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Notes On A Conditional Form Notes On A Conditional Form

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The 1975 – “Notes On A Conditional Form”

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Pese a que Matty Healy indicó que los dos discos lanzados en la era “Music For Cars” de The 1975 no eran trabajos enlazados estrictamente, sin duda que se sienten así. Mientras “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (2018) explicaba cómo han cambiado las relaciones, ahondando en la forma de entender y de comprender lo que está alrededor, en “Notes On A Conditional Form” está la intención de volver a entender, quizás para lograr ensamblar lo que se siente nuevo con lo que se siente familiar. Y con ello, hay diálogos que Healy no puede negar, como si se respondiera a sí mismo.

Los paralelos entre lo más novedoso del cuarteto y sus primeros EPs se van repitiendo a lo largo de un trabajo cuya extensión es un mensaje por sí solo. Con 22 tracks y más de 80 minutos de duración, “Notes On A Conditional Form” es una bestia de álbum, con altibajos evidentes, con indulgencia, ridiculez, diversión, mensajes profundos y una capacidad reflexiva que varía desde la trascendencia hasta la superficialidad con pasmosa agilidad. Pero también es un símbolo de su tiempo, como pocos trabajos en la actualidad.

El disco tiene en lo instrumental un arma de doble filo. Mientras en las canciones el sonido es más brillante y bien elaborado que nunca, signo evidente de madurez, el exceso de tracks instrumentales ligados a un sonido más ambient y house, como pasa en “Streaming” o “Having No Head”, no ayuda a la coherencia completa del trabajo. Algo que también pasa con tracks bien logrados en lo electrónico, como “Shiny Collarbone” o “Yeah I Know”, esta última con guiños evidentes a Thom Yorke y su estilo como solista.

Este disco no se autoexige coherencia como un valor, sino que ve en el caos, el desorden, la variedad y la versatilidad, armas mucho más poderosas o, al menos, significantes. Por ello estas canciones pueden mezclarse con temas poderosos y llenos de intenciones desde las letras, como pasa con el glam dark punk intoxicante de “People”, la declaración de una intención tan sobria pero importante como querer estar bien en la bella “The Birthday Party”, o hasta la brutal soledad de necesitar acercamiento humano vía una sexcam en “If You’re Too Shy (Let Me Know)”, con ese beat entre INXS –inevitable referencia de The 1975– y Bruce Springsteen.

Este es un trabajo que necesitó de 15 estudios y más de un año de retraso para su lanzamiento, pero, pese a esa naturaleza fraccionada –que en el disco se nota–, existe una identidad subyacente que no perece. No es sólo Matty Healy reflexionando sobre el sentido de la vida (“Playing On My Mind”) o el amor platónico (“Me & You Together Song”), sino también es una banda que a estas alturas logra calzar intención a cada compás que toca. Mención especial a George Daniel en una batería que, entre instantes más electrónicos o folk, puede darse por sentada, pero que tiene un dinamismo especial, propio, trascendente.

Lo más fuerte de “Notes On A Conditional Form” es lo que se dice y lo que se quiere decir, en una línea más que delicada entre la autocomplacencia, la autoflagelación y la justa comunicación. En “People” Healy canta “No me gusta salir / Así que tráeme todo para acá”, y en “Frail State Of Mind” se autocomplementa diciendo “¿Salir? / Me resulta poco probable”, casi prediciendo el escenario encuarentenado de los días que rodean al lanzamiento de este disco. Sin embargo, ninguna declaración supera al inicio con “The 1975”, track inicial homónimo a la banda que, en vez de ser lo usual de operar como la música de inicio de un videojuego (referencia a Sega o PlayStation, cuyas cortinas de encendido se volvieron icónicas), esta vez mezcla música ambiental con un discurso de Greta Thunberg llamando directamente a la desobediencia civil en pos de un verdadero cambio social a nivel mundial.

Aunque “The 1975” y “People” hagan creer que “Notes On A Conditional Form” es político en el sentido más directo, es mucho más sutil en la visión completa. Se vuelve a pensar en las relaciones humanas y en cómo estas son codificadas por las expectativas, por lo que se muestra y lo que se esconde, y también por cuánto importa. En “Love It If We Made It” del disco anterior, Healy canta “tirando en un auto / consumiendo heroína”, y se responde a sí mismo en “Nothing Revealed / Everything Denied” diciendo que eso fue una mentira. En “Jesus Christ 2005 God Bless America” Healy cede la voz por primera vez en un disco, cuando Phoebe Bridgers se vuelve el reflejo del atormentado hablante lírico que está enamorado de un chico que le remueve las entrañas y sus creencias. Más adelante, es el padre de Matty el que toma la voz. El reducto final del ego de un rockstar del siglo XXI se desmorona en pos de la honestidad y el acto de compartir.

