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Stone Sour – House Of Gold And Bones, Part 1

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“House Of Gold And Bones, Part1”constituye la primera entrega del cuarto álbum de estudio de Stone Sour, un disco conceptual cuya segunda parte saldrá al mercado en 2013, con fecha aún por confirmar. Esta placa fue grabada en los estudios Sound Farm, ubicados cerca de Des Moines, Iowa, ciudad natal de la banda. La producción estuvo a cargo del reconocido David Bottril, quien ostenta el haber colaborado con artistas de la talla de Tool, Silverchair, Placebo, Muse, entre muchos otros. Este álbum tiene la particularidad de ser el primero sin el bajista Shawn Economaki, quien fue desvinculado de la banda en 2011 por razones que se desconocen, siendo reemplazado en las sesiones de grabación por Rachel Bolan, bajista y fundador de Skid Row.

La primera canción en mostrar sus credenciales es “Gone Sovereign”, el primer adelanto de la placa, que comienza con un sólido riff de guitarra y la nítida voz de Corey Taylor, para posteriormente incorporar todo el poder de la batería de Roy Mayorga y explotar en una melodía potente e intensa. “Absolute Zero” es también uno de los avances del trabajo, y en base a las cuerdas de Jim Root y Josh Rand mantiene las revoluciones en lo más alto, con algunos pasajes más melódicos que funcionan a la perfección con todo el dinamismo de la pieza. El disco continúa con “A Rumor Of Skin”, tema que se mantiene en la misma línea de los sonidos más rudos del hard rock, pero fluyendo un par de peldaños más abajo respecto a su velocidad. En “The Travelers, Pt. 1” se hacen presentes los sonidos más delicados y sensibles, con un mayor protagonismo de la guitarra rítmica y la voz de Taylor, que suena precisa y cristalina, convirtiendo este corte en una verdadera gema para los sentidos. La potencia vuelve de la mano de “Tired”, una canción a medio tiempo que no termina por despegar y que sólo destaca por los perfectamente ejecutados solos de Root, plagados de licks y buenas terminaciones. Una de las características de Stone Sour es que siempre se ha desmarcado de Slipknot, en base a un estilo propio y definido, sin embargo, en “RU486” esta premisa parece quedar en el olvido, con una canción que perfectamente podría haber sido sacada del catálogo de la otra banda de Corey Taylor.

“My Name Is Allen” es la encargada de abrir la segunda mitad del álbum, manteniendo la tendencia a los ritmos potentes y energéticos, pero dejando espacio para las secuencias más melódicas. En “Taciturn” vuelve toda la sensibilidad que imprimen los sonidos acústicos, una hermosa balada que sirve de excusa para que el frontman despliegue toda su capacidad vocal. Hacia el final de la canción aparece la fuerza de la batería y la guitarra eléctrica, configurando de esta forma uno de los mejores cortes de la placa. Llega el turno de “Influence Of A Drowsy God”, una melodía mucho más oscura y fúnebre, que no destaca por su dinamismo, pero sí por la impronta tan característica de Stone Sour, con cambios de ritmo precisos y marcados. “The Travelers, Pt. 2” comienza mucho más potente y rápida que su primera entrega, tomándose ciertos recesos marcados por el sonido del piano, que dan paso a una voz no tan limpia de Taylor. Sin lugar a dudas, lo más destacable de este track es la capacidad de combinar múltiples estilos y hacerlos funcionar de buena manera. El cierre del disco llega con “Last Of The Real”, una de las canciones más intensas y potentes de la placa, con gran protagonismo del bajo y múltiples registros vocales, mostrando lo multifacético del sonido de Stone Sour. Un corte lleno de energía y fuerza que cierra de la mejor manera este excelente trabajo. En la edición japonesa del álbum, se incorpora un corte adicional con el nombre de “Gallows Humor”.

La sensación que queda tras escuchar “House Of Gold And Bones, Part1”es que finalmente Stone Sour logró el equilibrio perfecto entre las melodías más potentes y rockeras, con mucho dinamismo e instrumentación, y los sonidos sensibles y pausados, con una marcada presencia acústica y la voz de Taylor como protagonista. No cabe duda que estamos en presencia del mejor álbum de los oriundos de Iowa, y sólo queda esperar que la segunda parte de este disco conceptual se mantenga a la altura de todo lo bueno de esta primera entrega.

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6 Comentarios

6 Comentarios

  1. C

    25-Oct-2012 en 6:58 pm

    La raja el album, la cagó, quizas tengan razón y sea su mejor album, quizas sea mejor que Come What (ever) May. Me sorprendió Gone Sovereign y ru 486 (terrible slipknot jajaj).

  2. Leonardo Arriagada

    26-Oct-2012 en 12:55 pm

    La raja el disco, espero verlos con un show potente en Maquinaria. El Nu Metal no muere!

    • R!

      27-Oct-2012 en 9:30 pm

      Nu metal no muere?? WTF, no sé que tiene de nu metal esto..

      • C

        28-Oct-2012 en 1:45 pm

        No es Nu metal, pero claramente tiene influencias nu metal, es como una mezlca entre alice in chains, korn.

    • sergio soto

      07-Nov-2012 en 10:26 am

      Es Rock y seria, que manera de querer etiquetar con conceptos de media barata a la musica. triste agrito!

      • zombie

        29-Abr-2013 en 3:00 pm

        Que comentario mas weon, no es la idea tachar al compadre de triste agrito, pelota de caca. En ningún momento te insultó.

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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