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The Ascension The Ascension

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Sufjan Stevens – “The Ascension”

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Con cada disco, Sufjan Stevens pareciera ser un nuevo artista. Desde las complejas orquestaciones de “Illinois” (2005), el experimental y expansivo viaje de “The Age Of Adz” (2010), hasta el desgarrador “Carrie & Lowell” (2015), su discografía parece no tener brújula. Sin embargo, cada pieza es unida por el agudo sentido de percepción del cantante, que, con un trabajo de introspección y de mirada sustancial al estado del mundo, logra en “The Ascension” entregar un material crítico, angustioso e increíblemente necesario.

El disco comienza con un ultimátum. En su canción inicial, “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, Sufjan le habla directamente a una de las presencias más regulares en su música: Dios, pero, de forma distinta que en su último material en solitario, su voz es ansiosa y demandante. El instrumental electrónico enfatiza el estado de crisis de la canción y los glitches electrizan la ambientación que estalla en un frenético outro. Lo anterior simboliza el ánimo presente en el disco, un símbolo de exclamación y un Stevens cansado de la falta de señales. “Muéstrame la gracia de un rey natural. Señor, necesito liberación”, exclama exhausto, comenzando con una catarsis.

Sufjan nunca ha temido sonar descorazonador en su música; de hecho, su LP de 2015 estaba lleno de devastadores golpes, sin embargo, el ambiente presente muestra una opacidad y un deprimente pesimismo, incluso cuando las melodías son curiosamente alegres. “Run Away With Me” es una oda –o crítica– al escapismo a través de la cultura pop. Una balada a su estilo, una inescapable referencia a Carly Rae Jepsen, mientras le implora a otro escaparse con él. Los versos están llenos de oscuras imágenes apocalípticas, pero el melódico coro conforta con su simpleza. “Video Game” es lo más cercano a una pieza pop en su catálogo, con una constante percusión acompañada de sintetizadores y sus vocales más rítmicas. Temáticamente, trata con la autovaloración lejos de los estándares actuales: “No quiero ser el centro del universo, no quiero ser parte de esa vergüenza”.

La experimentación electrónica del disco lo puede hacer parecer como un hermano de “The Age Of Adz”, y es que las sensaciones frenéticas están presentes en ambos. Pero la música en “The Ascension” es más pesada y agobiante; es un viaje por el camino más largo y complicado. Mientras que en el primero las orquestas añaden un aire fantástico, en el más reciente los arreglos industriales lo convierten en un incómodo experimento y un claustrofóbico compilado de sonidos que encuentra su purificación en cada corte. Esta ansiedad está plasmada en temas como “Lamentations”, donde su suave voz se abre paso entre un instrumental que funciona como la musicalización del futurismo, una crítica a un sistema sucumbiendo en el capitalismo. Misma energía se percibe en temas como “Ativan”, donde las esperanzas recaen solo en los antidepresivos que calman su ansiedad, o en “Gilgamesh”, basada en la épica homónima que, con sus arreglos en piano y constantes glitches, crean una desesperante sensación que agradece los momentos resplandecientes.

En su centro, el álbum lidia con la perdida de fe y hacia dónde mirar en momentos tan deprimentes. El primer sencillo, “America”, es un épico relato de 12 minutos sobre la caída de un imperio. El cantante ha utilizado representaciones estadounidenses como parte de su sello, como crítica y como oda, pero en este corte se distancia. Una canción de protesta contra la cultura estadounidense, haciendo paralelos con la traición de Judas a Jesucristo: “Te he amado como un sueño, he besado tus labios como un Judas en celo”, le canta al sueño americano. Percibe que su creador ha abandonado su país natal y le suplica: “No me hagas lo que le hiciste a América”. Pero el álbum encuentra su mayor punto en el tema titular, una representación musical del ascender, con la brillante voz del músico liderando la dulce melodía y emocionando con la catarsis que se percibe en sus tonalidades. Este es Sufjan en su máximo esplendor.

“The Ascension” es sin duda un difícil plato de digerir, un ansioso viaje de imágenes apocalípticas y sonidos claustrofóbicos, un desafío para quienes han seguido una volátil discografía. Sin embargo, entre tantos momentos de encierro y oscuridad, Sufjan Stevens sigue ofreciendo destellos de luz donde su pesimismo parece desaparecer por un segundo, y su melodiosa voz impulsa a seguir adelante.


Artista: Sufjan Stevens

Disco: The Ascension

Duración: 80:30

Año: 2020

Sello: Asthmatic Kitty


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Poder Fantasma – “Canciones Para El Siglo XXI”

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Canciones Para El Siglo XXI

Tierra fértil para el pop ha sido nuestro país. Con una rica tradición y un variado catálogo a punta de sintetizadores chirriantes a base de melodías sencillas, ese pop ha conquistado corazones y oídos. Si todo aquello se mezcla con lo que explora y propone hoy Poder Fantasma, el resultado es una evolución más que interesante para la escena en general. El cuarteto regresa con “Canciones Para El Siglo XXI”, su respuesta ante el mundo y sus devenires cotidianos.

El autodenominado pop post apocalíptico, dulce y de estridentes teclas, se hace sentir en las diez canciones del álbum. ¿La diferencia? Cosas como esa agradable transición entre los colores de “Lo Que Esconde Tu Corazón” y la oscura pero bailable “Obedecer”, por ejemplo, donde varias influencias se enfrentan. La banda se maneja entre una riqueza de referentes muy bien relacionados, todos identificables en pequeños matices que logran que la experiencia no se quede sólo en una idea básica en función de las máquinas. Así, conviven muchísimos teclados hasta guitarras de todo tipo.

Una interpretación del realismo capitalista diría más o menos que el concepto de futuro continúa siendo asociado al uso de sintetizadores y máquinas, tal como lo imaginaban quienes lo popularizaron en su momento. Eso porque pareciera ser que las nuevas generaciones han sido privadas de la posibilidad de imaginar algo nuevo sin recurrir, precisamente, a las nociones construidas en el pasado. Algo así como la muerte del futuro. Poder Fantasma se acerca a esa filosofía y a esa banda sonora para su propia perspectiva distópica del mundo, uno donde cada día es más latente el colapso y donde esas canciones sirven de refugio para conectar.

No es menor que, junto a esa elección cargada al synth y la electrónica más alternativa, vengan lúcidas y sencillas reflexiones en un lenguaje que sí podemos entender bien (“si hubiera sabido que el mundo se acabaría, no te hubiera bloqueado de mi red social favorita”), invitaciones románticas a robar al supermercado o las contradicciones millenials. La virtud de la banda asoma por una matea construcción lírica y su tensa relación con una línea melódica chiclosa y ágil. Si bien, está presente a lo largo del disco, los puntos altos de “Canciones Para El Siglo XXI” se aprecian en cortes como “Nada Es Real”, “Canción Para El Siglo XXI” o el retrato de la rabia e incomodidad cotidiana en “Todxs Me Caen Mal”. Aparte queda la épica “Viviendo En El Fin De Los Tiempos” al cierre.

“Canciones Para El Siglo XXI” es particularmente fresco, original e interesante. Un robusto manifiesto sonoro que se alinea con el pop más dulce y movedizo, complejizando sus atributos; una trinchera donde cualquier lugar es una pista de baile reflexiva e introspectiva. En su justa medida, la banda sincera sus más claras influencias, las mezcla y las pone al servicio de su discurso, al que vale la pena prestarle atención.


Artista: Poder Fantasma

Disco: Canciones Para El Siglo XXI

Duración: 36:57

Año: 2020

Sello: Beast Discos


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