En medio de un turbulento mar de emociones que inundan a quien se aboque a la tarea de escuchar este álbum, esta colección de canciones refleja como pocas veces a una generación que tantos otros subestiman, operando como tal: sin temor a mostrar los errores propios, a hacer preguntas de las que ya sabías las respuestas, o creerte más de lo que eres, porque la verdad es lo que finalmente entregará el mejor sentido de la libertad.


Artista: The 1975

Disco: Notes On A Conditional Form

Duración: 80:30

Año: 2020

Sello: Dirty Hit / Polydor


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Zeal & Ardor – “Zeal & Ardor”

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Zeal & Ardor

La banda suiza Zeal & Ardor nació en 2013 como un proyecto solista del músico suizo-estadounidense Manuel Gagneux, pero no fue hasta 2017 que se consagró como un grupo propiamente tal. El proyecto comenzó a partir de un ejercicio creativo en el que Gagneux pedía a usuarios de un foro online dos géneros musicales para combinarlos en una composición que realizaría en sólo media hora. Le sugirieron mezclar black metal con “música de negros” y, en el álbum homónimo lanzado este año (el tercero de la banda), esa fusión sigue igual de vigente. Además, aquella identidad dual es sazonada con pequeños vistazos a otros estilos, generando combinaciones inesperadas y resultados sonoros frescos.

En “Zeal & Ardor” la banda es también coherente con su pasado en los aspectos líricos, ya que las letras del álbum continúan con lo propuesto en “Devil Is Fine” (2016) y “Stranger Fruit” (2018), relatando una historia alterna en la que los esclavos estadounidenses no se hubieran convertido al cristianismo, sino que habrían volteado hacia el satanismo. Esto permite contextualizar de mejor manera títulos como “Death To The Holy” o “Church Burns”, y es precisamente esta orientación anti-religiosa, junto con la técnica vocal (de gritos agudos), lo que permite a Gagneux enlazarse con la historia del black metal, aun cuando su proyecto no es demasiado dogmático en relación con la música, ya que recoge gestos característicos del djent (“Death To The Holy”) e incluso del nu metal (“I Caught You”). El otro pilar del disco, la música de raíz africana, se manifiesta a través del canto soul, los coros de influencia gospel y el énfasis en los ritmos sincopados.

En términos globales, el álbum refleja una notable mejora en su producción comparado con los discos anteriores, con un timbre moderno, tanto de guitarras como baterías, y profundidad en los arreglos de voces y sintetizadores, alcanzando un sonido que llena el espectro, es decir, sonando pesado, pero con una buena dosis de agudos. En relación con su estructura, la primera canción, “Zeal & Ardor”, funciona como una sinopsis, exponiendo el contraste entre las distintas voces que usará Gagneux, y la postrera “A-H-I-L (All Hope Is Lost)” cumple el rol de outro al ser una pista instrumental de timbres electrónicos, que no tiene mayor relación con el resto del disco. Pese a ello, durante sus 43 minutos de duración, el álbum transita por varios niveles de energía sin establecer ningún patrón particular, lo que permite oír las canciones de manera desordenada sin perderse de mucho.

Por lo anterior, sin un concepto o un título que unifique el contenido del disco, la cohesión recae en la característica sonoridad derivada del cruce del metal y el soul.  Desde un punto de vista compositivo, el desafío de congeniar dos géneros tan distintos es resuelto a través de dos caminos: la yuxtaposición (o contraste directo entre los dos géneros) y la síntesis. Como ejemplos de la primera, encontramos a “Feed The Machine” y “Hold Your Head Low”, donde se recurre a un violento contraste entre los dos mundos sonoros sin que estos se integren con posterioridad. En el caso de la síntesis, “Erase” y “Run” son algunas de las piezas más logradas, ya que consiguen superponer los elementos característicos de cada género de manera efectiva. Por otro lado, hay otras canciones que no se quedan en la dualidad ya mencionada, entre las que destaca “J.M.B. (Jazz Metal Blues)”, que incorpora acordes extendidos característicos del jazz, pero cuyo ritmo y energía la asemejan más al math-rock, o “Emersion” donde se revelan influencias del post-rock.

Pese a ser considerada una banda avant-garde, la propuesta de Zeal & Ardor en este álbum es bastante accesible, e incluso llega a transitar por sonoridades casi publicitarias, gracias a la mezcla de melodías sin letra y ritmos basados en bombo y aplausos. De todos modos, la banda logra situarse dentro del linaje del black metal, encontrando un interesante punto de equilibrio entre novedad y familiaridad. No obstante, cuando prefieren la yuxtaposición de “momentos soul” y “momentos metal” por sobre la síntesis de ambos géneros, las canciones bordean el pastiche, generando a veces un efecto cómico por lo brutal del contraste, que parece ser indeseado, debido a la seriedad con que se comprometen en materia lírica. De todas formas, la impresión global que deja el álbum es positiva y demuestra coherencia con las placas anteriores de la banda.


Zeal & ArdorArtista: Zeal & Ardor

Disco: Zeal & Ardor

Duración: 43:57

Año: 2022

Sello: MVKA


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