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Order In Decline Order In Decline

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Sum 41 – “Order In Decline”

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En tres años y dos discos, Sum 41 demostró que las segundas oportunidades pueden hacer una gran diferencia. Fue en mayo de 2014 que Deryck Whibley, fundador, vocalista y compositor principal de la banda, era sorpresivamente internado de urgencia debido a una severa falla renal y hepática provocada por su desmedido consumo de alcohol. Para ese entonces, Sum 41 no atravesaba su mejor momento. Sin firmar un álbum realmente destacable desde “Chuck” (2004), la banda parecía destinada a ser uno más de los innumerables grupos de skate punk condenados a la intrascendencia. Sin embargo, algo cambió a partir del año 2014. Con temas como “There Will Be Blood” y “Fake My Own Death”, “13 Voices” (2016) se encargó de abrir una senda de búsqueda sonora que en “Order In Decline” termina apropiándose de la identidad del conjunto, marcando un antes y después en la bitácora del quinteto.

Sin duda, el mayor cambio de “Order In Decline” tiene que ver con lo musical. Sin tratarse necesariamente de un giro cien por ciento estilístico (“The People Vs…” es prueba definitiva de que el punk rock sigue ahí), lo cierto es que la banda ha comenzado a experimentar con las esquinas más pesadas de su oferta sonora, dejándolas fluir sin contemplaciones. Así, actualmente el conjunto se da maña para sorprendernos con cortes de abierto aire metalcore, como “Eat You Alive” o “Out For Blood” (destacadísimas por el fenomenal trabajo en la guitarra de Dave Baksh y la aplastante performance de Frank Zummo en la batería) y también jugar a alternar tiempos e intensidades, como lo hace “A Death In The Family”, uno de los mejores tracks del álbum, destacado no sólo por el excelente nivel del que hace gala cada uno de los músicos, sino que también por la sentida y contundente interpretación vocal de Deryck Whibley.

Sin embargo, no todo lo interesante del larga duración pasa por agregar peso a la apuesta, prueba de ello es “The New Sensation”, quizás la canción más desafiante del disco. Antémica por naturaleza, se trata de una curiosa combinación de algo así como el Muse de “The Resistance” (2009) con el “Sing The Sorrow” (2003) de AFI, interpretado por Sum 41. Sin importar lo extraño que pueda sonar, lo cierto es que el corte funciona y además suena creíble. ¿Por qué? Básicamente porque en este álbum hay espacio para este tipo de apuestas, y ese es justamente uno de los triunfos de “Order In Decline”. La placa además alterna velocidades, agregando dos baladas, “Never There” y “Catching Fires”. La primera de ellas, abiertamente confesional, cumple su objetivo sin ser descollante, sin embargo, es justo la encargada de cerrar el álbum la que queda en deuda, principalmente por su abuso del cliché sonoro y de producción.

En términos líricos, el disco también tiene una identidad bastante definida, principalmente alternando momentos que reflejan disconformidad y decepción con la forma en que funcionan las cosas hoy en día –“Out For Blood”, “The New Sensation” y “Heads Will Roll” son ejemplos de esto– con otros de abierta crítica política. En esta última vereda destaca “45 (A Matter Of Time)” con la banda declarando su total desprecio por Trump (el presidente número 45 de Estados Unidos), al punto que ni siquiera merecería ser nombrado, reduciendo su identidad tan sólo a un número que más temprano que tarde no será más que un mal recuerdo, y “The People Vs…” también dirigido a Trump en una línea que apunta a lo perjudicial de su figura en frases como “Reconozco a una persona mala con sólo ver su cara / y ahora sufrimos como raza humana”.

Sorpresivamente, con tan sólo diez canciones, Sum 41 acaba de firmar el que probablemente es el disco más interesante de su catálogo. No sólo se trata de que en este álbum la banda haya decidido agregar nuevos colores a su paleta sonora, sino que además tiene que ver con que lo hicieron de forma efectiva y contundente, anotándose un trabajo que, más allá de preferencias personales, es inevitablemente una escucha compacta y entretenida, con cada uno de los integrantes haciendo gala de un excelente nivel interpretativo, fluyendo perfecto a lo largo de sus 36 minutos y cerrando en el momento justo, evitando caer en el autoplagio.

Tuvieron que pasar casi seis álbumes de estudio y una muy mala experiencia de vida para que Whibley y compañía decidieran tomar el riesgo de salir de su zona de confort, y con “Order In Decline” el quinteto canadiense abre una puerta que hasta acá parecía cerrada para ellos. Por el momento, no queda más que sacarse el sombrero y esperar con ansias lo que tengan que decir de aquí al futuro.


Artista: Sum 41

Disco: Order In Decline

Duración: 36:00

Año: 2019

Sello: Hopeless Records


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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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