tradicional del rock, y pese a ello, suena adecuado y similar a lo que ha hecho la banda, en especial en la cadencia r&b de “1965” o “Black Love” de 1996, con sensualidad y un sentido de la épica que, en este caso, instalan un grado de belleza lúgubre que no se va jamás del álbum, el octavo de la historia de la banda.

Dulli es inevitablemente la presencia estelar. La música suena más bella que nunca y los recursos utilizados muestran que la habilidad de Greg como productor ha crecido enormemente. No obstante, siguen siendo las letras y la potencia de la interpretación vocal los elementos centrales de las canciones, y por ello a Dulli le lucen creíbles las historias de amor, desamor, rabia, pérdida, pero principalmente de deseo y carencia carnal. Los juegos de poder y el problema de la escasez, pasando desde la economía a una variante de las relaciones humanas, y alejándose de lo tradicional.

A Dulli se le tildó de misógino y de machista cuando, en medio de la dominación del grunge y del brit-pop, lo que se vendía era la cáscara de las diferentes propuestas musicales. Mientras Kurt Cobain era caricaturizado, Damon Albarn minimizado, los Gallagher estigmatizados y Eddie Vedder suavizado, Dulli era tildado de misógino porque, claro, hablar de sexo es sólo posible siendo de la forma tradicional, e históricamente lo tradicional es fálico, machista y dominante, pese a que, precisamente, Greg Dulli no hacía más que condenar su carencia y enalzar a ese otro del que cantaba, y en “In Spades” sigue intentando convencer en medio de la rabia y la angustia de la traición a punto de ser consumada (“The Spell”, “Demon In Profile”), parecido a “Conjure Me” en “Congregation”, el seminal disco de The Afghan Whigs de 1992; en tanto que “Arabian Heights” presenta una intensidad similar a la que tienen varios pasajes de “Debonair” o de “Gentlemen”.

“In Spades” sigue hablando de sexo, de poder y de influencias, con un Dulli que suena menos rabioso, pero más abierto a la confusión. “I Got Lost” abre la posibilidad de la redención para luego quedarse con manos vacías, pero llenas de recuerdos en “Into The Floor”. The Afghan Whigs todavía tiene la cadencia de una cama en movimiento y la fuerza de una espada atravesando entrañas, pero ahora hay madurez para comprender que la escena más poderosa no es la que capturaría una película porno, sino que una de cine B, como un cigarrillo encendido dejado en un cenicero, una mirada al techo plano sin reflejo alguno, o una llamada frustrada al día después. La imagen más poderosa no es la de la espada, sino la de las huellas que deja, y este disco entiende eso a la perfección.

El trabajo más oscuro de una banda que se mueve tan bien en las sombras como The Afghan Whigs luce sorprendentemente cálido, entre un protagonismo mayor de las guitarras acústicas y las cuerdas, y una aparición menor de los bronces que habían abundado incluso en “Do To The Beast” (2014), y con progresiones de acordes que generan sensaciones por sí mismas, como los menores en el puente de “Oriole”, o con la aparición significativa de tubas y trompetas en “Toy Automatic”, o el riff clásico pero efectivo en el coro de “Light As A Feather” que es tan sexy como directo. Son 36 minutos donde Dulli muestra lo mejor de sí como productor y compositor, no dejando de lado esa libido que mueve su interpretación y motivaciones, y jamás olvidando que él se vuelve portador y receptor de una espada que sigue con su filo intacto tras más de tres décadas de historia.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Carlos

    25-May-2017 en 6:47 pm

    Fantástico disco. Gran reseña. Viva Dulli!

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The Killers – “Imploding The Mirage”

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Imploding The Mirage

En este año, tan complicado y sombrío, necesitamos ciertas cosas que nos suban el ánimo y nos hagan volver a creer; que nos levanten del sillón y nos hagan recordar los buenos momentos. En esa categoría entra el lanzamiento de “Imploding The Mirage”, trabajo que vuelve a poner a The Killers al tope de su capacidad creativa. Un disco lleno de canciones pegajosas y que sigue puliendo la fórmula de la banda de Las Vegas: hacer música para llenar estadios y corazones.

El inicio es inmediatamente una inyección de energía, los sintetizadores se roban la película y la atmósfera de “himno” está por todos lados. “My Own Soul’s Warning” es una canción que no sólo demuestra el camino que optó seguir la banda para este lanzamiento, sino que también muestra que aún tienen mucho por dar, algo que, tras dos discos flojos como “Wonderful Wonderful” (2017) y “Battle Born” (2012), había dejado de ser una obviedad.

Este nuevo acierto discográfico llega en un momento clave de la banda, y es que, además de tener que responder a las expectativas habituales de un lanzamiento, los creadores de “Somebody Told Me” tuvieron que asumir la marcha definitiva de Dave Keuning. Sin el guitarrista, quien comenzó su distanciamiento en 2017 para pasar más tiempo con su familia, Flowers y compañía decidieron arroparse de un plantel de primera para grabar su sexto disco. Comandados por Shawn Everett y Jonathan Rado (Foxygen), la banda sumó a figuras como Weyes Blood, Adam Granduciel y Lindsey Buckingham de Fleetwood Mac. En la colorida “Blowback” aparecen los teclados del líder de The War On Drugs, en “Caution” Buckingham se apodera de las guitarras, y en “Lightning Fields” Brandon Flowers se deja acompañar por la grandiosa Kathryn Dawn Lang. Llevándolo a un terreno deportivo, pareciera que The Killers entendió no podría suplir a Keuning con otro guitarrista, por lo que prefirió cambiar la forma de trabajo. Jugada que, tras escuchar este disco, parece más que acertada.

Otra cosa que asoma al escuchar “Imploding The Mirage” es la ya asentada propuesta de The Killers. La banda, pese a probar cosas distintas de vez en cuando, siempre ha tenido una columna vertebral en sus creaciones. Mientras muchas bandas de los 2000 han probado suerte en otros géneros, los chicos de “Spaceman” han mantenido una postura muy ligada al synth pop y al rock de estadios. Esa capacidad de mezclar los sintetizadores con los himnos de arenas recuerda inmediatamente a ciertas etapas de U2 y al lado más popero de los ya mencionados The War On Drugs. De esa etiqueta nacen canciones como “Fire In Bone”, “Running Towards A Place” y el track homónimo, piezas que muestran el lado más ochentero de Brandon Flowers, Mark Stoermer y Ronnie Vannucci Jr.

En un año de grandes regresos, los oriundos de Nevada firman un disco excepcional, retomando el paso perdido en sus trabajos anteriores, y demostrando también que no es necesario vivir en constante cambio para sacar un buen disco, sino que basta con sonar bien. Ahora sólo habrá que esperar que “Imploding The Mirage” pueda ser escuchando en vivo, donde sus canciones sin duda crecerán aún más, porque si este disco ya suena bien en pandemia, con la banda girando llegará a otro nivel.


Artista: The Killers

Disco: Imploding The Mirage

Duración: 41:59

Año: 2020

Sello: Island Records


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