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Tame Impala – Lonerism

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Es fácil meter al mismo saco todo lo que se diga que es parte de la corriente musical “revisionista”. Claro, en estos tiempos es prácticamente imposible inventar algo en un 100% y todo resulta ser una mezcla de muchos elementos o muy distintos, o cuyas influencias son muy notorias. Allí es donde muchos cometen el error de pensar que porque algo suena a otra época, de inmediato tiene poca calidad. Un ejemplo: “Is This It” de The Strokes (2001). Otro: la obra de The White Stripes. El más actual: Tame Impala.

Los australianos ya habían maravillado a la crítica con “Innerspeaker” (2010), un disco atemporal que presentaba a Kevin Parker, mente maestra del grupo y principal compositor, cuyo primer set de canciones era un viaje directo a los 60s más psicodélicos con un sonido seco pero profundo. El segundo LP, “Lonerism”, aparece dos años después y profundiza aún más en la propuesta. De hecho, tras oír los doce tracks, “Innerspeaker” queda como una obra plana y con menos gracia y colorido. Un efecto que denota de entrada la calidad de lo nuevo de Parker y los suyos.

De partida, Tame Impala presentó como adelanto el single más pop de su historia con la pegajosa sensibilidad glam de “Elephant”. Antes mostraron la compleja, pero creciente psicodelia de “Apocalypse Dreams”. Ambas ya mostraban facetas más osadas, sin temor a abandonar la estructura tradicional de la canción. Kevin Parker también demostraba que podía ser más que un cliché, dado que no hay temor en pasar desde sonoridades más electrónicas (el inicio con “Be Above It”) a sonidos más parecidos a su disco anterior (“Endors Toi”) o dejarse llevar por los órganos Hammond en constante loop (“Keep On Lying”). Pero llama la atención que, mientras el título del álbum (“Lonerism”) apela a la soledad casi incontrolable, los títulos de las canciones sean más directos, en especial en la adorable “Why Won’t They Talk To Me”, casi una oda a un tipo como Kevin Parker quien grabó y compuso el disco solo, sin ayuda de (casi) nadie. A la mitad de “Why Won’t…” Parker canta “But I don’t really care ‘bout it anyway” (“Pero realmente no me importa, de cualquier manera”), pero la apertura de las melodías y la mezcla y masterización casi perfecta de Dave Fridmann, sugieren que el tipo quiere ser escuchado. Por eso no es extraño encontrarse con tanta referencia a la fase psicodélica de grupos variopintos como Cream o The Beatles, o con bajos como los de Nick Allbrook que recuerdan en algunos pasajes a Stone Roses y Big Star en partes iguales.

Quizás el otro punto alto sea el penúltimo track, “Nothing That Has Happened So Far Has Been Anything We Could Control”, con un coda tremendo, digno de lo más granado del rock espacial y del submarino amarillo de The Beatles, o la capacidad melódica de The Zombies.

Y si mencionamos las influencias, no es porque se piense que es una copia y que este “revisionismo” sea carente de ideas. El minuto y medio final de “Sun’s Coming Up”, el último track, es un invento lleno de sonidos como los que Nigel Godrich usa para Radiohead, pero en una clave mucho más psicodélica. Woodstock style.

Fácilmente “Lonerism” califica como uno de los álbumes más refrescantes, variados y logrados del año por no repetir la fórmula del debut, no copiarle a nadie, no dejar que las influencias conviertan el esfuerzo en plagio y combatir la soledad con música. Aunque suene a algo del siglo pasado.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Esther

    23-Ene-2013 en 7:39 pm

    Yo llevo dos semansa escuchándolo y todavía no me lo creo. Tardé un pelín en calentar motores pero ahora no me atengo a razones al respecto. Al Kevin que le pongan una plaza en su pueblo.

  2. matias

    01-Feb-2013 en 12:47 pm

    los descubrí hace 2 semanas y me volaron la cabeza,kevin parker: genio

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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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