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Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

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Sufjan Stevens es un pequeño genio del indie a nivel mundial. Todo aquel que haya revisado aunque sea someramente su discografía, que ya se empina por los quince años de historia, habrá notado esto. Stevens interviene instrumentalmente en gran parte de los sonidos que fluyen desde sus álbumes, ricos en detalles, siendo el último “The Age Of Adz” (2010). En el año 2012, la madre de Stevens, Carrie, muere de cáncer al estómago y gran parte de la experiencia vivida en ese entonces, y durante mucho antes en su vida, quedó plasmada en su nuevo álbum de estudio “Carrie & Lowell”.

El título del álbum está inspirado en el nombre de su madre y el de su padrastro por cinco años, Lowell Brams. El legado de Brams fue tan grande en la vida de Stevens, que hoy en día dirige Ashtmatic Kitty Records, el sello del que Stevens es dueño y que alberga gran parte de sus obras musicales. Sin embargo, la mayoría del disco hace referencia a Carrie y su errático comportamiento, producto de sus desórdenes mentales y su abuso de las drogas y el alcohol. Sufjan parte el disco reconociendo todo aquello y perdonando a su madre con la letra de “Death With Dignity”: “Te perdono, madre, puedo oírte (…) Pero cada camino llega a su fin. Sí, cada camino llega a su fin”.

SUFJAN STEVENS 01“Carrie & Lowell” es un álbum extremadamente personal y frágil, alejado de la estética sonora más vivaz del mencionado “The Age Of Adz” o del celebrado “Illinois” (2005), para muchos el mejor álbum independiente de la década. Aquí campea la guitarra acústica, sazonada levemente por delicados arreglos de sintetizadores y coros angelicales, como en “Should Have Known Better”, una pieza que en su lírica recorre su niñez más desesperanzada y triste, hasta el nacimiento de su sobrina, una iluminación en su vida.

La sutileza íntima del álbum vuelve en “All Of Me Wants All Of You”, nuevamente añadiendo voces reverberantes y sintetizadores leves, que toman preponderancia justo al final de la canción para otorgarle una vibra menos folkie, la que vuelve en gloria y majestad en “Drawn To The Blood”, para luego enfilarse hacia la mitad por horizontes atmosféricos y ensoñadores. “Eugene” sigue la línea, haciendo referencia a un pueblo de Oregon que Stevens solía recorrer junto a Lowell, Carrie y su hermano, alrededor de los ocho años. Muchas canciones de este disco hacen referencia a estos viajes, por lo demás. Sufjan conduce el álbum tal como sus viajes de niñez, montado en retazos de historias que, si bien hacen referencia a la musa de este álbum que es su madre, también hay espacio para hablar de sí mismo, de su familia, el dolor, la depresión, la fe (uno de los tópicos más contantes en la obra de Stevens) y todo aquello que rodeó esos complicados momentos. Sutil y efectivo resulta el cambio de sonido de “Fourth Of July”, recurriendo casi exclusivamente a los sintetizadores para crear una bella pieza ambiental, en la cual resalta su delicada y casi quebradiza voz. Donde hay heridas abiertas y dolores punzantes, Stevens pone una melodía.

Cruda en su desnudez es “The Only Thing”, referenciando tendencias suicidas; desoladora y desnuda. La canción que le da el nombre al álbum nuevamente recorre en su lírica lugares que Sufjan solía ver en los mencionados viajes, y también trae de buena forma el recurso de transformar una melodía SUFJAN STEVENS 02arpegiada de guitarra en un viaje etéreo. En “John My Beloved”, tal como en “Fourth Of July”, ni la guitarra ni el banjo que pueblan este disco están presentes, se vale únicamente de los sintetizadores. “No Shade In The Shadow Of The Cross” y su dulce melodía tiene muy presente el trabajo de la grabación multipista, rememorando la forma de grabar sus propias voces, duplicando la pista, de músicos como John Lennon y Elliott Smith, al igual que en “Blue Bucket Of Gold”, la canción que cierra el álbum.

Sufjan Stevens parece haber tomado la saludable costumbre de poner un álbum de los suyos punteando las listas, justo a la mitad de cada una de las últimas dos décadas. Este es el caso de “Carrie & Lowell”, uno que, si no termina liderando las listas de este año, definitivamente estará en los mejores diez. Crudo e íntimo; tan cercano, que el auditor se puede sentir viajando junto a Stevens en aquel auto de infancia. Cuando un disco logra transportar al oyente, el trabajo está hecho.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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