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Sun Kil Moon – Universal Themes

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Sobre el ánimo de clasificación que hubo a principios de los 90, aquel que hacía lugar para todo sonido capaz de principiar una nueva vertiente musical, la prensa del cuarto arte acuñaba el término sadcore, que básicamente ordenada a las bandas venidas desde otra categorización –esencialmente desde el rock alternativo-, para re-enmarcarlo a partir de sus letras y tonos melancólicos y/o depresivos. Cat Power, Portishead o My Bloody Valentine pueden ser los ejemplos más claros de artistas sujetos a este tag. También estuvo dentro de aquel grupo Red House Painters, la primera banda de Mark Kozelek (quien ahora asume con total propiedad el nombre de Sun Kil Moon, desarticulando la condición colectiva que esta tuvo hasta 2010), que fuera extinta en 2001.

SUN KIL MOON 01Punto y aparte para hablar concretamente de Sun Kil Moon, un proyecto que nace en 2002 con un semblante muy parecido al de Red House Painters, sobre el que Kozelek, en un período que completa 13 años hasta hoy, fue cambiando la estructura para hacerlo más cercano al folk tradicional; el sonido de las guitarras eléctricas que en ocasiones se volcaba hacia el pop de ensueño –o dream pop, para no salirnos de las etiquetas- y, a veces, hacia la agresividad de sus cuerdas, asumía un carácter que sólo podía ser compuesto en los tonos de un instrumento desenchufado. Los tres últimos discos del cantautor fueron modelados exclusivamente bajo este formato, concluyendo este ciclo en el trabajo más sobresaliente de Kozelek a la fecha, “Benji” (2014). Claro, todo esto coincide con la plena potestad que tiene el de Ohio sobre el dominio Sun Kil Moon desde su cuarto LP, “Admiral Fell Promises” (2010).

En este sentido, lo que representa una placa como “Universal Themes” corresponde a un Mark Kozelek desenfadado, quien ya no tiene que probar nada en absoluto, y puede ser todo lo autorreferente y egocéntrico que se le dé la gana con sus letras, haciéndose paralelamente con una fracción de cada etapa de su dilatada carrera, para terminar en un producto como el que nos entrega este año. El patrón más evidente de esto último pasa por la transición que existe entre “Birds Of Flims” y “With A Sort Of Grace I Walked To The Bathroom To Cry” –segundo y tercer corte del registro, respectivamente-, pues, en cuanto el primero comienza a sonar exactamente como los mejores temas de “Benji”, el segundo, rasgando toda vestidura con el overdrive manifestado, puede borrar cualquier presunción que afirme a este álbum como una copia exacta de su antecesor.

En “Universal Themes” los cambios de ritmo en la propia permanencia de sus tracks –una ventaja que otorga el desarrollo de canciones largas- son totalmente vírgenes con respecto al trabajo que apenas lanzara el año pasado, donde predominan excepcionales melodías que logran evocar con fuerza la nostalgia del que escucha. Algo similar pasa con el timbre de voz utilizado por Kozelek: mientras en “Benji” su vocalización se acomoda a la melancolía de sus letras, en la presente placa se suma muchas SUN KIL MOON 02veces al vértigo de las cadencias con una mayor fluctuación en sus tonos, y con una carraspera mucho más decidida, que acompañan a la palabra hablada que acá también tiene su espacio.

Cuando parece que al disco le van sobrando minutos, advirtiéndose más agotador de lo que podrían soportar las personas que no están familiarizadas con el folk de alto trajín, aquel que es necesario entender más por su guión y no tanto por su sonido, surgen pasajes que son realmente buenos, como el arreglo en medio de “Garden Of Lavander”, que sugiere hacer lo prohibido y decirle al artista qué es lo que debió haber hecho. Bajo ese prisma, es el trabajo de producción en el álbum el que establece todo un valor agregado en el último.

A Mark Kozelek se lo puede calificar como un tipo que maneja con desparpajo la retórica, alguien que se ha transformado en el gran cuenta historias de la última camada de artistas que adhieren al folk, quedando casi nivelado con antiguos ilustres del tipo Bob Dylan, Nick Drake o Neil Young. Teniendo en cuenta esto, en rigor “Universal Themes” resulta tan parecido a sus predecesores como para considerar que Sun Kil Moon sigue sacando rentas de una fórmula que lo tiene en el podio de los compositores más sobresalientes de su generación, pero tan desprendido de los mismos como para pensar que este registro se desarrolla con base en la ambición intimista del músico, logrando hacer comulgar su deseo de elocuencia escrita, y su porción instrumental.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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