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Symphony X – Underworld

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Se ha hablado mucho sobre la “nueva” dirección que decidió tomar Symphony X hace ya varios años. Precisamente con el lanzamiento de “Paradise Lost” (2007), la banda fue acusada de abandonar el sonido que plasmó entre las placas más representativas desde sus inicios. Fue el mismo guitarrista y fundador, Michael Romeo, el que se encargó de despejar las dudas de su audiencia, luego de que “Iconoclast” (2011) se alejara todavía más del progresivo que venían trabajando desde mediados los 90. Las intenciones de Romeo para este giro que tomaría Symphony X, estarían enfocadas en apoyarse en sus influencias de adolescente, y cargarse a las raíces más thrash y heavymetaleras que lo llevaron a tomar una guitarra en primer lugar.

SYMPHONY X 01Así, cuatro largos años tendrían que pasar para que los neojerseítas nos mostraran su noveno álbum de estudio: “Underworld”, un disco que entrelaza de manera casi perfecta el lado más sinfónico, neoclásico y powermetalero, con un romanticismo que a ratos parece coquetear con un legendario “The Divine Wings Of Tragedy” (1997), disco que hace tiempo parecía estar relegado al olvido. Y es en ese sentido donde la agrupación norteamericana nos sabe entregar con tesitura y grandilocuencia un trabajo que goza de las más variadas expresiones musicales ya vistas dentro de su misma carrera y, al mismo tiempo, deja espacio para la innovación propia de cada trabajo que han lanzado.

Razón tenían al no estar muy contentos cuando el sello discográfico decidió lanzar por adelantado las canciones “Nevermore” y “Without You”, alegando que ellos habían escrito el disco para ser oído en su integridad. Y es que “Nevermore” y el tema homónimo abren un disco que parece reincorporar la esencia que se había perdido en el camino, pero eso dura hasta que suenan los primeros acordes de “Without You”, la primera power-ballad del disco, pieza que se acerca mucho a lo que viene haciendo Russell Allen con su proyecto paralelo Adrenaline Mob. Eso sí, cambio de ritmo drástico es el que nos espera a partir del cuarto sencillo. “Kiss Of Fire” ofrece ese lado intenso del que nos hablaba Romeo y que se perpetua al escuchar “Charon” e “In My Darkest Hour”, metal puro marcado por riffs pesados y pegajosos.

SYMPHONY X 02Aunque huelga decir que en gran parte del nuevo material los solos de Romeo caen en la redundancia absoluta y pueden hacerse bastante predecibles, también hay momentos épicos en lo puramente instrumental. Ejemplos son sus intervenciones en “To Hell And Back”, que en poco más de nueve minutos estampa virtuosismo, emoción e innovación, acercándose a un sonido un tanto radio friendly no tan explorado hasta ahora, y que volvemos a encontrar en canciones como “Run With The Devil” y “Swan Song”, segunda power-ballad, que podría ser sin problemas la continuación de la aclamada “When All Is Lost” y donde nos reencontramos con un, hasta ahora, casi desparecido Michael Pinnella en los teclados. Punto aparte es la calidad vocal de Allen, que brilla con luz propia y se convierte en el protagonista principal de la obra, sin necesidad de opacar el talento de sus compañeros Jason Rullo y Michael Lepond, quienes hacen un trabajo notable en batería y bajo, respectivamente.

Toda esta garantía de talento se reúne en “Legend”, canción que, con la fineza de una joyería, pone punto final a un trabajo que raya en la perfección, y que debiera satisfacer las ansias y expectativas de ambos grupos de seguidores, con una mezcla conspicua de todas las caras que Symphony X nos ha sabido enseñar por más de veinte años. Todo lo que resta esperar ahora, es tenerlos lo más pronto posible luciendo la ropa nueva sobre escenarios de todo el mundo.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Sincero

    07-Sep-2015 en 7:08 am

    Discazo! Nunca habia oido ningun disco de esta banda. Curioseando por internet me tope con el, y la verdad que encontre un album poderoso, original, buenas melodias, guerza, metal!.
    Lo recomiendo a personas que gusten de la musica en general y de la musica progresiva en particular. El cantante destaca sobre el resto.

  2. Esteban

    07-Sep-2015 en 4:46 pm

    mmm raya la perfección? soy fanático de symphony x me he escuchado todos sus albumes y este me parece que esta bastante abajo de sus predecesores, entendiendo el cambio de estilo de la banda, que ha pasado de ser power metal progresivo hasta sus últimos dos álbumes que vienen ser mas heavy metal progresivo, el principal problema de este disco es la parte instrumental , romeo esta sacando los mismos riffs y solos, , la guitarra se come casi a todos los instrumentos el teclado a penas aparece, lo encontre poco inspirado, tiene canciones buenas pero para un album de 11 canciones se me hizo bastante aburrido escucharlo, overture, charon, nevermore swan song y without you me parecieron buenos temas, pero despues de eso lo demas es bastante olvidable, con muchas escuchas supongo que mejorara pero no quita que sea un album un tanto tedioso de escuchar.
    Underworld no es un mal album si te gusta el heavy metal, pero a mi parecer esta abajo de sus demás obras incluso que de iconoclast que tampoco es un muy buen album, y eso de que raya la perfección no estoy de acuerdo para nada especialmente tomando en cuenta la discografía de symphony x que tiene material mucho mejor que entregar.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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